La sede de la Fundación Pablo VI acogió el pasado miércoles 25 de febrero dos mesas redondas dedicadas al papel de la inteligencia artificial en la mejora de la vida de colectivos vulnerables, en el marco del II Hackathon impulsado por OdiseIA4Good. Ambas sesiones pusieron el acento en una idea compartida: la innovación tecnológica solo genera impacto cuando parte de necesidades humanas reales y se diseña con criterios de inclusión, ética y sostenibilidad.
Sin las personas, los datos no bastan
La directora de HelpAge International España, Irene Arcas, abrió el debate con una advertencia demográfica: “Estamos asistiendo a un fenómeno completamente nuevo: la revolución demográfica”. Según recordó, en 2050 las personas mayores representarán casi el 25% de la población mundial, y el 80% vivirá en países de renta baja o media. Pero el problema no es solo cuantitativo, sino de invisibilidad: “Es un colectivo frecuentemente olvidado por gobiernos, agencias y medios”.
«Estamos asistiendo a un fenómeno completamente nuevo: la revolución demográfica», afirmó Irene Arcas.
Esa invisibilidad tiene consecuencias prácticas. En emergencias climáticas o conflictos, las personas mayores suelen ser las más afectadas y las más difíciles de identificar si no existen datos específicos. El reto, insistió, es doble: incluirlas en los sistemas de información y, sobre todo, en el diseño de las soluciones. “Si quieres diseñar algo para personas mayores, tienes que preguntarles si realmente les sirve”, explicó Irene Arcas.
Desde la Fundación A la Par, Carmela Pérez trasladó el debate al ámbito de la discapacidad intelectual. “El riesgo no es solo la exclusión, sino el diseño de sistemas que refuercen desigualdades si no se construyen con participación real”, explicó. La brecha digital apareció como uno de los grandes riesgos. La rápida digitalización de servicios, banca, administración o atención sanitaria ha dejado a muchos mayores sin acompañamiento suficiente. A ello se suma la exposición a desinformación y fraudes, en un entorno tecnológico que avanza “más rápido que su capacidad de adaptación”.
La conclusión del panel fue transversal: la ética de la IA no se resuelve solo con regulación técnica. Requiere participación, datos representativos y verificación constante. Como señaló uno de los ponentes en relación con el uso de datos agregados: “Los datos representan patrones, pero no son la voz de las personas. Siempre hay que contrastarlos”.
¿Cómo implementar la IA en esta sociedad?
La segunda sesión cambió el foco hacia la implementación práctica y los efectos sistémicos de la inteligencia artificial en el empleo, la formación y la estructura social. Uno de los mensajes más repetidos fue el riesgo de una nueva fractura social: “Se va a producir una brecha enorme entre quienes saben utilizar la inteligencia artificial y quienes no”.
Alfonso González, presidente de Espacios de Educación Superior, puso el foco en la preocupación especialmente visible entre estudiantes y jóvenes profesionales, que comienzan a cuestionarse el valor de sus estudios ante herramientas capaces de realizar tareas con mayor rapidez y, en algunos casos, mejor calidad. El debate giró hacia la necesidad de repensar la formación y la transición al mercado laboral en un contexto de automatización creciente.
«Se va a producir una brecha enorme entre quienes saben utilizar la inteligencia artificial y quienes no», aseguró Alfonso González.
Desde el ámbito técnico, varios ponentes subrayaron la responsabilidad de quienes diseñan sistemas que afectan a millones de personas. Se planteó incluso la necesidad de reforzar la regulación profesional de la Ingeniería Informática en España para garantizar estándares de calidad, supervisión y mantenimiento de los sistemas de IA. La cautela, en algunos proyectos, ha llevado incluso a posponer el uso de inteligencia artificial hasta contar con información suficiente y representativa. Fernando Mairata, presidente de Petec (Asociación profesional de peritos de nuevas tecnologías), resumió: “No porque sepamos aplicar inteligencia artificial hay que aplicarla a toda costa”.
«No porque sepamos aplicar inteligencia artificial hay que aplicarla a toda costa», afirmó Fernando Mairata.
El cierre del debate introdujo una reflexión estratégica: el desarrollo de la IA debe abordarse como una cuestión de país y de soberanía tecnológica, con inversión en talento propio y una visión multidisciplinar que incorpore derecho, ética, ciencias sociales y gobernanza. Este hackathon es un ejemplo de cómo los espacios de tecnología pueden ser también espacios de diálogo social, donde el código no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para abrir puertas que antes estaban cerradas.
