María San Gil reclama justicia, memoria y dignidad para las víctimas de ETA

- ACTUALIDAD - 7 de mayo de 2026
Fuente: @maria.sangil (instagram)

Cosme Delclaux falleció el pasado 25 de abril. Fue un abogado vizcaíno al que la banda terrorista ETA retuvo en un zulo durante 232 días, al mismo tiempo que, en otro de una nave industrial, mantenía otro secuestrado. Era José Antonio Ortega Lara. A lo largo de toda su historia, ETA llevó a cabo más de 80 secuestros, de los que 10 acabaron en asesinatos. Estos 10 asesinatos se cuentan entre las 861 víctimas mortales de la organización terrorista, según datos de la Fundación Víctimas del Terrorismo. Fuerzas de seguridad, políticos, juristas, periodistas, empresarios, civiles… todos ellos podían ser objeto de un atentado con un coche bomba, de un rapto o de un tiro. La violencia fue un medio que la banda utilizó desde 1968 hasta 2011 para tratar de alcanzar la independencia del País Vasco de España y de Francia. En 2026, hace 15 años que ETA anunció el cese de su actividad armada, después de medio siglo de terrorismo. 

El Observatorio CEU de Víctimas del Terrorismo es una iniciativa social cuyo objetivo es “impedir que se olvide la trágica historia del terrorismo y las consecuencias que ha tenido en sus miles de víctimas, en especial las que han sufrido más directamente el terrorismo de ETA”. Su directora es María San Gil, presidenta del PP del País Vasco desde 2004 hasta 2008 y diputada en el Parlamento vasco de 2005 a 2008. Ella vivió en primera línea esta dura etapa de la historia de España, y hoy se dedica a alzar la voz para que todas estas víctimas reciban la justicia, verdad, memoria y dignidad que merecen. “Olvidarnos de las víctimas es volverles a matar”, explica San Gil a Mirada 21. Por esta razón, la directora del observatorio recuerda el primer y el último asesinato que realizaron los terroristas a la hora de contar la historia de ETA. “No podemos tener en la cabeza todos los asesinatos de ETA, porque es imposible. Pero es bueno acordarse del primero (…) y del último atentado de ETA y de las víctimas; es una forma de rendir homenaje a todas”, reflexiona.  

“Olvidarnos de las víctimas es volverles a matar”, declara la directora del Observatorio CEU de Víctimas del Terrorismo 

Entre estas personas se encuentran los que María San Gil considera “los verdaderos héroes” de la democracia. Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara, Gregorio Ordoñez, Fernando Buesa… todos ellos son hombres que sufrieron, e incluso murieron, a manos de la banda terrorista por defender la libertad y por defender España. “A ellos les han matado para que nosotros podamos hoy vivir en libertad”, expresa San Gil. 

Gregorio Ordóñez era el candidato del PP para la Alcaldía de San Sebastián en las elecciones municipales de mayo de 1995, y María San Gil, su jefa de gabinete. Sin embargo, en enero de ese mismo año un comando de ETA le asesinó con un disparo, mientras almorzaba en un bar junto a sus compañeros de ayuntamiento. San Gil se encontraba a su lado en ese momento. 

Después de aquello, Jaime Mayor Oreja, quien más tarde fue ministro del Interior, le pidió a San Gil que asumiera el puesto de Ordóñez para las elecciones. Ella no quería aparecer en las listas, ni dirigir el PP vasco, pero la muerte de su compañero lo cambió todo. “Cuando tienes la suerte de convivir con alguien muy ejemplar, que con su modelo de vida te está dando una lección, luego a ti te toca dar un paso. A nada que hayas aprendido mínimamente de esa persona, lo tienes que hace”, cuenta San Gil. 

Socializar el sufrimiento 

Atentados como el de Gregorio Ordóñez formaban parte de la estrategia de ETA de socializar el sufrimiento. A través de asesinatos selectivos y violencia callejera, la banda terrorista quería extender el miedo entre la sociedad española, capturarla emocionalmente y quitarle la libertad. “Yo creo que con el miedo aprendes a vivir, teniendo muy claro que no va a poder contigo”, afirma María San Gil. Tras la muerte de Ordóñez, San Gil atravesó un trastorno de estrés postraumático de varios meses, que no le impidió, sin embargo, presentarse candidata. “El miedo es un sentimiento que te hace cambiar. Mucha gente por miedo ha cambiado sus puntos de vista, ha cambiado sus comportamientos, ha cambiado sus actitudes”, manifiesta. Gracias al miedo y a las amenazas, ETA alcanzó el apoyo social que necesitaba para permanecer viva durante tantos años.  

“Yo creo que con el miedo aprendes a vivir, teniendo muy claro que no va a poder contigo”, afirma María San Gil

María San Gil, al hablar de ETA, explica cómo, aún hoy, la banda terrorista está más cerca que nunca de alcanzar sus objetivos. Ella asemeja la organización a una hidra, que tiene muchas cabezas y ataca a través de todas ellas, pero no muere cuando pierde una. Los comandos, las juventudes de Jarrai, los medios de comunicación como Egin o Gara, las empresas, los colectivos feministas, los colectivos ecologistas o el partido político, que en su momento se conocía como el Herri Batasuna y que hoy son Sortu y Bildu eran —o son— algunas de esas cabezas. Hace años que se acabó con una gran parte de este entramado, pero ETA no ha sido derrotada. “Se está permitiendo que su proyecto político parezca un proyecto plenamente democrático, es decir, el proyecto político con el que han asesinado durante años sigue más vivo que nunca”, expone María San Gil. Por eso, alza la voz de parte de todas las víctimas: “Sin ánimo de venganza, sino solamente pidiendo justicia, verdad, memoria y dignidad, la sociedad tendría que reaccionar. No puede ser, porque es indecente, que nos olvidemos del sufrimiento y del sacrificio que han hecho muchas personas para que hoy podamos vivir en paz y en libertad”.

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