La lectura encuentra nuevos formatos entre los jóvenes

- CULTURA - 17 de febrero de 2026
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Pese a la extendida idea de que los jóvenes y, en general, una buena parte de la población ya no lee, los datos y la experiencia cotidiana apuntan a un escenario distinto. La lectura no tiene por qué siempre girar en torno a libros; hoy en día existen una gran variedad de formatos que se escapan de lo habitual. Por lo general, las personas que no leen pueden estar haciéndolo, pero de un modo que se aleja de lo tradicional, por ejemplo con los audiolibros, que acompañan a las rutinas diarias. La lectura no se limita a un papel, sino que se expande en múltiples soportes que conviven con un formato que resiste el paso del tiempo: el libro físico. El libro en papel mantiene una vigencia sorprendente en esta nueva era digital; su fortaleza no solo reside en la tradición, sino en la estabilidad y comodidad. Un libro en formato físico no necesita batería, no emite notificaciones y permite una concentración que las pantallas rara vez facilitan. En un entorno saturado donde todo son estímulos, el papel se convierte en un espacio de pausa y reflexión. En este nuevo ambiente narrativo, la pregunta no es si los jóvenes leen, sino cómo lo hacen y cómo esto influye en su propio conocimiento y desarrollo personal.

La relación de los jóvenes y la lectura

Isaac Caselles, director de la editorial de la Universidad Francisco de Vitoria, afirma: «Los jóvenes leen muchísimo, solo que no se dan cuenta y no diferencian entre leer un libro o leer en general». A partir de esta idea, se abre un debate sobre cómo se configura la lectura actualmente y cómo los jóvenes se adaptan a ella. La lectura ya no aparece como una actividad aislada, sino que se integra en el ocio, la vida cotidiana y en los intereses, sobre todo en el de los adolescentes. En este sentido, se puede decir que la narrativa se desplaza entre las pantallas, los auriculares y el papel, y cada uno de ellos ofrece un enfoque distinto en lo que contar una historia se refiere. Esta diversificación no implica una pérdida del hábito del lector, sino una transformación de la manera en la que se accede a los relatos. Los jóvenes consumen historias en formatos que se ajustan a sus ritmos: leen mientras juegan, mientras escuchan contenidos que les interesan, a través de pódcast, o incluso mientras navegan en plataformas que combinan textos, sonidos e imágenes. Sin embargo, esta nueva forma de leer permite entender mejor cómo se construye hoy en día la atención. Cada formato representa una forma distinta de relacionarse con las historias: las pantallas favorecen la inmediatez; los auriculares, la inmersión a través de la escucha; y el papel, una concentración más pausada. Comprender cómo conviven estos modos de lectura permite entender por qué los jóvenes no han dejado de leer.

«Los jóvenes leen muchísimo, solo que no se dan cuenta y no diferencian entre leer un libro o leer en general», sostiene Isaac Caselles

Los nuevos formatos como forma narrativa

Caselles sostiene que buena parte de esta lectura “invisible” se desarrolla en escenarios como los videojuegos, que cuentan historias de una forma más interactiva y adaptada a los nuevos tiempos. «Todos los videojuegos actualmente tienen detrás un guion que hace que los chicos, sin darse cuenta, estén leyendo continuamente para que se metan dentro de la historia», afirma Caselles.

Esta nueva forma de narrativa digital amplía el concepto tradicional de lo que significa leer, demostrando así que la lectura es algo bastante más común en el día a día de los jóvenes. La interacción constante, la necesidad de comprender y seguir las tramas y la atención a los diálogos convierten a los videojuegos en un espacio donde se ejercitan habilidades lectoras sin que el usuario las perciba. Sin embargo, es importante que el consumidor de este tipo de contenidos exija completitud, ya que de esta manera se profundiza más en los contenidos de los videojuegos, y se sacan conclusiones a las que de otro modo sería más complejo llegar a ellas.

A esta lectura que pasa desapercibida en los videojuegos se le suma otra forma de consumo muy popular: los pódcast. Caselles señala que muchos de ellos funcionan como una puerta de entrada a temas que despiertan curiosidad, como cultura, ejercicio, bienestar o desarrollo personal. Aunque este formato no se considera como lectura en sentido estricto, se asemeja a procesos similares de atención y concentración propios de la lectura. En lugar de leer un texto, el oyente «escucha a los personajes», sostiene Caselles. De este modo, los pódcasts se convierten en otro espacio donde la narrativa se despliega y los jóvenes siguen construyendo hábitos de lectores, en un formato que se adapta a sus ritmos y a sus formas de consumir contenido. 

«Todos los videojuegos actualmente tienen detrás un guion que hace que los chicos, sin darse cuenta, estén leyendo continuamente para que se metan dentro de la historia», afirma Caselles.

La literatura como forma de introspección

En este punto, surge un elemento clave: cada lector tiene momentos concretos donde necesita un tipo u otro de lectura, dependiendo del momento en el que se encuentre. Los libros no solo se limitan al entretenimiento; permiten explorar las preocupaciones universales del ser humano y encontrar personajes literarios que actúan como un espejo del lector. «A través de la narración, ves cómo los personajes se enfrentan a situaciones y cada lector puede verse reflejado en ellos», argumenta Isaac Caselles. Esta capacidad que tiene la literatura para acompañar en distintas etapas vitales explica por qué ciertas obras resultan transformadoras en momentos concretos. La literatura ofrece un espacio seguro donde se pueden observar conflictos ajenos y, al mismo tiempo, reconocer los propios, lo que permite al lector realizar introspección y comprender mejor sus preocupaciones.

 «A través de la narración ves cómo los personajes se enfrentan a situaciones y cada lector puede verse reflejado en ellos», argumenta Isaac Caselles

Recomendaciones de obras

Entre las obras que Caselles considera especiales para los jóvenes aparece una selección que combina profundidad, humor y entretenimiento. Aunque advierte que El Quijote no debe obligarse a leer a edades muy tempranas: «Es un error recomendarlo a chicos de 14 años». Sin embargo, resalta que su valor se encuentra, sobre todo, cuando el lector ya tiene madurez suficiente para apreciarlo y poder así profundizar en la obra de manera correcta. Para Caselles, la novela de Cervantes encierra un contenido que se puede aplicar a nivel práctico en la vida. «Las indicaciones de don Quijote a Sancho son un manual de empresariales… Nadie piensa que en una obra de literatura se va a encontrar un manual de empresariales, por eso hay que verlo de otra manera», afirma Isaac, quien subraya que incluso en los clásicos pueden encontrarse enseñanzas aplicables a la vida contemporánea.

«Regalar un libro es regalar una parte de ti: lo que has sentido al leerlo, lo que te ha hecho pensar», cuenta Caselles

Asimismo, Caselles destaca El dardo de la palabra, un libro que «analiza la lengua, pero con humor», lo que demuestra que la reflexión sobre el lenguaje puede ser accesible e ingeniosa, haciendo de esto algo mucho más ameno y entretenido. Otra obra que recomienda es Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, que considera «una obra magnífica para jóvenes» por su capacidad para despertar el placer de leer desde la risa y la ligereza. Para Caselles, este tipo de lectura es fundamental, ya que enseña que disfrutar también forma parte del desarrollo personal. Por esta razón, los libros son algo tan especial y ocupan un lugar único entre los objetos que se regalan. «Regalar un libro es regalar una parte de ti: lo que has sentido al leerlo, lo que te ha hecho pensar», afirma Isaac, quien enfatiza que ningún obsequio transmite con tanta claridad una vivencia personal como lo hace un libro. Por lo tanto, regalar un libro no es un simple detalle, sino un acto de conexión emocional que establece un puente entre dos experiencias lectoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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