Sevilla se transforma cada mes de abril. La Feria de Abril llega y no como una fiesta más, sino como una forma de vivir la ciudad. Entre casetas, sevillanas y encuentros se reconstruye una fiesta popular donde se unen la tradición, la identidad y la vida cotidiana. Este evento consiste en una semana de fiesta, baile, gastronomía y herencia situada en un gran recinto llamado El Real, donde se reúnen familias y amigos.
Este conjunto de tradiciones destaca por ser una fiesta colorida donde el recinto ferial se convierte en un pequeño pueblo efímero con más de mil casetas, la mayoría privadas, lo que le da un carácter íntimo y familiar. El Paseo de Caballos también es muy famoso debido a la elegancia de los carruajes y los jinetes que desfilan por el Real, una de las costumbres ecuestres andaluzas. Además, la Feria de Abril coincide con la feria taurina en la Plaza de la Maestranza, una de las más importantes de todo el mundo.
Los inicios de la Feria de Abril
El origen de la Feria de Abril es distinto al ambiente festivo que se ve hoy. Se fundó en 1847 como un mercado de ganado y fue impulsado por el vasco José María Ybarra y el catalán Narciso Bonaplata, quienes propusieron al Ayuntamiento de Sevilla organizar una feria comercial anual. En sus primeras ediciones, la feria duraba tres días y estaba centrada exclusivamente en la compra y venta de animales, ganado en su mayoría. De este modo, en sus inicios era un evento económico más que festivo.
Más adelante, con el tiempo, la gente empezó a reunirse para socializar con el pretexto del comercio. Se instalaron pequeñas casetas donde los compradores y vendedores comían, bebían y convivían. Poco a poco, estas casetas se convertirían en el corazón de la feria.
Los jóvenes en la feria
Aurelio, un joven sevillano que acude cada año a la feria, la vive como el momento del año donde se reúne con todos sus amigos, incluso aquellos que no suele ver tanto. “Es muy típico que alguien organice, por ejemplo, en su caseta la comida con los amigos de la facultad, que no se ven desde hace miles de años”, cuenta. Aurelio comenta que donde mejor se lo pasa con sus amigos es en los cacharros de feria y las tómbolas, que son los que más ilusión hace a los niños.
“Es muy típico que alguien organice, por ejemplo, en su caseta la comida con los amigos de la facultad, que no se ven desde hace miles de años”, dice el joven Aurelio
“Yo creo que se mantiene bastante la tradición”, afirma Aurelio. Además, explica cómo este año la feria ha vuelto a la costumbre de empezar el Lunes de Pescaíto. Los años anteriores se empezaba el sábado y se hacía muy larga la semana, ya que la gente suele ir solo entre cuatro y cinco días.
Asimismo, explica que los jóvenes cada vez aprenden menos sevillanas, el baile folclórico típico andaluz, y con ello se pierde parte de la esencia de la feria. Ahora, en las casetas se suele poner otro tipo de música más actual, y se olvida la tradición de este baile. “Yo no sé bailar sevillanas, y la mayoría de mis amigos tampoco saben, pero todos los padres de nuestros amigos sí. Supongo que tiene que ver con que ahora en las casetas se pone demasiado reguetón”, dice Aurelio.
Para Aurelio, un evento fundamental en la época de la feria son los toros. “Hay toros todos los días y a mí me gustan mucho, entonces cuando puedo voy y, si no, los veo por la tarde”, dice. El Lunes de Pescaíto, para él, es el día más esperado. “Para mí, el Pescaíto cuando cenas con tus amigos y luego vas a la feria por la noche es el mejor. Después, los días también son buenos, pero ya vas acumulando cansancio, y por eso el primer día lo coges con más ganas”, explica Aurelio.
