El Templo de Debod (Madrid) acogió, el domingo 29 de noviembre, a miles de españoles que se manifestaban contra el Gobierno central, principalmente por los casos de corrupción y la subida de cuotas de autónomos. Pero, ¿puede la protesta tradicional mantener su impacto con la presencia de las redes sociales?
La manifestación como megáfono de la sociedad
Con el himno de The final countdown (del grupo Europe), se iniciaba la protesta en uno de los lugares más emblemáticos de Madrid. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, protagonizaron el evento de protesta política. Miles de españoles congregados en un mismo lugar, y por los mismos motivos: la necesidad de un cambio en el Gobierno y de ser escuchados.
Los líderes políticos se posicionaron en el atril para dar unas palabras a los presentes. Palabras de crítica. Promesas y gritos de indignación, mientras que sus seguidores alababan con cánticos. Se utilizan carteles y abundaban las banderas de España. A su vez, el ambiente era tenso. Había personas de mediana y avanzada edad, con quejas y con la necesidad del cambio inmediato.
El descontento con el Gobierno de Pedro Sánchez ha provocado que parte de los ciudadanos se manifiesten y exijan cambios. Aun así, con la aparición de las nuevas tecnologías, la protesta no solo sale a la luz en la calle.
Los jóvenes cambian la calle por las redes sociales
La población juvenil se ha convertido en el nuevo motor de la divulgación de contenidos y movimiento de masas. Y no solo en España. Menores de 30 años han liderado manifestaciones en Nepal, Perú, Marruecos, Indonesia y Paraguay, en contra de la corrupción y el nepotismo.
Su excelente manejo de las redes sociales permite reunir a miles de personas. Tanto los adolescentes, como ancianos y adultos jóvenes, se congregan por intereses políticos compartidos o mismos problemas económicos y sociales. Las ventajas que ofrecen las nuevas generaciones radican en la popularidad de las redes. Los puntos de encuentro acogen a más gente gracias a su anuncio y difusión en el mundo digital. Una notificación que parpadea en el teléfono, y que con un mensaje concreto y llamativo, convoca a aquellos que tienen unos ideales y creencias concretas. Además, Instagram, Twitter y Tik Tok utilizan breves vídeos con música e imágenes que incitan al usuario a formar parte de aquello que promocionan. Es más fácil y eficiente compartirlos, en comparación con un reparto de folletos, por ejemplo.
Al mismo tiempo, esto desemboca en una mayor polarización. No solo se perciben divisiones sociales en la calle, sino que también quedan plasmadas en las redes. Un comentario o tuit por parte de un usuario puede marcarle como perteneciente a un partido u otro ante el resto de personas. Así, mientras que gracias a las tecnologías, y especialmente las redes sociales, se consigue una mayor movilización, también se exponen ideales más radicales.
Las protestas en la calle no necesitan más ciudadanos descontentos con el país. Exigen un mayor número de personas comprometidas con la nación y dispuestas a alzar la voz. Y para ello, el mundo digital abre un camino de posibilidades. Sin las redes sociales, el “qué sucede” no se da a conocer tanto entre los jóvenes.
