Cuando las lágrimas ya lo han dicho todo, llegan las palabras. El pasado 29 de enero, las familias de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) se reunieron en el Palacio de Deportes de Huelva para celebrar una misa funeral por los fallecidos. Más de 4.300 personas asistieron al evento, entre ellos los reyes y una amplia representación institucional. Organizada por el Obispado onubense y presidida por Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, la ceremonia estuvo abierta al público. Tres obispos más y cerca de un centenar de sacerdotes diocesanos concelebraron el servicio, al que acudieron 336 familiares de los afectados.
Once días después del siniestro, las diferencias políticas amenazaban con empañar el homenaje a las víctimas. Sin embargo, la tarde hizo gala de la ausencia de tensiones hacia las autoridades que acudieron, con respeto al dolor de las víctimas y con dignidad, poniendo el foco en los fallecidos, en el consuelo de sus seres queridos y en el agradecimiento a todos los que les han ayudado durante este trance.
“La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente”, se afirmó al final de la misa
Fue una tarde de luto, marcada por la pérdida y el dolor, pero llena de entereza y de sentido. El presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, trasladó a los presentes el pésame del Papa, y su palabra de “silencio, de consuelo y de esperanza”. Al finalizar la misa, los reyes se acercaron también para presentar sus condolencias a las víctimas. Abrazos, ánimos y recuerdos inundaron el pabellón, que permaneció lleno hasta más de una hora después de la celebración.
Las palabras de las 45 familias
Liliana Sáenz representó a todas las víctimas con un emotivo discurso, acompañada de su hermano Fidel. Ambos son hijos de Natividad de la Torre, quien llevaba a sus nietos de vuelta a casa desde la capital de España, tras ver el musical El Rey León.
Imagen del duelo y la pena, Sáenz fue ejemplo de compostura y esperanza. Comenzó por agradecer a la Diócesis de Huelva por el funeral, a todos los presentes, al pueblo de Adamuz, a Córdoba, a los cuerpos de seguridad y emergencias, a la sanidad andaluza y a sus profesionales, a la Cruz Roja, a las instituciones, a las corporaciones locales y, finalmente, a Huelva.
“Es mejor saber que imaginar”, explicaba Liliana Sáenz, en la única crítica del discurso, dirigida a la lentitud de la información. En un reproche sereno pero descarnado, se lamentaba por la polarización que resquebraja España poco a poco. No obstante, elogió la prontitud de los servicios de emergencias, la actuación de los alcaldes de los municipios y la acogida de los vecinos cordobeses. Con todo, sabe que las familias necesitan conocer la verdad de lo ocurrido, para así poder sanar con el tiempo: “Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”. “Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio; desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen”, destacó Sáenz.
“Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”, manifestó Liliana Sáenz
El mensaje no dejó de transmitir aquello que están viviendo las víctimas, aquello que se perdió en los dos trenes. “Ellos no solo son los 45 del tren: ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con sus seres queridos. Ellos eran eso que ya nunca serán”, lloraba Liliana Sáenz. La angustia vivida la noche del 18 de enero, la pena del recuerdo, el punzante consuelo del abrazo de aquellos que atraviesan la misma situación, la espada del arrepentimiento y el tormento de la ausencia. Pero, sobre todo, el coraje de seguir adelante: “Seremos valientes, el odio no nacerá en la rabia que nos crece”, dijo Liliana Sáenz.
Con un discurso que carga el dolor de todo un país, esta familia le dio sentido al sufrimiento en Dios y en la Virgen: “La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente”. “Huelva es una tierra mariana; Andalucía es un pueblo creyente, y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo”, añadió Liliana Sáenz. El altar lo coronaba la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, a la que pidieron que protegiera y acompañara a los que ya no están, y que consolara a los que los lloran. Con devoción y con pena, Sáenz rezó en su discurso a las distintas advocaciones de la Virgen, pidiendo por todos los afectados. Finalmente, añadió: “Con fe, esperaremos a que llegue ese momento en que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz”.
