La primera edición de Sílex explora la identidad en la era de las redes

- ACTUALIDAD - 15 de enero de 2026
Conferencia en la Fundación Telefónica. Instagram: @raulperez_76

“¿Quiénes somos cuando dejamos de narrarnos?” “¿Hasta qué punto dejamos de vivir algo para empezar a pesarlo como contenido en las redes sociales?” Estas fueron algunas de las cuestiones que se trataron el pasado 9 de enero en la conferencia Sílex, organizada por la Fundación Telefónica en Madrid. El objetivo central de la reunión fue explorar la relación del diálogo con el cuerpo, la mente y las emociones, en un mundo donde la personalidad social se construye según la imagen pública.

El acto reunió a participantes seleccionados específicamente para crear una conversación diversa y fluida. La psiquiatra Rosa Molina, el humorista Raúl Pérez, la deportista Merche García y la periodista Cristina Tovar fueron los protagonistas de este diálogo. Además, se contó con la presencia de la alcaldesa de Burgos, Cristina Ayala, quien presentó Sílex, un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Burgos. Esta nueva iniciativa está destinada a reflexionar sobre la convivencia entre las innovaciones tecnológicas y los valores humanos durante la etapa adolescente.

El proyecto: Sílex

El principio de la conferencia se centró en romper con la idea de la adolescencia como una etapa de tránsito y espera. Se defendió una vivencia pausada y presente que permita una experiencia plena. De ahí se destacó la necesidad de escuchar a los jóvenes que hoy conforman la primera generación digital. El propósito es que estos puedan reflexionar sobre su propia realidad y vivirla de forma consciente en un mundo ya atravesado por pantallas, algoritmos y narrativas constantes. “Hablamos de ellos, pero pocas veces hablamos con ellos”, destacó Cristina Ayala.

La idea inicial del proyecto Sílex es reconocer que la construcción de identidad humana hoy se basa en ciertos instrumentos digitales. Después, se presentó el problema de la creación de un relato permanente. “A veces, dejamos de vivir la experiencia pensando ya en cómo vamos a contarla”, dijo Cristina Tovar. Esto supondría una distancia entre lo que ocurre y lo que sentimos, ya que la narración es necesaria para que las personas se puedan organizar a través de historias contadas.

“A veces, dejamos de vivir la experiencia pensando ya en cómo vamos a contarla”, dijo Cristina Tovar

Las consecuencias de las redes sociales

El encuentro abordó el tema de las redes sociales como una sobreexposición de privacidad. “Parece que lo que no se comparte no existe”, dijo Raúl Pérez. Se planteó la posibilidad de un cambio en el concepto de intimidad. Lo normal que supone compartir con desconocidos momentos vulnerables y privados hace que todo lo que se viva tenga que estar presente en los contenidos de redes.

Uno de los puntos más delicados fue el del derecho al olvido. En un entorno donde todo queda registrado y capturado, se cuestionó qué espacio queda para el error, el cambio o la contradicción. Especialmente en la adolescencia, una etapa de experimentación, la huella digital puede convertirse en una carga de identidad difícil de gestionar.

“Parece que lo que no se comparte no existe”, dijo Raúl Pérez

La salud mental en el mundo actual

Otro de los debates giró en torno a la salud mental en la actualidad. Esta se encuentra ya tan presente que existen situaciones incluso que banalizan el sufrimiento. También se criticó la tendencia a etiquetar como trastorno cualquier forma de tristeza; la imagen de estabilidad emocional constante está demasiado presente en la mente de las personas. Desde el deporte de alto rendimiento se aportó una visión muy clara: el cuerpo tiene límites, el esfuerzo duele y el cansancio no siempre es señal de enfermedad.

El humor también fue central en el diálogo, como forma de convivencia y lenguaje transversal. Se trató como una de las herramientas más humanas para pensar, conectar y atravesar el dolor. No obstante, se advirtió sobre la posibilidad de convertirlo en un mecanismo de defensa o un instrumento de anestesia emocional. El humor puede abrir grietas de reflexión o servir para evitar mirar de frente lo que duele.

El diálogo no se planteó como intercambio de discursos cerrados, sino como escucha activa, con espacio para el silencio, la duda y la contradicción. En ese sentido, el encuentro de Sílex se presentó como un espacio donde no se buscan respuestas definitivas, sino preguntas compartidas.

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