La OMS solicita que se eliminen las pruebas de virginidad

- Desmarcar - 2 de noviembre de 2018
El hiyab –llamado también velo islámico– es un velo usado por las mujeres musulmanas que cubre el pecho y la cabeza. Es una prenda vestida desde la pubertad, en presencia de varones adultos que no sean de familia inmediata.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha pedido que se ponga fin a las pruebas ginecológicas que tienen como objetivo comprobar si una mujer es o no virgen. La organización dicta que esta medida es «innecesaria desde el punto médico, y solo consigue hacer sufrir, humillar y traumatizar a la persona que la padece». Se trata de un llamamiento global en el que colaboraron, aparte de Naciones Unidas, otras entidades como la  Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Consejo de Derechos Humanos (OHCHR) para que termine este tipo de prueba que busca saber si una mujer ha tenido una penetración vaginal o no.

La prueba consiste en introducir dos dedos en la vagina para verificar que el himen sigue intacto. Si se extrae con manchas de sangre, es signo de pureza. Aunque hay muchas más formas de comprobar este hecho, como introduciendo un pañuelo blanco o prácticas clandestinas. Estos hechos tampoco pueden justificarse argumentando que es una tradición de la fe musulmana. Este examen ginecológico se utiliza por numerosos motivos. En la tradición gitana, normalmente, se utiliza antes del matrimonio para garantizar que una mujer antes de casarse sea virgen. En Afganistán, son sometidas a las pruebas forzadas las mujeres sospechosas de tener relaciones extramatrimoniales. Oficialmente, este tipo de prácticas están prohibidas en el país, pero su aplicación prolongada provocó que la Policía se acostumbrara a usarlo. En India, las agencias gubernamentales, también exigen a las mujeres  someterse a un examen forzado. El argumento era que, como las mujeres debían recibir ayuda material del Gobierno para contraer matrimonio, las autoridades locales querían asegurarse de que el dinero del Estado fuera destinado únicamente a las vírgenes. En ese mismo país, algunas comunidades tradicionales llevan a cabo sus propios rituales para comprobar la virginidad de una mujer, que en muchas ocasiones rozan la tortura. Hay niñas y mujeres en estos países que están en la cárcel por no haberlo superado.

No tiene validez científica
No hay ciencia que avale el test de virginidad que se realiza en tantos países. Es un método tan poco fiable, que la Organización Mundial de la Salud ha negado que tenga validez científica y ha advertido a los trabajadores de la salud que nunca deben realizarlos. «Muchas personas creen erróneamente que la virginidad se puede determinar porque el himen siempre se rompe cuando una mujer o niña tiene relaciones sexuales por primera vez. Esto simplemente no es verdad», argumentaba la investigadora senior en la División de Derechos de las Mujeres de Human Rights (HRW), Heather Barr, en un artículo de febrero de 2016. «Algunas chicas nacen sin un himen, el himen a menudo se rompe durante las actividades diarias no sexuales y algunos hímenes se mantienen intactos después de la primera relación sexual», proseguía la investigadora. Además, la prueba en sí misma está considerada una agresión sexual, porque en la mayoría de los casos se lleva a cabo sin el consentimiento de la mujer o niña y, en algunas ocasiones, ante la mirada de varios hombres. El control sobre el sexo femenino está avalado por un código penal que tipifica como «delitos morales» el sexo previo o fuera del matrimonio o la huida de él.

Se realiza en una veintena de países
Actualmente, esta medida para saber si una mujer es virgen se sigue realizando en al menos 20 países y suelen utilizarse para determinar si una mujer puede ser elegida para el matrimonio o incluso para admitirlas en un empleo. No es la primera vez que Naciones Unidas hace un llamado para terminar con este tipo de prácticas, que aún permanecen vigentes en una veintena de países. Estos exámenes los realizan principalmente médicos, oficiales de policía o líderes de la comunidad para evaluar en ellas su virtud, honor o valor social. A veces son los padres o una potencial pareja los que piden la prueba para determinar si una mujer es «apta» para casarse. También los empleadores la requieren como un requisito para contratar a una mujer. En algunos países, incluso es común hacerle pruebas a mujeres que han sido violadas para comprobar, en efecto, si ocurrió. Estrategias para eliminar estas prácticas
La Organización Mundial de la Salud, ONU y Derechos Humanos recomiendan varias estrategias para eliminar esta práctica:
Los profesionales de la salud y las asociaciones profesionales nunca deben llevar a cabo o apoyar las pruebas de virginidad y deben ser conscientes de que no tienen ningún mérito científico y no pueden determinar si ha habido penetración vaginal. Los Gobiernos deben aprobar y hacer cumplir leyes que prohíban estos exámenes. Las comunidades deben lanzar campañas para romper los mitos asociados a la virginidad y otras tradiciones que intentan controlar la sexualidad y el cuerpo de las mujeres y niñas.