Mi Cristo Roto es una obra de teatro que se representa, el 25 y 26 de abril, en el Colegio San Agustín de Madrid. «Una fusión de teatro y música que transformará tu vida», anuncia el cartel promocional de las representaciones. Según Ángel Catela y Alicia Respaldiza, miembros del equipo de música de la obra, «está hecha para aquel que alguna vez se ha sentido solo, que alguna vez ha sufrido, que alguna vez ha sentido deseos de tener una vida más grande, más plena y que desea vivir acompañado», y por eso es tan especial. «No es un tema religioso, es un tema humano», explica Respaldiza.
«Esta obra está hecha para aquel que alguna vez se ha sentido solo, que alguna vez ha sufrido», destaca Respaldiza
El protagonista es un sacerdote jesuita, el padre Cué, que un día se encuentra en una tienda de antigüedades con un Cristo roto. Le faltan un brazo, una pierna, la cabeza, varios dedos, la cruz… Y el padre Cué se empeña en restaurarlo, hasta que llega un momento en el que el propio Cristo le dice que no, que es Él quien quiere restaurarle. Esta es la razón por la que todo el mundo puede sentirse identificado con la obra: al reconocerse en el protagonista, aparecen todas las rupturas y las heridas de la propia vida que necesitan ser restauradas. Sin embargo, también aparece un Cristo que está roto y que acompaña, que ofrece consuelo y la posibilidad de una vida mayor.
El proyecto nace en Chinchón, con un hombre de fe que trabaja de vigilante de seguridad en la ciudad deportiva del Real Madrid. En un momento dado, a él le llegó el libro en el que posteriormente se basa el espectáculo, y se obsesionó con él. En los trayectos de ida y vuelta al trabajo empezó a aprenderse el texto y a recitarlo. Así durante años, hasta que, finalmente, decidió representarlo en un convento de las monjas clarisas de su pueblo, para ayudarlas económicamente. «Es que la obra merece la pena solo por verle a él actuar (…). Verle emocionarse, ver cómo actúa y ver cómo el Señor también ha transformado su vida con esta obra es brutal». «Él mismo cuenta que él no actúa cuando llora; le impacta tanto el mensaje que cuenta que se le caen las lágrimas», relataban estos jóvenes músicos. De esta manera, la función la ve un matrimonio —los padres de Respaldiza— y les impacta tanto que empiezan a reunir un equipo para colaborar con este vigilante y llevar la obra a Madrid (equipo en el que se encuentran Ángel Catela y Alicia Respaldiza). «La idea era actualizarla, llevarla a Madrid y, la diferencia más clara, meterle música en directo. Y a partir de ahí, empezamos a trabajar», cuenta Catela.
Los músicos han compuesto para la obra nuevas canciones y piezas musicales sin letra, buscando una manera de acercarse al corazón de los espectadores. Un «lenguaje que todo el mundo entienda», como es la música. Respaldiza revelaba que muchas de las canciones han sido compuestas por ellos en distintos momentos de su vida, pero que se ajustaban exactamente a lo que querían expresar. «Por ejemplo, una de las canciones la compuso Ángel hace un tiempo, y, de repente, comprendimos que era perfecta para esta obra. Otra de las canciones la compuse con una de mis mejores amigas hace cuatro años, y de nuevo encajaba perfectamente con lo que queríamos transmitir. Y de repente caímos en la cuenta de que es Dios el que nos va llevando a través de nuestra vida, va tejiendo ese hilo y es la Providencia», destaca Respaldiza.
Evangelizar la cultura
«Hemos visto a través del teatro, del arte, la belleza, un canal muy propicio para transmitir verdades importantes para el hombre (…). Estamos en un momento en que tenemos necesidad de belleza, de cosas bellas en las que de verdad descanse el corazón y se ensanche», explica Respaldiza, que también señala: «En un mundo en donde a veces la cultura es un poco oscura, un poco de desesperanza, ser conscientes de que podemos evangelizar la cultura y llevar a los jóvenes un mensaje de esperanza y de alegría, es algo que a nosotros nos ha tocado mucho y nos ha cambiado la vida; tenemos la responsabilidad de transmitirlo y de intentar que llegue a todo el mundo». «Ahora mismo es mi Cristo roto, pero está llamado a que un día sea nuestro Cristo roto, que sea de todos», destaca además Alicia Respaldiza. Se trata de «una oportunidad buenísima para evangelizar, pero también para ser evangelizado», reconocía Ángel Catela: «Me siento un agradecido y un afortunado por poder participar en algo así».
«Me llevo una oportunidad buenísima para evangelizar, pero también para ser evangelizado», admitía Ángel Catela
Todo el equipo ha podido ver cómo Dios les ha ayudado a ellos a través de esta iniciativa. Recordaban una frase que decía una de sus compañeras y que ellos también están viviendo en primera persona: «Cuanto más pongo mi don al servicio del Señor más cosas me salen. Mi Cristo roto, tal concierto, tal no sé qué…». Un ejemplo son las canciones que Ángel Catela compone, nacidas de un proceso de creación familiar, y que hablan de un Dios que es un Padre bueno, que acompaña. Otro ejemplo es el día a día de ambos, que muestra a un Dios amigo. «Va entrando en distintos ámbitos de tu vida (…), y entonces ya no entiendes la universidad sin Él, no entiendes tus amistades sin Él, no entiendes tu noviazgo sin Él. Está en todo, y de una manera como natural», comenta Alicia Respaldiza.
Sentido de la obra
Las actuaciones tienen lugar el 25 y 26 de abril, y las entradas están a la venta en la página web. El precio es de 10 o 15 euros, según la zona, pero es un valor «simbólico», afirma Alicia Respaldiza. «Todas las entradas y todo el dinero recaudado va a ir a una fundación que se llama la Fundación REDA, que pertenece a los Agustinos, y que se dedica a dar un futuro a esos niños y adolescentes que han dejado el colegio o que la educación la han terminado mal o regular», destaca Catela.
A este carácter benéfico se le suma la intención de acompañar a este actor protagonista, un hombre de fe que no ha tenido una vida fácil, que se ha apoyado en Cristo en los momentos más difíciles y que ha puesto sus dones al servicio de todos, sin ser profesional. «Es una historia que nos implica, porque nosotros que a lo mejor tenemos una vida más fácil, vivimos más cómodamente, y queremos ayudarle, llevarle a todas las partes a donde podamos», manifiestan Catela y Respaldiza.
Pero su verdadero sentido, más profundo y sincero, es el de revelar que «Dios está siempre, en todos los momentos de la vida y pase lo que pase», cuenta Alicia Respaldiza, quien añade: «Está siempre y está roto, y no le importa estar roto. Entonces, uno descubre que él también está roto, pero no está mal estar roto porque Cristo también lo está. Y eso es muy grande». La obra habla de corazón a corazón a través de la música, de las lágrimas y de la propia vida de quienes la interpretan, con alegría, con ganas, y con la responsabilidad de quien sabe que participa en algo grande.
