La ciudad de Madrid alberga algunos de los patrimonios artísticos más importantes del mundo. Sin embargo, estos tesoros pueden pasar desapercibidos para el público. Verónica Berhongaray, profesora de Formación Humanística y amante del arte, defiende la riqueza cultural madrileña, que a menudo pasa desapercibida, especialmente para aquellos que viven cerca y no valoran lo que tienen a su alrededor.
Como extranjera residente en España, Berhongaray afirma: “Al mirar desde fuera lo aprecio más; cuando estás cerca de las cosas te cuesta valorarlas”. Mientras millones de personas sueñan con visitar el Museo del Prado, muchos madrileños aún no han entrado nunca en él. Según explica, estos museos no solo ofrecen arte, sino formación, ya que muchas obras transmiten historia de España, tradición religiosa, cultura visual y comprensión del patrimonio.
El triángulo esencial: Prado, Reina Sofía y Thyssen
Existen tres grandes museos de Madrid que, a juicio de Berhongaray, constituyen el recorrido imprescindible: El Museo del Prado, El Museo Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisz.
El Prado reúne los mayores tesoros clásicos, entre los que se encuentran importantes maestros como Velázquez, Goya, Rubens, Tiziano o El Bosco. Berhongaray afirma que “representan el esplendor del coleccionismo de la Corona española”.
Entre sus rincones más especiales, Verónica Berhongaray destaca un espacio poco conocido: la ermita románica de la Vera Cruz de Maderuelo. Berhongaray asegura que en ella existe un ambiente espiritual único, que considera el lugar más íntimo y emocionante del Prado. También reivindica artistas menos visitados, como Mariano Fortuny, pintor del siglo XIX con una obra delicada y refinada. Esta combina diferentes escenas familiares, temas exóticos y una sorprendente sensibilidad estética. Berhongaray asegura que, pese a su calidad, permanece “oculto” en salas poco transitadas.
El Reina Sofía recoge el arte contemporáneo a partir de Picasso, Dalí, Miró, Man Ray y esculturas de Calder, entre otros. Verónica Berhongaray explica que en realidad suponen la continuación cronológica de las colecciones reales.
La pieza más simbólica es el Guernica, de Picasso, convertido en un icono universal de denuncia contra la guerra. Por ello, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en su visita a España el pasado 18 de noviembre, admiró esta obra de arte. Berhongaray asegura que lo que le llevó a ella fue la representación visual del dolor injusto de las guerras contemporáneas. Esto le permitió conectar con su situación actual y señalar la deshumanización de la guerra en su país.
Asimismo, Verónica Berhongaray señala que “el Thyssen es el museo más didáctico para iniciarse en la historia del arte, ya que recorre cronológicamente desde el siglo XV hasta el arte contemporáneo”. Ella considera que la facilidad de comprensión de la evolución completa de estilos artísticos lo convierte en el ideal para visitantes extranjeros o principiantes.
“Cuando uno se abre al arte, este todavía puede transformar profundamente la mirada y la vida”, comenta Berhongaray
Otros tesoros menos visitados
Verónica Berhongaray también habla de experiencias culturales más allá de los grandes museos. El Museo Sorolla, ubicado en la antigua casa del pintor, permite adentrarse en su mundo íntimo y familiar a través de sus cuadros luminosos. Berhongaray cree que “en sus obras se ve la mirada de un hombre enamorado”.
Además, menciona el Palacio de Liria, residencia histórica de la Casa de Alba. La destaca por su biblioteca con documentos patrimoniales y únicos, como el testamento de Fernando el Católico o cartas de Colón. Además, habla de su elegante arquitectura neoclásica que rivalizaba con el Palacio Real. Finalmente, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se conservan obras poco conocidas, como esculturas de Mariano Benlliure y un Arcimboldo. Sin embargo, aunque sea un lugar menos frecuentado, Berhongaray invita a entrar y conocer la riqueza artística fomentada por siglos de formación de artistas.
“En sus obras se ve la mirada de un hombre enamorado”, dice Verónica Berhongaray
Mirar el arte en la era digital
Verónica Berhongaray también reflexiona sobre la dificultad de hoy en día para contemplar el arte con verdadera atención. “El problema no afecta solo a los jóvenes: toda la sociedad vive sometida a la fragmentación constante de estímulos”, dice. Berhongaray reflexiona que para conectar con una obra hay que detenerse, vaciarse y dejar que el cuadro hable. La emoción precede a la comprensión y después llega la interpretación.
Berhongaray explica que sin atención no existe contemplación artística real. “El hombre ha cambiado, ya no es el mismo al que se le revelaba la obra de arte”. Sin embargo, defiende que la capacidad de emocionarse sigue intacta: “Cuando uno se abre al arte, este todavía puede transformar profundamente la mirada y la vida”.
