La Asociación Católica de Propagandistas celebró, el 16 de noviembre, su congreso anual de Católicos y vida pública. El acto de clausura Templanza y Esperanza: el arte de ser libres fue presidido por el político venezolano Julio Borges, quien a través de su testimonio y el de numerosos venezolanos, mostró cómo se vive la esperanza en un país destruido por la tiranía del Gobierno.
Una lucha desde el exilio
Julio Borges es cofundador de Primero Justicia, uno de los principales partidos opositores al régimen. Ha sido diputado en varias legislaturas y llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela en el año 2017. En ese rol asumió la defensa de la democracia en uno de los momentos más críticos del país. En ese mismo año, el Parlamento Europeo le galardonó con el premio Sájarov. Su lucha por la democracia lo llevó a ser exiliado en el año 2018. Sin embargo, esto no lo detuvo, sino que lo motivó aún más a seguir luchando por la libertad de Venezuela.
La muerte de los justos no significa la destrucción de la fe
Tras ser exiliado en Colombia, en el año 2018 comenzó una tarea internacional con su compañero, amigo y mano derecha, Fernando Albán. Asistieron a la Asamblea General anual de Naciones Unidas con el objetivo de deslegitimar internacionalmente el Gobierno de Nicolás Maduro, al término del año 2018. El 5 de octubre de ese año, Albán fue detenido en el aeropuerto de Caracas. Desapareció y, horas después, su abogado logró comunicarse con él. Albán contó que le habían estado torturando brutalmente para que armara una historia de conspiración en contra de Borges. Fernando Albán volvió a desaparecer y, la mañana del lunes, el fiscal general dio una rueda de prensa para contar cómo Fernando Albán se había suicidado, una historia totalmente inverosímil. Él era una persona muy religiosa y espiritual, su trabajo en Primero Justicia era la relación con la Iglesia Católica, a través de trabajos políticos y comunitarios. Fernando Albán era un hombre fuerte y de mucha convicción. Lo más macabro de su historia es que, días después de su muerte, las mismas personas responsables se comunicaron con Julio Borges para vender los vídeos y las fotos de las torturas por 6.000 dólares, como evidencia frente a las instancias internacionales.
La templanza como herramienta para poder vivir sin odiar
El testimonio de Lorent Saleh es indispensable para entender cómo se vive la esperanza en Venezuela. Es un joven que, a los 20 años, creó un movimiento estudiantil en contra de la dictadura. Es una persona con un gran arrojo personal; su trabajo lo llevó a huir del país, pero las autoridades en Colombia lo detuvieron y lo entregaron de nuevo a la dictadura. A partir de allí, en el año 2014, Lorent Saleh fue encarcelado hasta 2018 en un espacio siniestro que se conoce como la Tumba en Venezuela. Es un experimento donde los presos están en un sótano absolutamente iluminado y con cámaras por todas partes, sin posibilidad de salir. Lorent Saleh estuvo cuatro años encerrado en una celda de dos metros por tres metros, sin comunicación alguna. Gracias a la presión internacional, en el año 2018 logró salir para España. Este testimonio pone sobre relieve la fuerza que tuvo él para poder aguantar 4 años encerrado en un espacio macabro y distópico. Lo que Borges destaca del testimonio de Saleh es que él salió sin odio o rencor porque había podido encontrar la templanza, incluso en el momento más difícil de su vida, y le había permitido ser optimista y seguir adelante.
“Salió sin odio o rencor porque había podido encontrar la templanza”, cuenta Borges sobre Saleh.
No es una lucha política, sino una lucha espiritual
Para Julio Borges, la lucha en Venezuela es espiritual porque los regímenes totalitarios no se vencen necesariamente con las armas o la violencia, sino con un liderazgo moral, lo más destructivo para un movimiento totalitario. Se pueden tener todos los cañones en el mundo, todo el apoyo internacional del mundo, pero si no hay un liderazgo moral, no se derrota a la dictadura, y esa ha sido la experiencia de Venezuela. Borges utiliza como referencia la caída del Muro de Berlín, cuando el jefe de la Stasi (policía política de la República Democrática Alemana) confesó algo que a Borges le impactó: “Nos preparamos para luchar contra grupos armados y violentos, pero nos vencieron grupos de personas que rezaban en silencio y sostenían velas”. Esa es la fuerza espiritual; es una fuerza invisible. Para él, el verdadero combate está dentro de uno mismo y comienza por algo muy concreto: no dejar que la mentira se convierta en costumbre, no aceptar la mentira, no aceptar que la injusticia parezca algo normal o que el mal tape a la esperanza. Por eso, lo espiritual no se puede ver como algo abstracto, sino como una energía que hace posible la vida, la esperanza e incluso la política.
“La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino es saber que lo que estoy haciendo tiene un sentido pase lo que pase, y que ese sentido además es trascendente” expresó Václav Havel expresidente de la República Checa. Por esta razón, Borges entiende que la revolución más importante es la de la conciencia libre; el cambio empieza con la decisión personal de que juntos se puede lograr un cambio que hoy parece imposible.
