Tienen nombre propio: Kira, Daniela, Lucía, Alejandro, Laura, Claudia… y los últimos de que han salido a la luz: Sandra y Daniel. Todos, alumnos de colegios públicos, concertados o privados, y víctimas en sus aulas de la misma lacra: el acoso escolar.
Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No al Acoso Escolar (NACE) y docente con más de 27 años de experiencia, denuncia desde hace años la falta de eficacia de los protocolos y la ausencia de respuesta institucional ante un problema que, en demasiados casos, termina en tragedia.
En los últimos meses se ha hablado de la eficacia de los protocolos contra el acoso escolar. ¿Están realmente bien planteados?
El problema está en que el protocolo conlleva una investigación que la lleva a cabo el centro escolar. Si tenemos en cuenta que, en general, los centros educativos no quieren que se sepa que tienen casos de acoso, ahí surge un posible sesgo y una manipulación del protocolo.
“En general, los centros educativos no quieren que se sepa que tienen casos de acoso”
Se está señalando que en algunas comunidades autónomas los centros educativos podrían perder financiación si abren un protocolo. ¿Es cierto?
No, eso no es cierto. En todo caso, sería al contrario: podría haber sanción si no se aplica el protocolo cuando debía aplicarse y, como resultado, se producen daños graves o incluso muertes.
¿Cuál sería el funcionamiento de ese protocolo contra el acoso escolar? Y, en caso de que se implementara, ¿sería realmente de utilidad?
El problema no está en el protocolo. El problema está en que el centro no puede ser juez y parte al mismo tiempo. Si hubiera independencia y transparencia estos protocolos serían del todo útiles.
“El centro no puede ser juez y parte al mismo tiempo”
¿Cuáles serían los pasos a seguir en caso de que se active un protocolo de acoso escolar?
El protocolo prevé varios pasos. Uno de los más importantes es el interrogatorio de los testigos (alumnos y profesores). Pero, teniendo en cuenta que en los colegios apenas se habla de acoso escolar, los estudiantes creen que es tabú. No están concienciados y, por eso, en la mayoría de los casos, no hablarán. Además, están bajo la ley del silencio que impone el propio agresor. “En las aulas impera la palabra ‘chivato'”.
“En las aulas impera la palabra ‘chivato'”
En cuanto a los profesores, el problema es distinto, pero similar. No es que no quieran reconocerlo, sino que muchas veces no lo ven o lo confunden. Pueden percibir algo sospechoso, pero no lo identifican como acoso porque falta formación específica. Los niños que maltratan no lo hacen delante del profesor. Y debo decir también que muchos docentes saben que si califican un caso como acoso escolar, eso no será del gusto de la dirección. Yo misma, en mi experiencia, he vivido cómo cuando un profesor advierte «esto puede ser acoso», la respuesta suele ser: «bueno, eso son palabras mayores, estaremos pendientes…»
¿Qué señales deben alertar a los padres de que su hijo podría estar sufriendo acoso?
Nosotros hablamos de la regla de las tres C.
La primera C es de «cambios», es decir, bajada en el rendimiento académico; alteraciones de carácter, pues se suelen volver irritables, nerviosos o tristes; y cambios en la alimentación o en el sueño.
La segunda C es de «campanas», esto es, querer faltar a clase o hacer novillos.
Y, por último, la tercera C es de «cuerpo». El cuerpo habla por sí solo, porque va encogido, con los hombros hacia dentro, arrastra los pies, la cabeza gacha y muchas veces se tapa con capuchas y mangas largas porque no quiere ver a nadie ni ser visto.
¿Y cómo suele comportarse el agresor?
Frente a las características del cuerpo de la víctima, el agresor tiene un cuerpo que es totalmente al contrario: es desafiante. La mirada, el tono de voz, todo en él desprende desafío.
A menudo llega a casa con objetos que no son suyos —una sudadera, un estuche— y dice que se los ha encontrado. Los padres, si no están atentos, no lo relacionan con el acoso. Pero conviene preguntarse cómo es posible que un niño aparezca cada día con algo nuevo y siempre con la misma excusa.
Todos los padres se preguntan siempre por si su hijo está siendo acosado…
Por supuesto. Hoy día, existe un sentimiento muy sobreprotector en los padres. Todos se preocupan por si su hijo o hija pueden ser víctimas, pero muy pocos se preguntan si tienen un hijo acosador. Y cuando lo saben, a menudo lo niegan, lo disculpan o lo ocultan.
“Todos se preocupan por si su hijo o hija pueden ser víctimas, pero muy pocos se preguntan si tienen un hijo acosador”
¿Qué consecuencias puede tener este acoso a largo y corto plazo?
Depende de varios factores, que en NACE hemos sintetizado en una fórmula: a mayor duración e intensidad del acoso, a menor capacidad de resiliencia de la víctima y ayuda recibida, mayor será la afectación.
Naturalmente, el resultado nunca va a ser el mismo en todas las personas, porque hay quien lo va a vivir de forma diferente. Por ejemplo, un niño con (síndrome de) Asperger puede no percibir que se burlan de él, lo cual en cierta medida le protege. Pero en los casos prolongados, el daño es profundo. Afecta a la salud física y mental, condiciona las relaciones personales en la infancia y también en la edad adulta. Son personas que se vuelven desconfiadas, temerosas; a veces interpretan como agresión incluso lo que no lo es, porque han sido tan dañadas que viven en alerta permanente.
“A mayor duración e intensidad del acoso, a menor capacidad de resiliencia de la víctima y ayuda recibida, mayor será la afectación”
¿Se mantienen esas secuelas incluso en la vida adulta?
Sí. Hablamos también con víctimas adultas, y muchas nos cuentan que lo vivido les dificulta no solo la vida familiar y social, sino también la laboral.
Esto no es una broma, no son «cosas de niños». Me atrevo a decir, porque lo sé, que hay adultos que todavía tienen ideación suicida. Son casos de acoso de alta intensidad, pero existen. Algunos suicidios en la edad adulta pueden tener como uno de sus componentes el acoso escolar sufrido en la infancia.
“Esto no es una broma, no son cosas de niños”
Ante los últimos casos de suicidio vinculados a acoso escolar, ¿qué mensaje lanza a la Administración?
La Administración tiene una responsabilidad enorme. Y la acusamos de permitir que sigan produciéndose suicidios y que haya personas dañadas de forma permanente en su vida infantil y adulta.
Esto es muy grave, y no se está haciendo lo que se debe hacer. Desde NACE, hemos elaborado un decálogo de diez medidas para erradicar el acoso escolar en las aulas.
