Pocos eventos en la Historia contemporánea de la humanidad han sido tan relevantes como lo fue la revolución bolchevique, conocida como la Revolución de Octubre, liderada por Lenin. El pasado 7 de noviembre, se cumplieron 100 años de este hito de la clase obrera rusa.
Desde la caída y posterior asesinato del zar Nicolás II hasta el desmantelamiento de la Unión Soviética (URSS) en 1989, la Rusia socialista-comunista ha supuesto uno de los regímenes más cerrados de la Historia. Y, a su vez, de los que más mitos y mentiras han generado.
A pesar de que durante los últimos años muchos historiadores e investigadores han ido destapando algunos de los secretos que escondió el Gobierno soviético durante casi 80 años, hay algunos mitos que aún no se han desmentido y que, incluso, se han hecho más populares.
La hija pequeña de los Romanov, Anastasia
Una de las barbaries más sonadas de la revolución bolchevique fue la ejecución de la familia real del zar al completo: desde Nicolás II hasta cualquiera de sus herederos directos e indirectos, incluyendo su mujer. Durante años, la Unión Soviética acogió decenas de juicios en los que varias personas afirmaban tener sangre real.
El caso más sonado fue el de Ana Anderson, una joven rusa que decía ser la princesa Anastasia, la hija menor de los Romanov. Aun perdiendo el juicio para tener derecho a la herencia de la familia real, Anderson se mantuvo firme en su afirmación hasta el año de su muerte, 1984. En 2015, la historia llegó a su fin.
Con una propuesta de la Iglesia ortodoxa y el Gobierno ruso, se exhumaron los cuerpos de los Romanov y el de Anderson para hacer una prueba de ADN. Y, efectivamente, no era de la familia real. Al parecer, Anderson era de origen polaco y este resultado cerró las dudas que se tenían acerca de la posible hija desaparecida de los Romanov.
Los bolcheviques ‘no ganaron’ la revolución
Tras la caída del imperio zarista a manos de la revolución proletaria, Rusia celebró elecciones. Los historiadores indican que esta votación estuvo muy vigilada, fue legítima y digna. Esta convocatoria a las urnas tenía como objetivo elegir a los diputados de la Duma (la Cámara Baja rusa) para formar una Asamblea Constituyente y así construir una constitución bolchevique.
A pesar de que la revolución triunfase, el partido bolchevique no alcanzó la mayoría. Con un censo de 36 millones de rusos, el partido de Lenin logró 175 de los 707 escaños de la Duma, con 9,5 millones de votos. El grupo que salió victorioso de las elecciones fue el Partido Social Revolucionario, de los eseristas de derechas, con un total de 370 escaños y 17 millones de votos.
El holocausto que nunca existió
Una de las grandes barbaries que se le atribuye a la unión Soviética es la conocida como Holodomor u holocausto ucraniano: un genocidio de las clases obreras ucranianas a las que se les retiró casi todas las reservas de comida y que, presuntamente, mató de hambre a seis millones de ciudadanos.
Esta historia fue una maquinación de la propaganda nazi del Gobierno de Hitler. En Mi Lucha (la obra magna del líder alemán) se crea un término llamado “el espacio vital de Alemania”, en referencia al territorio que, “históricamente”, debía pertenecer a la nación germana. Entre esas zonas estaba incluida Ucrania.
Todo comenzó como una campaña anticomunista creada por Joseph Goebbles (ministro de Propaganda) para tener una excusa ante a la opinión pública alemana para invadir Ucrania. A pesar de ser una mentira, la prensa estadounidense continuó dándola como verdadera.
Entre ellos, el New York Journal que dedicaba una portada entera, el 25 de febrero de 1935, al Holodomor y en la que se incluían cuatro fotografías de la hambruna. Las instantáneas, presuntamente realizadas por Thomas Walker, habían sido tomadas en unas condiciones en las que “arriesgaba” su vida. Una investigación del escritor Louis Fischer desveló que dichas fotografías no eran de Ucrania.
Walker aseguró que fue a Ucrania (parte de la URSS) en primavera de 1934, pero los billetes de avión y el registrado del visado indican que llegó a Moscú el 13 de octubre de ese mismo año. Además, no llegó a salir de la capital rusa. Además, Fischer demostró que las fotografías pertenecían a la prensa polaca y rusa y que ilustraban una hambruna en la década de los años 20, tras la revolución rusa (se supone que podrían ser de la hambruna de Volga en 1921), mientras que otras eran de la Primera Guerra Mundial.