Alfred López es escritor, divulgador de curiosidades y creador de contenido en redes sociales. Es también colaborador habitual en radio y televisión y autor de nueve libros. En su obra Ya está el listo que todo lo sabe de la Navidad explica curiosidades intrigantes sobre la Navidad y da respuesta a las preguntas más frecuentes sobre las tradiciones de esta época del año.
¿Qué significado hay detrás de las 12 uvas en Fin de Año?
A finales del siglo XIX, la gente rica despedía el año cenando a lo grande y tomando uvas con champán. Comer 12 uvas en Nochevieja se veía como un gesto de buena suerte, pero no se hizo realmente popular para todo el mundo hasta el siglo XX. El gran empujón llegó en 1909: hubo excedente de uva, y productores de Murcia y Alicante promovieron lo de tomar 12 uvas para imitar la costumbre de los ricos. Así vendieron la fruta, y la tradición quedó instaurada.
Al igual que en España se espera el cambio de año con campanadas y uvas, en otros países existen rituales distintos: en Estados Unidos, se sigue una cuenta atrás (con gran concentración en Times Square de Nueva York) y se recibe el año besándose; en el Reino Unido, varían las costumbres, según la zona, desde visitas con pequeños regalos hasta celebrar en Londres cantando Auld Lang Syne; en Francia, se cena el Réveillon y se brinda con champán; en Italia, se comen lentejas, y en algunos lugares del país se tiran objetos viejos; en Dinamarca, se rompen platos y algunas personas saltan desde una silla en la última campanada; en Alemania, se deja comida en el plato como símbolo de abundancia; en muchos países de América se combina cena, pirotecnia y fiestas callejeras, a veces con rituales en playas o quemando deseos; en Perú, se usa ropa interior amarilla del revés y se pasa bajo la mesa; en Chile, se mantienen las lentejas y las 12 uvas, por influencia migratoria; en Filipinas, se visten lunares para atraer dinero; y en Japón se tocan 108 campanadas budistas (Joya no kane) como acto de purificación.
¿Cuál es el verdadero significado del Adviento?, ¿cómo debe vivirlo un cristiano?
Muchos hogares, al llegar diciembre, siguen la tradición del calendario de Adviento: hasta Nochebuena (24 de diciembre) se abren pequeñas ventanas troqueladas que esconden algún obsequio, normalmente dulces, chocolatinas o chucherías para los más pequeños.
No es una costumbre nueva (aunque Internet y las redes sociales la han impulsado en los últimos años), ya que se practica desde hace muchísimo tiempo; de hecho, en su origen no consistía en recibir regalos diarios, sino en que los creyentes ofrecían un presente a Cristo en forma de vela, encendiendo una cada día. Y aunque hoy suele iniciarse el 1 de diciembre, lo correcto sería empezarlo el primer domingo después de San Andrés (30 de noviembre).
El término Adviento proviene del latín adventus y significa “llegada”, en referencia a la llegada (nacimiento) de Jesús y a la preparación litúrgica de cuatro semanas previa a la Navidad.
Los regalos de Reyes se reciben el 6 de enero, ¿por qué ese día?
Porque el 6 de enero la Iglesia celebra la Epifanía del Señor (del griego epipháneia, “manifestación”), que conmemora el momento en que Jesús “se da a conocer” al mundo, simbolizado por la visita de los Magos de Oriente. Según el relato evangélico, aquellos sabios, guiados por una estrella, adoraron al Niño y le ofrecieron tres cofres con oro, incienso y mirra, cada uno con un significado: Baltasar entregó el oro por ser el presente propio de reyes y dignatarios, reconociendo así a Jesús como el “Rey de Reyes”; Gaspar ofreció incienso porque era el homenaje que se rendía a las divinidades en los altares, aludiendo a su condición de Hijo de Dios; y Melchor llevó mirra, resina usada para ungir cuerpos, como símbolo de su naturaleza humana y de su futura muerte.
Con el tiempo, esta escena se convirtió en una de las más populares del ciclo navideño, y en muchos países de tradición católica (especialmente, en España), acabó vinculándose a la costumbre de que los Reyes traigan regalos a los niños, como eco de aquellos dones ofrecidos a Jesús.
¿Por qué cree que la magia de la Navidad une de forma tan especial a nivel mundial?
Porque, más allá de la religión o la cultura, la Navidad se ha convertido en un gran relato compartido a nivel mundial; hablamos de familia, de infancia, de ilusión, de segundas oportunidades y de esperanza. En muy pocos momentos del año, tanta gente, en tantos lugares distintos, hace cosas parecidas al mismo tiempo (decorar, reunirse, intercambiar regalos, hacer balance del año…), y esa sincronía emocional nos hace sentir parte de algo más grande. A esto, se suma la fuerza de los recuerdos de niñez, las historias que se repiten (Papá Noel, los Reyes, los deseos para el año nuevo…) y el deseo colectivo de creer, aunque sea por unos días, que el mundo puede ser un lugar un poco más amable. Todo ese conjunto es lo que llamamos magia de la Navidad y, por eso, nos une de una forma tan especial.
¿Qué diferencia las primeras celebraciones cristianas de Navidad, en comparación con las actuales?
Las primeras celebraciones cristianas de la Navidad eran mucho más sobrias y litúrgicas que las actuales. Se centraban en la conmemoración religiosa del nacimiento de Jesús, con oraciones, lecturas, ayuno o preparación espiritual y celebraciones en comunidad dentro de la Iglesia, sin el componente masivo de consumo, decoración y ocio que hoy asociamos a estas fechas.
Además, durante los primeros siglos ni siquiera hubo un acuerdo inmediato sobre qué día celebrar el Nacimiento y, en muchos lugares, la fecha se vinculaba más a celebraciones como la Epifanía que a una Navidad tal como la entendemos ahora. Con el tiempo, la fiesta se fue mezclando con costumbres populares y tradiciones locales, hasta convertirse en una celebración familiar y social, llena de símbolos, rituales y elementos comerciales.
¿De dónde procede el nombre de Misa del Gallo?
Dentro de las celebraciones religiosas navideñas, destaca la popular Misa del Gallo, que se celebra a las 12 de la noche del 24 de diciembre, justo al iniciar el día de Navidad. La explicación más aceptada sitúa su origen en el siglo V, cuando el papa Sixto III habría instaurado una misa de vigilia nocturna a medianoche, en el llamado ad galli cantus (al canto del gallo), expresión que aludía, según antiguas tradiciones romanas, al momento en que comenzaba el nuevo día.
No obstante, existen otras teorías: una antigua fábula cuenta que un gallo presente en el establo fue el primer testigo del nacimiento de Jesús y quien lo anunció “al canto del gallo”; otra versión, poco documentada, lo atribuye a que antiguamente se cenaba gallo asado en Nochebuena; y también se ha relacionado el nombre con la basílica S. Petrum in Gallicantum, en Jerusalén, vinculada al episodio evangélico en el que Jesús advierte a Pedro de que lo negará tres veces antes de que cante el gallo.
¿Por qué se celebra el 25 de diciembre?
Porque el 25 de diciembre no se escogió por ser, históricamente, el día en que nació Jesús (nadie sabe con certeza cuándo fue, y ni siquiera la Biblia da una fecha aproximada), sino por una decisión tomada siglos después. Durante mucho tiempo, el nacimiento del Mesías se celebró el 6 de enero, junto con la Epifanía y el bautismo de Jesús.
Fue en el siglo IV cuando el emperador Constantino el Grande y el papa Julio I quisieron cristianizar la fiesta pagana más popular de Roma, las Saturnales, y hacer coincidir la Navidad con la celebración del Sol Invictus, que tenía lugar el 25 de diciembre para festejar el aumento de las horas de luz tras el solsticio de invierno. Por eso, hoy celebramos la Navidad ese día.
