Isidro Catela: “Las humanidades te dan la posibilidad de vivir con sentido”

El periodista y docente trata de explica las bases de la cultura y la importancia de la lectura y de la religión.

Isidro Catela, en un encuentro reciente con los miembros de Mirada 21. Fotografía: Pablo Urcelay.

Isidro Catela, periodista, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca y profesor de Ética en la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) habla de la importancia de formar el “corazón”, refiriéndose a la persona y no centrar todo en lo profesional para “dar sentido a la vida”.

¿Qué aportan las humanidades a la vida diaria de las personas?
Te ayudan a encontrar el sentido de la vida, que es una cosa decisiva. Uno puede pasarse la vida pensando en sobrevivir, pero las humanidades te dan la posibilidad de vivir y de vivir con sentido, con esperanza, entendiendo para qué estamos aquí, entonces, simplemente por eso, si no existieran habría que inventarlas.

¿Qué relación debe tener el universitario con las humanidades?
El universitario más que ninguna otra persona. Por el mismo sentido de la universidad, que nace de la idea genuina. Son las escuelas generales que ponen en contacto todas las disciplinas del saber. Disciplinas muy diferentes, de tal manera que puedan estar en un sitio cercano médicos, farmacéuticos, periodistas, abogados… Entonces, un universitario tiene la posibilidad de años que esté en la universidad (que son un lujo) para que nada de lo humano le sea ajeno. Y, claro, está muy bien especializarse en periodismo institucional, pero eso que es una habilidad concreta es muy pobre si no eres capaz de ensanchar tus horizontes, y para eso está la universidad y para eso ayudan muchísimo las humanidades.

Ha nombrado que en una universidad hay médicos, hay estudiantes de Derecho, etc. Entonces ¿las humanidades complementan a las ciencias y viceversa?
Se puede entender como un complemento, lo que pasa es que esta visión tiene un riesgo: que entendamos que es una disciplina meramente instrumental, es decir, sirven para que no nos fijemos en lo que son. Parece que está bien si un abogado se plantea hacer Derecho más Humanidades, pues hay que quitarse el sombrero para los tiempos que corren. Además, le van a aportar mucho, pero yo creo que si cursa Humanidades sea abogado, sea periodista o sea médico va a descubrir que esto te configura como persona. Cuando uno entienda que las humanidades te ayudan a ser mejor persona, resulta que te van a ayudar a saber más de lo tuyo.

En un Café de Redacción en la Universidad Francisco de Vitoria, habló de la importancia de la lectura. ¿Es la lectura la base de la cultura?
Es una de las bases, para mí lo ha sido. Aunque la cultura no solo es lectura, es mucho más amplio. Para mí, la base es el encuentro con el otro, siempre, y en ese sentido la lectura y la escritura te permiten encontrarte con los demás. Entonces, una persona que lee mucho, como dicen en El Quijote, pues sabe mucho de vida y es alguien experimentado que ha conocido otras vidas a través de la lectura, y eso le configura como una persona totalmente distinta de una persona que no lee. Yo me peleo mucho con mis universitarios que no leen porque incluso los que me vienen de las ciencias más puras y me dicen es que yo voy a ser tal… no, es que tienes que leer por obligación, aunque no seas capaz de encontrar el gusto y la vocación, porque te va a hacer mejor. Es uno de los ladrillos fundamentales, en ese sentido es uno de los cimientos. El que lee mucho va a terminar escribiendo bien o muy bien, va a terminar contando y expresándose hilando su pensamiento, estructurando mejor que si no lee.

¿Qué otras bases hay aparte de la lectura para la cultura?
Pues hay que tener experiencias vitales, es decir, no vale con leer mucho, hay que encontrarse con la gente, hay que conocer. Como tener curiosidad y asombro, para mí es la primera base de la realidad. Que la realidad no te parezca una rutina, sino que la realidad te parezca un milagro diario, que yo tengo que descubrir desde esa posición primera, de salir a encontrarte. La curiosidad te lleva a conocer cómo funciona un hospital por dentro, conocer cómo funciona un juicio, conocer el encuentro, la tradición oral… Luego, la cultura es muy amplia, fíjate en las humanidades, nos dan muchas pistas, la filosofía es el pensamiento, la literatura es leer… Pero no solo tenemos artes escénicas, es decir, esa capacidad de comunicarte. La cultura está en los museos, la cultura está en las series de ficción, la cultura es mucho más amplia que la mera lectura. Pero la lectura es siempre muy importante y partir siempre de la base de que como me asombro con la realidad, salgo a intentar desvelarla y me encuentro con el otro.

Ha hablado de las experiencias y lugares como Tierra Santa, Santiago de Compostela y Roma. ¿Qué valor humanístico tienen?
Nos explican. Si uno va a ellos como turista, pues es un valor reducido. Es importante ir como turista a los sitios, pero son tres lugares que lo primero que nos aportan es la experiencia del viaje como peregrino, es decir, este no solo va a hacer fotos o hacerse selfies. El peregrino hace un viaje de tal manera que el viaje le transforma también a él. No es el mismo una vez que ha ido y ha vuelto, es otro cuando ha hecho el Camino de Santiago, ha ido a Tierra Santa o a Roma. Le ayuda a comprenderse como ser humano. Además, es que son tres lugares que nos ayudan a entender la cultura occidental. Por ejemplo, España es, afortunadamente, mezcla de muchas cosas, pero sobre todo es Roma y es cruz, es cierto que hubo siete siglos de islam, pero hay unas bases de la cultura romana fortísimas, las que no podríamos entender casi nada de nuestra relación y de nuestras leyes, el cristianismo. El peregrino es la persona que viaja, le transforma el viaje y luego da testimonio del viaje, deja buena huella.

Además de la enseñanza académica, que es fundamental para formar al alumno, también es importante el corazón. ¿Qué papel juegan en este caso las humanidades?
Bueno, nosotros no solo somos razón, somos emoción, nosotros no solo somos inteligencia, somos sentimiento. La formación del corazón es el aprendizaje de otras habilidades que no nos da solo el intelecto, es trabajar tus relaciones, tus esperanzas, tus miedos. Es esencial trabajar los afectos porque somos un equilibrio de muchas cosas y cuando nos desequilibramos sabemos lo que sucede. Lo que nos enseña la historia no solo es para mirar hacia atrás, sino para entender el presente, quiénes somos y hacia dónde nos impulsamos.

¿Qué importancia tiene la religión en la enseñanza?
Somos seres obligatoriamente ligados a algo o a alguien que nos sobrepasa. La enseñanza básica de hacer salir al otro de su ombligo y entender que además de ir mirando el suelo podemos mirar el cielo, simplemente eso cambiará la perspectiva. La religión es fundamental en la educación porque la educación debería de ser integral. Tú no solo te educas en matemáticas, tu no solo te educas en balanzas fiscales, a ti te importa lo que es el amor y lo que es el sufrimiento, conocer la historia de la religión te sitúa en el mundo, te sitúa a nivel instrumental para entrar en un museo.

¿Es la fe una forma de conocer la verdad?
Sí, es una forma de conocer la verdad. Aquí en la universidad hemos puesto en marcha unos premios que se llaman Razón Abierta, de docencia e investigación. La fe no solo puede, sino que debe ser razonable. Y, ahora, miremos en el otro ala, en el que tenemos que valorar la razón, es decir, si la fe se cierra sobre sí misma se repliega y no se despliega hacia la verdad. La fe está abierta a la razón, pero la razón debe ser abierta, sola no puede caminar, ser una razón que salga del laboratorio, lo que yo conozco que se puede cortar y pegar, pero hasta dónde puedo llegar preguntándome e investigando sobre los temas fundamentales de la vida.

¿Por qué los jóvenes se interesan menos por la filosofía, por la historia y las humanidades?
Le podríamos echar la culpa al sistema educativo, pero no la tiene toda. Estas materias no están metidas de forma cotidiana ni en la educación ni en la familia ni en la cultura. Están como para ser meros espectadores. Hay que empezar a enseñarlas antes, no a los 18 o 20 años.