En medio del caos y el dolor que dejan las catástrofes, la solidaridad de las personas emerge como una respuesta ante la destrucción. Así ocurrió en octubre de 2024 tras las devastadoras lluvias torrenciales que desató la dana. La Comunidad Valenciana contó con la colaboración de jóvenes desinteresados de toda España. Hoy, en Adamuz (Córdoba), después del accidente ferroviario del pasado 18 de enero de 2026, vecinos, voluntarios, amigos y familiares han contribuido a crear una visión más solidaria del mundo, gracias a su colaboración inmediata.
La realidad solidaria en Adamuz
Manuel Rojas Mendoza, concejal de Deportes, Feria y Fiestas y Obras en Adamuz, cuenta a Mirada 21 la rapidez con la que los habitantes actuaron tras el terrible suceso. “La respuesta fue inmediata; los vecinos de Adamuz, en el momento en que se enteraron de lo que había sucedido, empezaron a movilizarse para prestar toda la ayuda posible”, dice Rojas Mendoza.
La ayuda no solo llegó apresurada, sino que también supuso una mayor contribución de la esperada entre las víctimas. “Desde el Ayuntamiento envié mensajes a varios grupos de WhatsApp pidiendo mantas y agua, a los 10 minutos ya teníamos gente trayendo cosas… lo recuerdo y aún se me pone el vello de punta”, reconoce Manuel Rojas Mendoza. El concejal habla de una petición inicial de bienes básicos necesarios para subsistir tras el accidente, sin embargo, las ayudas superaron lo solicitado. “La gente empezó a traer ropa, comida, material médico, colchones, ponían a disposición sus coches, grupos electrógenos y hasta sus propias casas”, comenta Rojas Mendoza.
“Tengo un sentimiento de orgullo, de los vecinos, del pueblo, es difícil de expresar, pero es lo que siento al ver las reacciones de nuestros vecinos, no queda otra que dar las gracias infinitas por lo que hicieron”, dice Rojas Mendoza
Los vecinos del pueblo fueron y son hoy un elemento clave en la reconstrucción del daño causado por el accidente. Estos no solo contribuyeron en lo necesario, sino también en dar ánimo a los afectados. El concejal expresa: “Tengo un sentimiento de orgullo, de los vecinos, del pueblo, es difícil de expresar, pero es lo que siento al ver las reacciones de nuestros vecinos, no queda otra que dar las gracias infinitas por lo que hicieron”.
Además, Rojas Mendoza hace hincapié en el sentimiento de solidaridad que envuelve a la comunidad de Adamuz: “Esto nos demuestra que, en los momentos difíciles, las personas sacan su lado más sensible, más solidario”. Habla de la importancia que se le dio a asistir en el momento necesario y dice: “No les importaba dejar lo que estaban haciendo para salir a la intemperie, con lluvia o frío, a ayudar”.
La caridad en vez de la solidaridad
Ángel Sánchez Palencia, licenciado y doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y profesor titular de Antropología Filosófica, cuenta cómo los comportamientos solidarios surgen de la propia naturaleza humana. El ser humano, al ser social por naturaleza, tiende a unos fines comunitarios, a una sensibilidad peculiar y a una apreciación del valor de la vida mayor. “El ocuparse del sufriente surge de forma natural, es decir, de la esencia y la compasión humana”, dice Sánchez Palencia.
“El hombre es un ser que ha sido creado para amar”, dice Sánchez Palencia
Además, Ángel Sánchez Palencia habla de cómo la cultura influye en estos procesos: “Nosotros vivimos en una cultura judeocristiana donde históricamente se tiene una especial sensibilidad por la dignidad de la persona humana”. La cultura europea, independientemente de las creencias religiosas de cada uno, se mantiene en unos fundamentos judeocristianos que promueven el deber de cuidado hacia el prójimo.
“No es fraternidad universal, no es solidaridad, es caridad”, aclara el experto. La caridad está constantemente presente en la vida cotidiana de los seres humanos gracias a esa cultura histórica que se comparte. Sánchez Palencia afirma: “No hace falta esperar a las catástrofes para ser solidarios, estas manifiestan lo que hay de fondo”.
“El hombre es un ser que ha sido creado para amar”, explica Sánchez Palencia. Ese amor benevolente, que no espera nada a cambio de la persona a la que se lo da, es precisamente el que lleva a este tipo de conductas.
