Día de la Educación Ambiental: sembrar conciencia ecológica

- Ocio-cultura - 26 de enero de 2026
Niños estudiando acerca del reciclaje (Foto: Artem Podrez; Pexels)
Niños estudiando acerca del reciclaje (Foto: Artem Podrez; Pexels)
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El día 26 de enero se celebra internacionalmente el Día de la Educación Ambiental. Esta fecha invita a reflexionar sobre la relación de los humanos con el entorno y promover acciones que protejan el planeta. A pesar de ser una festividad, es un día de concienciación que busca sensibilizar, brindar herramientas para entender problemas ambientales complejos y llamar a fomentar un cambio en la conducta hacia hábitos más sostenibles.

Origen

Para comprender por qué se instauró esta festividad, hay que viajar a los años 70, momento clave en el que el mundo comenzó a concienciarse del impacto que la actividad industrial estaba teniendo sobre la naturaleza. En el año 1972, en Estocolmo (Suecia), se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Este acto se toma como el prólogo, pues fue la primera gran conferencia de la ONU en la que el tema central fueron los problemas ambientales. Su conclusión fue el reconocimiento de la educación como una herramienta fundamental para combatir la incipiente crisis ambiental. Además, es el momento en el que surge el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Tres años después, en octubre de 1975, se celebró en la actual Serbia el Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado. Este es el evento que realmente estableció las bases de lo que se celebra el 26 de enero. En él se reunieron expertos de más de 70 países para buscar la homogeneidad en la educación ambiental, pues en cada localidad se estaba tratando de manera diferente. Producto de este seminario surge el que se estableció como marco general de la educación ambiental, la Carta de Belgrado. En este documento histórico se dicta por primera vez la meta que la educación ambiental debería perseguir. Se propone una concienciación a nivel mundial, promoviendo una preocupación real por el ambiente y sus problemas, a la vez que sean proporcionadas las herramientas para trabajar individual y colectivamente para resolverlos. Además en este documento se matiza que no debe comprenderse la educación ambiental como algo puntual, como puede ser una asignatura en el ámbito educacional, sino como algo a largo plazo que involucre a todos los sectores de la sociedad.

En su origen, la educación ambiental solo se centraba en la fauna y la flora, sin embargo, gracias a otras conferencias como la de Tiflis (Georgia) en 1977 o la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (Brasil) en 1992, se evolucionó hacia el concepto de “desarrollo sostenible”, que implica más ámbitos como justicia social, economía, pobreza y cambio climático.

A pesar de que el origen se establece en el Seminario Internacional de Educación Ambiental que tuvo lugar en el mes de octubre, la fecha del 26 de enero se consolidó de manera internacional como el día para conmemorar ese hito pedagógico que ha servido de brújula para el cambio social que inspire a la sostenibilidad.

Educación ambiental a día de hoy

Hoy en día, la educación ambiental ha dejado de ser solo “clases sobre plantas y animales” para transformarse en una herramienta política, social y económica. Los temas que la definen son mucho más complejos y están conectados con la realidad global.

Uno de los principales temas tratados es la emergencia climática, de la cual no solo se explican asuntos más superficiales como el efecto invernadero. Se busca un enfoque en la acción climática, mediante el término de “resiliencia”, es decir, adaptar y prepararse a nivel social para las condiciones que ya son inevitables, como sequías, inundaciones, olas de calor…

El clásico reciclaje ya no sigue el viejo modelo de “comprar, usar y tirar”, sino que ha escalado a ámbitos más económicos, con el término “economía circular”. Se educa sobre cómo realizar un consumo responsable, primando la durabilidad de los productos en lugar de su precio, y el entendimiento del residuo como un recurso, impulsando la búsqueda de nuevos usos, el compostaje o el diseño ecológico.

También se destaca el término de “justicia ambiental”. Por medio de él, se reconoce que los problemas ecológicos no afectan a todas las realidades por igual. Prueba de ello es cómo las poblaciones más pobres suelen tender a sufrir una mayor contaminación y
van a ser, también, las más más afectadas por las consecuencias del cambio del clima.

Tras varias crisis sanitarias globales, la educación ambiental ha comenzado a integrar el concepto anglosajón de One Health (Una sola salud). Por medio de él, se busca que se comprenda que la salud humana está ligada a la salud animal y, por tanto, a la de los ecosistemas. Este concepto anima a cuidar el medioambiente, pues su estado marca el de los seres humanos.

Además, últimamente se está buscando una profundización mayor en la relación de lo digital con la sostenibilidad. Se educa sobre el impacto ambiental de lo digital, con conceptos como la huella de carbono, destacando también el consumo tecnológico ético, muy ligado a la obsolescencia programada.

Valor de educación ambiental

Juan M. Martínez Orozco, doctor biólogo especializado en impacto ambiental y profesor de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería, Ciencia y Computación de la Universidad Europea de Madrid, destaca: “La educación ambiental nos ayuda a tomar conciencia sobre la naturaleza y dimensión de los problemas ecológicos que nos afectan y sobre nuestro papel en ellos”. Además, añade: “Nos permite desarrollar el pensamiento crítico acerca de esos problemas, y nos proporciona la base adecuada para tomar decisiones informadas que permitan protegernos mejor, y evitar o corregir determinadas tendencias regresivas”.

“En definitiva, la educación ambiental nos permite ser, como sociedad, cada vez más exigentes, menos tolerantes con las causas del daño ambiental y con sus consecuencias”, afirma Martínez Orozco.

La educación ambiental afecta en muchos más planos que lo puramente ecológico: “En definitiva, la educación ambiental nos permite ser, como sociedad, cada vez más exigentes, menos tolerantes con las causas del daño ambiental y con sus consecuencias”.  Además, Martínez Orozco enfrenta a una “corriente de desinformación que cala en todos los sectores sociales, también entre los jóvenes, y que hace aún más necesario el recurso a la educación ambiental para combatir, con evidencias basadas en la ciencia, la falsedad de las informaciones interesadas procedentes de determinados grupos de interés y responsables públicos”.

Martínez Orozco considera de vital importancia que “los estudiantes tengan mayor conocimiento sobre su entorno, sobre la dimensión de los problemas ambientales que les afectan, sobre la forma en que sus decisiones y sus actos contribuyen a agravar problemas ambientales, y sobre las herramientas de las que disponen para prevenir o mitigar los posibles daños sobre el entorno”. Considera el conocimiento como la base sobre la que tomar conciencia de la gravedad de los problemas ecológicos, lo cual permite construir un juicio crítico que habilite al ciudadano a cambiar la realidad. Afirma que “el conocimiento es, en fin, la mejor vacuna contra el bulo y las realidades paralelas”.

 

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