Las personas sufren. El ser humano se ha enfrentado al sufrimiento a lo largo de la historia, pero ahora que la sociedad avanza, las cifras de trastornos y problemas relacionados con la salud mental han alcanzado récords históricos en los últimos años. La soledad crece y crece, y en España, los psicólogos ya no dan abasto. Según el estudio La situación de la salud mental en España, elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña, uno de cada cuatro habitantes necesita este apoyo terapéutico, por lo tanto, el país cuenta con un psicólogo clínico por cada 600.00 habitantes. Esta cifra significa que cada profesional debería estar a cargo de unos 150.000 pacientes.
En el último siglo, la sociedad ha dado un giro de 180 grados. El papel, la estructura y el funcionamiento de la familia han sufrido un cambio radical. La competitividad, el ritmo de vida frenético y la incertidumbre se incrementan sin parar, lo que crean generaciones cada vez más vulnerables. Emmanuel Rodríguez de Vera, psicólogo general-sanitario, explica cómo este cambio cultural afecta íntimamente al abordaje de las dificultades propias de la vida. “Los recursos que antes tenían las personas (familiares, religiosos y sociales) se han reducido en detrimento de una sociedad objetivamente más individualista. Eso hace que las personas, especialmente las más jóvenes, recurran a un especialista para abordar sufrimientos no necesariamente patológicos que antes habrían sido abordados en otros contextos”, comenta Rodríguez de Vera. Paradójicamente, en este mundo globalizado e interconectado, como nunca antes, están los seres humanos más aislados y solitarios que jamás se hayan visto.
“El psicólogo, al abordar estos “sufrimientos” de las personas, tiene el delicado papel de actuar como un amigo sin serlo, un confesor sin serlo o un familiar sin serlo”, destaca Emmanuel Rodríguez de Vera.
La soledad crece. El número de familias ha disminuido, el 20% de la población sufre soledad no deseada, y más de la mitad de estos tienen menos amigos de los que querrían, indica el Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, realizado por las fundaciones AXA y ONCE. En los últimos 50 años, se ha multiplicado por ocho la cantidad de personas que viven solas. Por eso, también la misión del psicólogo ha cambiado. “El psicólogo, al abordar estos sufrimientos de las personas, tiene el delicado papel de actuar como un amigo sin serlo, un confesor sin serlo o un familiar sin serlo” destaca Emmanuel Rodríguez de Vera. Uno de los problemas que surgen ante esta nueva forma de entender la ayuda psicológica es el de integrarla en la propia vida hasta el punto en que aparezca una dependencia por parte del paciente. “Uno de los peligros de esta situación es convertir al terapeuta en una especie de consejero o gurú cuya presencia necesito para tomar decisiones importantes en mi vida. Y si no se tiene cuidado por parte de consumidores y profesionales, de convertir el noble arte de la ayuda en un mercado de prestación de servicios, sin duda, eso es pervertir la función del especialista”, afirma Rodríguez de Vera.
“Uno de los peligros de esta situación es convertir al terapeuta en una especie de consejero o gurú cuya presencia necesito para tomar decisiones importantes en mi vida”, afirma Rodríguez de Vera.
Las necesidades han cambiado, y por lo tanto, también lo ha hecho la atención que debe ofrecerse. De la mano de este cambio ha llegado una sensibilización social con respecto a este tema, que lucha contra la idea de que ir al psicólogo sea signo de debilidad, o de que esté reservado para los casos más graves. Sin embargo, puede resultar complicado distinguir cuándo es necesario acudir a un profesional. La clave, cuenta Emmanuel Rodríguez de Vera, aparece en la influencia que tengan estos sufrimientos en la vida cotidiana. “Cuando los síntomas que se presentan afectan de manera significativa a la vida social, familiar y laboral/escolar. Por ejemplo, cuando una persona se siente triste, y esta tristeza le impide levantarse a tiempo para ir al trabajo, rendir correctamente, le lleva al aislamiento social… debe pedir ayuda. Todo el mundo puede tener días malos y días tristes, el problema aparece cuando estos días nunca terminan”.
