La comunicación política evoluciona en España

- ESPAÑA - 24 de noviembre de 2025
Iconos de redes sociales, plataformas usadas para la comunicación política actual
Iconos de redes sociales, plataformas usadas para la comunicación política actual (Foto de Shutter Speed en Unsplash)
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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, realizó un comunicado, el día 20 de octubre, acerca del cambio horario con un fondo modificado digitalmente, difundido a través de las redes sociales del propio político. En respuesta a este, miles de espectadores han especulado acerca de la veracidad de este vídeo, y se cuestionan incluso el uso de la inteligencia artificial (IA). Esta situación presenta el reflejo de la evolución de la comunicación política en España, puesto que sería impensable realizar este tipo de comunicados en dicho formato hace apenas unos 30 años atrás. Las fluctuaciones en el interés social por la política, así como el constante avance tecnológico, llevan a la necesidad de buscar nuevas herramientas que hagan llegar la información a la población.

La Transición (1975 – 1982)

Como punto de partida, se sitúa la Transición Española. En esta etapa, el interés ciudadano por la política se incrementó, tras venir de años de una dictadura en la que los medios se hallaban absolutamente al servicio del régimen de Francisco Franco, donde el objetivo propagandístico era demostrar la eficiencia administrativa y proponer al dictador como una figura clave que impulsaba el desarrollo del país.

A partir de 1975, inicio de la Transición, la comunicación política asumió un papel crucial para la construcción de la democracia. La ciudadanía se encontraba expresivamente reprimida tras los años del franquismo, por lo que sentían la necesidad de verse involucrados en una política que llevase al cambio. En las primeras elecciones democráticas de 1977, se pudo apreciar cómo la cartelería se caracterizaba por tener un tinte idealista y un alto valor simbológico, donde se representaba la unidad, la esperanza y la consolidación de la democracia, como se destaca en Análisis histórico del cartel en las campañas generales españolas (1977-2015). De la propaganda al marketing electoral, estudio realizado por Xabier Martínez Rolán y Teresa Piñeiro–Otero.

Primeros años de democracia

Conforme la democracia se consolidaba progresivamente, entre los años 80 y 90, el contexto social también se transformaba. España experimentó un veloz desarrollo económico, la integración en diversas organizaciones internacionales, como en la Comunidad Económica Europea (1986), y la expansión de los medios de comunicación, especialmente la televisión. A causa de este desarrollo, los partidos políticos se vieron obligados a adoptar técnicas de marketing comercial, profesionalizando de esta manera las campañas electorales. Como explica José Alfonso Arregui en su obra “Por el cambio. 30 años de propaganda política en España”, la propaganda pasó de centrarse en los valores ideológicos a enfocarse en la imagen y el liderazgo personal. Los partidos comprendieron que la televisión permitía llegar a millones de ciudadanos de manera directa, por lo que la comunicación se volvió más visual y estratégica.

Política actual

A partir de ese momento, aquel entusiasmo emergente comenzó a moderarse durante décadas posteriores, cuando la confianza inicial, que caracterizaba a la democracia, dio paso a un distanciamiento popular con la política. Este fenómeno lo exponen los autores Mariano Torcal y José Ramón Montero, denominándolo “desafección política”. Esta desafección es una respuesta a la ausencia de implicación de las instituciones a las demandas sociales, la percepción de la corrupción y la dificultad de sentirse representado por los partidos políticos existentes. De esta manera, la comunicación política se vio obligada a buscar el medio para atraer de nuevo a la ciudadanía, lo cual coincide con el diagnóstico de José Miguel Ortí Bordás en “Desafección, posdemocracia, antipolítica”, donde señala que la política contemporánea se ha convertido en un espectáculo mediático que busca captar la atención más que fomentar el pensamiento crítico o el debate ciudadano. Además de los factores sociales, la revolución digital transformó profundamente la forma de comunicar. La llegada de Internet, y más tarde de las redes sociales, hizo de la comunicación política un espacio dinámico e interactivo. Las nuevas plataformas, como muestra el propio presidente del Gobierno, permiten posibilidades prácticamente infinitas: desde difuminar el fondo, hasta suplantar identidades por medio de la IA.

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