España conmemora el primer aniversario de la dana

- ESPAÑA - 29 de octubre de 2025
Una frase en la pared en un colegio valenciano (vía @almugranell)

Se cumple un año desde que numerosas provincias españolas fueron asoladas, el 29 de octubre de 2024, por la dana, una catástrofe natural que se llevó por delante numerosos pueblos y 237 vidas humanas (229 de ellas, en la Comunidad Valenciana). Negocios, hogares, colegios… la dana no perdonó. Ahora, 12 meses después, España vuelve a recordar el acontecimiento que marcó a sus ciudadanos, pero que también fue un ejemplo de solidaridad.

Los afectados y sus historias

Nadie sabía con certeza la magnitud de las riadas cuando empezaron. Hace un año, Mirada 21 habló con José Luis Vives, un vecino de Massanassa (Valencia), quien contó cómo nunca había vivido algo así. En cuanto vio a través de los cristales de su puerta cómo el agua no dejaba de subir, llamó a su madre y empezó a atender a los vecinos. Ahora, cuenta cómo su madre está cerca de volver a casa, y ya están construyendo de nuevo su cocina. Julia, dueña de un local en Picanya (Valencia), resume la experiencia como “algo devastador que ha sacado lo mejor de la gente”. “Fue un momento horrible, pero nos recompusimos, y ahora estamos tratando de volver a la normalidad”, cuenta.

«La dana fue algo devastador que ha sacado lo mejor de la gente», cuenta Julia.

Tampoco olvidan este fecha las personas que lograron no ser víctimas, aunque vivieron la catástrofe muy de cerca. Es el caso de Irene Solís, cuyo marido no se vio afectado por la dana al decidir ese día teletrabajar y no desplazarse por carretera.

Estos solo son algunos de los cientos de testimonios que existen y que no siempre tienen el altavoz necesario para poder ser escuchados. Y esa es la realidad de la dana del 29 de octubre de 2024: un acontecimiento catastrófico y del que aún no se conoce todo lo que sucedió. Aun así, los vecinos están de acuerdo en que este fenómeno natural también sirvió para unir a un país aparentemente desunido en todo lo relevante. Y esto nadie lo ha olvidado.

El milagro de los voluntarios

Fue sorprendente la imagen de miles de coches de toda España en la CV-33, ofreciéndose a lo que necesitaran todas aquellas personas cuyas vidas se habían detenido. “Recuerdo llegar y ver una montaña de coches en la entrada de Catarroja, donde la O del nombre del pueblo había desaparecido. Creo que ahí es donde realmente entendí dónde estaba”, comenta Jaime, un joven voluntario que llegó desde Madrid.

Algunos voluntarios caminando por Catarroja

Algunos voluntarios caminando por Catarroja

Desde todas las ciudades de España y otras partes del mundo partieron furgonetas, coches y camiones en dirección a las zonas afectadas para que cada uno aportara su ayuda. En concreto, de Madrid salieron cerca de 1.500 personas para contribuir en todo lo que podían, y la experiencia les tocó de lleno.

“De lo que me sigo acordando es de ver a gente, que lo había perdido todo, preocupándose de que a ti no te faltara nada”, comenta Alfonso, que estuvo limpiado junto con la Unidad Militar de Emergencias (UME) un colegio valenciano. “El ambiente que se creó te habla de la bondad del ser humano, de cómo está hecho para darse a la gente, y que, cuando da mucho, solo quiere seguir dando. Ese sentimiento de dar sin esperar nada a cambio es lo que realmente te llena”, explica este joven.

«Ese sentimiento de dar sin esperar nada a cambio es el que realmente te llena», comenta Alfonso.

Javier cuenta cómo formaron un grupo de voluntarios desde su antiguo colegio y juntaron todo tipo de instrumentos que podían ser útiles para limpiar las calles. Desde ahí, fueron recorriendo pueblos valencianos, como Alaquàs y Picanya, limpiando garajes, locales y repartiendo alimentos a todos los afectados que encontraron. “Iba de un lado para otro hablando con la gente mientras dábamos comida. Creo que lo que más valoraban era sentirse escuchados, sentir que sus vidas importaban, y por eso creo que hicimos bien en ir. Allí solo veía sonrisas de gente que no conocía”, comenta Javier.

La dana ha dejado muchas destrozos, y no solo ha derrumbado casas, sino también vidas. El ejercicio que hicieron estos voluntarios y las personas afectadas por las riadas fue el de sacar todo lo bueno posible de una situación devastadora. En un momento de incertidumbre y miedo, encontraron la bondad y la solidaridad apoyándose los unos en los otros.

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