Más de 300.000 jóvenes sufren Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) tras la pandemia. Según la Fundación Fita, se han disparado un 20% durante todo el período. La dificultad de acceder a los centros sanitarios, a causa de la covid-19, ha estimulado trastornos alimenticios que afectan de forma física y emocional. Anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastornos por atracón son algunas de las enfermedades que desencadenan problemas psicológicos. Los últimos estudios realizados en España coinciden en señalar una tasa de prevalencia de TCA en población adolescente alrededor del 4,1-4,5%, entre los 12 y los 21 años.
El confinamiento de tres meses y vivir los efectos de la crisis que ha generado la pandemia han dejado huella en algunas personas. Este fenómeno ha desarrollado un trastorno de conducta alimentaria, en concreto anorexia y bulimia.
Los TCA alteran a uno de cada cuatro adolescentes que presentan actitudes de insatisfacción corporal y falta de amor propio. Asimismo, realizan un seguimiento de dietas restrictivas sin control médico y no comparten ni expresan malestar. Pueden encontrarse en ambos sexos y en y cualquier edad. La Fundación Fita trata de promover ayudas para prevenir los TCA y difundir el bienestar emocional y la salud mental. Profesionales médicos confirman que los trastornos relacionados con los atracones y ayunos prolongados se han multiplicado durante la nueva normalidad.
Las personas afectadas presentan síntomas por a la constante preocupación por el peso, la apariencia corporal y la alimentación. Debido a estas alteraciones, padecen de desnutrición y una baja autoestima que les conduce en numerosas ocasiones al suicidio. Los afectados carecen de conciencia de la enfermedad y de necesidad de adquirir un tratamiento. Existen factores de tipo genético, sociocultural, familiar, psicológico y personal que contribuyen a la aparición de los TCA.
Parte de 2020 hubo que estar confinados, pero había visibilidad en las redes sociales. Además, las influencias, presiones sociales, la necesidad de ser aceptado y la inquietud por un ideal estético son factores que desatan un TCA.
“Los medios de comunicación y las redes sociales son hasta el momento los grandes transmisores del patrón ideal de belleza». «Al haber estado la población casi 100 días confinada en sus casas, el tiempo dedicado al uso de las redes sociales y la exposición a los medios de comunicación ha sido mucho mayor que en circunstancias normales,” afirma Loreto Montero Soto, especialista en TCA en el Instituto Psicológico Cláritas.
En esta situación de crisis, los pacientes son diagnosticados por un especialista que aconseja un tipo u otro de terapia. Montero Soto asegura que “la familia juega un papel fundamental a lo largo del proceso de recuperación”. La sociedad cada vez visibiliza más el tema de los trastornos alimentarios con programas de prevención y alienta la posibilidad de recuperación.