El Gobierno federal de Estados Unidos cerró parcialmente, el pasado 1 de octubre, ante la incapacidad del Congreso de aprobar la ley de presupuestos correspondiente al año fiscal.
El estancamiento político entre republicanos y demócratas, debido a las diferencias sobre cómo gastar el dinero público, dificulta un acuerdo rápido. En concreto, las discrepancias afectan a la extensión de subsidios de seguros de salud , los niveles del gasto público y el alcance de las actividades gubernamentales bajo la Administración del presidente Donald Trump. A pesar de que se celebraron repetidas votaciones en la Cámara de Representantes y en el Senado, el desacuerdo constante llevó a la orden de paralizar parcialmente el Gobierno.
La aprobación de los presupuestos
Javier Redondo, columnista en El Mundo y autor del libro Presidentes de Estados Unidos, cuenta a Mirada 21 cómo se validan los presupuestos federales. El plan de gastos del Estado lo diseña el propio Gobierno. Redondo detalla que, en una primera fase, cada departamento crea un presupuesto con sus necesidades de gasto, y luego debe ser aceptado por la oficina presupuestaria. Después, el Congreso lo estudia y también hace su propia propuesta. Una vez creadas las dos sugerencias, el objetivo es unirlas en una sola. Si están de acuerdo, lo envían al presidente para que lo apruebe o rechace. Si no sucede así, el Gobierno detiene su funcionamiento.
Según Javier Redondo, el cierre del Gobierno quiere decir que los presupuestos no se prorrogan, cada año necesita sus propios fondos asignados. “Una vez que se gasta lo presupuestado un año, si no hay nuevos presupuestos, se para la Administración: los funcionarios no cobran, los gastos se congelan y los edificios cierran”, destaca Redondo. Además, asegura que eso no implica que el Gobierno pueda endeudarse, sino que no lo puede hacer con las cuentas del anterior.
“Una vez que se gasta lo presupuestado un año, si no hay nuevos presupuestos, se para la Administración: los funcionarios no cobran, los gastos se congelan y los edificios cierran”, destaca Javier Redondo
El problema actual
Javier Redondo asegura que la dificultad del consenso se encuentra en la distancia que hay entre los partidos. “Ahora está de moda la palabra polarización, que es división extrema”, confirma. Además, Redondo comenta que cada partido pretende gastar el dinero en cosas diferentes, y utilizan el desacuerdo para censurar y castigar al jefe de Estado. Por ello, las instituciones pierden prestigio y la gente afectada culpa al presidente, al Congreso y a la Administración.
Sin embargo, Javier Redondo también hace una comparación con el sistema español. Menciona que en España los presupuestos se prorrogan e incluso hay veces que se pueden validar por decreto nuevas partidas financieras, algo que no es común en otros países. “La medida de cierre de la Administración es una forma de presionar para que el desacuerdo no dure mucho”, dice Redondo. Por lo general, en enero se desbloquea el cierre.
Javier Redondo expresa que en España es extraño que los Presupuestos Generales del Estado actuales hayan sido autorizados por el Parlamento anterior. Para concluir, Redondo opina sobre la situación actual: “Ya es anomalía prorrogarlos uno o dos años, y mucho más el hecho de que pueda haber una legislatura entera sin presupuestos; los presupuestos son la llave de las políticas; sin ellos no se pueden aplicar medidas. Realmente, sin Presupuestos no hay Gobierno”.
“Ya es anomalía prorrogarlos uno o dos años, y mucho más el hecho de que pueda haber una legislatura entera sin presupuestos; los presupuestos son la llave de las políticas; sin ellos no se pueden aplicar medidas. Realmente, sin Presupuestos no hay Gobierno”, dice Javier Redondo
Consecuencias
“El cierre del Gobierno de Estados Unidos tiene consecuencias que van más allá del gesto político entre la Casa Blanca y el Congreso”, explica Albert Guivernau, doctor en Economía y director de la Fundación Civismo. Guivernau analiza el impacto de los hechos, ya que a nivel nacional supone la paralización parcial de la Administración y afecta a cientos de miles de empleados públicos, así como a servicios importantes. Además, repercute negativamente en el crecimiento económico, con pérdidas en el PIB y con un deterioro en la confianza del consumidor e inversionistas, debido al peso de las expectativas económicas.
En el ámbito internacional, Albert Guivernau asegura que el impacto es más sutil, pero igualmente es significativo. Como ancla del sistema financiero global, Guivernau afirma que cualquier señal de inestabilidad institucional en Estados Unidos genera cierta volatilidad en los mercados. A su vez, fortalece al dólar como refugio y eleva la tensión sobre los bonos del Tesoro. Sin embargo, el verdadero problema es la credibilidad, ya que más allá del coste económico inmediato, el cierre proyecta una imagen de fragilidad constitucional. Esto afecta directamente a su liderazgo económico, lo que se ve reflejado en el contexto de competencia geopolítica con China, donde este tipo de señales debilitan el dominio global estadounidense.
