El ser humano ha desarrollado, en los últimos dos siglos, una serie de inventos que ahora pasan por cotidianos, pero que en su momento cambiaron la historia. La comunicación ha evolucionado de una manera asombrosa, pasando del telégrafo al smartphone. Con motivo del centenario de Telefónica, en la Fundación Telefónica han querido representar el impacto de estos inventos con una exposición permanente en su sede de la calle Fuencarral (Madrid).
La exposición, titulada Exponencial, de analógicos a digitales, presenta la evolución de la sociedad a través de la forma en la que se comunica. Con un dato basta para entenderlo. El teléfono fijo tardó 75 años en alcanzar los 100 millones de usuarios. El móvil necesitó 12. Instagram, dos años. ChatGPT, apenas dos meses. Ese salto no es solo tecnológico. Es cultural, social y profundamente humano.
Exponencial comienza con Habla, una sección dedicada a los orígenes de la comunicación a distancia. Frente a la inmediatez actual, es difícil imaginar que todo empezara con una corriente eléctrica, unos cuantos puntos y rayas y una persona llamada Samuel Morse. El 24 de mayo de 1844, fecha en la que se envió el primer telégrafo, el mundo cambió para siempre.
Años después, llegó el teléfono, ese invento que algunos vieron en su momento como un lujo innecesario. Atribuido oficialmente a Alexander Graham Bell, el teléfono nació en 1871 de la mano de Antonio Meucci, y pronto se extendió alrededor del mundo. Como puede verse, el ser humano es esencial en hacer de un invento algo cotidiano, y, con el teléfono, ese papel lo ocuparon las telefonistas. Tras toda una instalación eléctrica de compleja construcción se encontraban personas conectando las llamadas de todo un país.
Vive muestra el momento en el que la tecnología dejó de ser algo de difícil acceso y comenzó a entrar en los hogares. El datáfono, las primeras tarjetas de crédito y los teléfonos fijos; la tecnología se había hecho un hueco en las vidas de millones de personas, y vino para quedarse.
Con la revolución del teléfono móvil e Internet se hizo evidente que la comunicación inmediata había pasado de ser un lujo a una necesidad constante. De ARPA Net a las redes públicas de datos, de la llamada ocasional a la conexión permanente. La comunicación deja de ser un acto puntual para convertirse en un estado continuo, y las redes sociales no pueden ser mejor ejemplo de esto.
La exposición termina con Imagina, un espacio para especular hacia dónde va este tren de la tecnología que parece acelerar cada vez más. Ayudándose de inteligencia artificial, Imagina propone al espectador que exprese cómo cree que será el mundo y el papel que jugará la tecnología en sus vidas, haciendo de esa opinión una serie de imágenes futuristas que dan vida a las inquietudes de los visitantes, proyectadas en una gran pantalla colectiva. Así, Exponencial no solo recuerda todo lo que han cambiado las telecomunicaciones, sino que mira al futuro con los ojos puestos en un mañana todavía por escribir, hecho de imágenes, preguntas y posibilidades que aún no tienen forma definitiva.


