La casa de subastas estadounidense Alexander Historical, de Chesapeake City, en Maryland, subastó, el 13 de noviembre, un lote de productos en el que se encontraba una fotografía hecha por el fotógrafo personal de Adolf Hitler, Heinrich Hoffmann. En esta se veía al Führer con una niña judía. El lote contenía además un libro del fotógrafo llamado Hitler era mi amigo, una primera edición, en tela roja con títulos negros, con la sobrecubierta levemente rasgada. En la página 153, aparece una fotografía de Hitler en Berghof en su cumpleaños, paseando con Nienau, una niña judía, ante una gran multitud. Hoffmann subtituló la foto: «El amor de Hitler: le encantó verla en el Berghof hasta que algún entrometido descubrió que no era de ascendencia aria pura». La instantánea cuenta con el autógrafo del propio Adolf Hitler y una dedicatoria suya: «La querida y considerada Rosa Nienau, Múnich, 16 de junio de 1933».
La fotografía ha sido subastada por 11.520 dólares (10.170 euros). Además, la imagen está decorada con nueve flores y un trébol de cuatro hojas, dos detalles que añadió la pequeña y que demuestran que mantenían una estrecha relación. De hecho, ambos se tenían tanto cariño y se veían de forma tan asidua que la pequeña era conocida en la residencia alpina del líder nazi como «la hija del Führer. Ella, por su parte, llamaba al dictador «Tío Hitler» y se mostraba encantada de estar a su lado. Sin embargo, tuvieron que dejar de verse cuando uno de los colaboradores más cercanos del dirigente alemán, Martin Bormann, descubrió el origen de la niña y le prohibió que volviera a pisar Berghof.
No era nada fuera de lo habitual ver fotos publicitarias del Führer con niños, ya que, más allá de que ambos mantuvieran una relación muy cercana, el Führer solía pedir que le inmortalizaran en instantáneas junto a menores para mejorar su popularidad.
Para entender la historia de cariño entre Hitler y esta judía se debe retroceder en el tiempo hasta la década de los 30, cuando la pequeña Rosa apareció en su vida casi por casualidad. Rosa era hija única y su padre había fallecido en 1926, poco antes de que ella naciera, tras combatir en la Gran Guerra. De hecho, había sido un héroe en este conflicto. En 1933, Nienau viajó con su madre hasta Berghof, en Berchtesgaden. Tan emocionadas estaban por conocer al Führer que decidieron unirse a un grupo que acudió a visitar el chalet. El calendario marcaba entonces el 20 de abril, fecha en la que tanto Hitler como la niña cumplían años. Hitler se enteró y la chiquilla pudo disfrutar, junto al dictador, de un paseo por la zona y de una merienda con fresas y crema batida.
Aquel encuentro quedó inmortalizado por el fotógrafo Heinrich Hoffmann en una serie de instantáneas que, a día de hoy, se conservan para la posteridad. En la mayoría, se puede ver al líder nazi cogiendo la mano de la niña con una sonrisa. A partir de entonces, ambos comenzaron una relación de amistad que duró varios años y que llevó a la pequeña a mandarle un mínimo de 17 cartas a Hitler. Misivas, por cierto, que atesora el Bundesarchive y en las que se refiere al dictador como su «tío» e incide en que le ha regalado varias veces calcetines por Navidad.
Sin embargo, esta relación se truncó cuando, en 1934, Bormann descubrió que uno de los abuelos de Nienau era semita. Y es que, según las leyes raciales impuestas por el mismo Führer, aquello la convertía en judía. Al parecer, cuando se enteró de ello, Hitler decidió mantener una relación epistolar con la pequeña. Bormann, por el contrario, no estaba dispuesto a permitir esa mala prensa. Por ello, prohibió a la madre y a su hija el acceso a Berghof e impidió a Hoffmann que publicara cualquier imagen en la que ambos apareciesen juntos. En principio, y según afirma el autor en la mencionada obra, no informó de ello al líder nazi. No obstante, el fotógrafo acabó revelando toda la verdad. «Hitler estaba tan furioso de que hubiera denunciado a su pequeña amiga que le dijo que «hay personas que tienen verdadero talento para arruinar mi alegría», finaliza en su libro.
A pesar de todo, Hitler decidió mantener esta amistad un poco más e intercambió varias cartas con la pequeña hasta 1938. Sin embargo, ese año la presión de sus consejeros le hizo romper de forma definitiva el contacto. A partir de entonces, la pista de Rosa se perdió hasta algunos años después. Nienau se había convertido en dibujante técnico, pero murió el 5 de octubre de 1943 a la edad de 17 años en el Hospital Schwabing, de polio espinal.
Adolf Hitler tomaba a los judíos por una raza traidora que, con sus malas artes, era capaz de provocar la derrota de Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Según él, habían «apuñalado por la espalda» al Reich, eran los «enemigos de todos los pueblos» y tenían un carácter «perverso» que les hacía conspirar contra los germanos. «Los judíos siguen propagando su campaña de odio», señaló con desprecio en 1939. Por ello, el Führer cometió auténticas tropelías contra este pueblo, como asesinar a más de seis millones de sus miembros y capitanear su aniquilación masiva mediante la Solución Final.
Hitler habitó Berghof cuando primero fue un hotel que alquiló en 1928, y cuando luego lo adquirió en 1933. Era allí donde el hombre más poderoso de Europa descansaba y podía dejar de ser el Führer y convertirse en Adolf. Al final le gustó tanto la zona que compró el chalet, apenas cinco años después, invirtiendo todas las ganancias que había obtenido con las ventas del Mein Kampf.