La Navidad llena las calles de las ciudades de luces. Sin embargo, la razón por la que estas se iluminan no es la que la sociedad de hoy en día plantea. La verdadera luz que alumbra el mundo y que trae esta festividad religiosa se encuentra dentro de cada cristiano. “Cristo vive dentro mí”, dijo San Pablo. “Ser cristiano significa ser otro Cristo”, explica el director del Departamento de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), Ángel Barahona.
La Navidad es “el nacimiento de Cristo”, explica Barahona. El 25 de diciembre se celebraba el solsticio de invierno por las culturas y religiones primitivas. Para festejar esta fecha, se realizaban sacrificios infantiles, de mujeres, etc. con el fin de “forzar el sol a salir y que este diera vida a las criaturas” de la naturaleza. La encarnación de Jesús “cambia el significado total de esa fiesta”.
“El pesebre es un símil del corazón del hombre, lleno de pecado y corrupción”, asegura Barahona.
Barahona explica que “Dios es divino y lo divino es luz”. La Iglesia estableció este día para celebrar la verdadera llegada de la luz, “la que realmente necesita el hombre para vivir: Cristo». Dios llegó al mundo de una forma muy humana y nació en un pesebre. Según el profesor de la UFV, esto es “un símil perfecto de lo que es el corazón del hombre, lleno de corrupción, de idolatría, de pecado, de podredumbre…”. Todo ello con el fin de “deificarlo”.
Asimismo, el padre Justo, capellán de la UFV, explica que Dios vino al mundo como un niño “porque nadie tiene miedo de un niño”. De hecho, las personas se acercan a un pequeño en cuanto lo ven. “Dios quiere que le acojamos, que le abracemos y que nos demos cuenta de que Él viene a traernos esa salvación, esa felicidad y esa paz que necesitamos”, asegura.
Dios quiere que le abramos las puertas de nuestro corazón “de par en par”, explica el padre Justo.
Para vivir fructuosamente la Navidad, el capellán de la UFV aclara que el cristiano tiene que entender qué es esta festividad. Con el fin de comprenderlo mejor, lo explica con una metáfora. Cuando una persona recibe una visita que no espera, “lo primero que hace es cerrar la puerta de las habitaciones que están desordenadas y, después, abre la puerta”.
El padre Justo explica que Dios es esa visita, pero Él quiere que le abramos la puerta de nuestro corazón “de par en par”. Para poder hacer esto, es necesario vivir la Navidad con tres actitudes. La primera de ellas es la de oración: “necesitamos momentos para rezar”. La segunda, de humildad. “Esto es saber quién soy yo y quién es Dios”, aclara el capellán de la universidad.
“Dios viene a derramar amor y paz”, por lo que la tercera actitud debe ser de caridad. Con esta última, el padre Justo anima a los cristianos a vivir la Navidad “buscando el servicio de los demás”. En la Navidad, las personas regalan muchas cosas, pero el verdadero presente es Dios.