El viaje de Paul Alone: Simplicidad, rebeldía, y un disco hecho desde la verdad

- ACTUALIDAD - 1 de diciembre de 2025
Foto: www.paulalone.com
Foto: www.paulalone.com

Cuando acaba un tema, Paul Alone no corre a la discográfica a buscar explotarlo, sino que se queda solo. Con su maqueta recién grabada, se pone los auriculares, se enciende un cigarro y se sienta en el balcón. Y la escucha, una y otra vez, durante horas. Quizás hay gente que consideraría esto un hábito de manía o incluso narcisista. Pero para Paul, ese momento es tocar el cielo. Su propio nirvana. El instante en el que todo vuelve a tener sentido.

Paul Alone tiene 29 años. Nacido y criado en Navarra, acaba de publicar su segundo álbum. Con 545.873 oyentes mensuales, y acumulando más de 96,6 millones de reproducciones, poco a poco ha ido haciéndose un nombre en el panorama del pop en español. Este segundo disco, publicado el 10 de octubre de 2025, contiene nueve canciones escritas y grabadas en la intimidad de su habitación, donde la música ha recuperado la simplicidad que la hace un arte, más que un trabajo, que rompe con todo lo que el artista llevaba años escuchando, con todo lo que le decían que debía hacer y ser. Un álbum sin reglas, que se titula Nada es verdad, todo está permitido.

Trayectoria

Parece que esa simplicidad es lo que llevó a Paul Alone a acercarse a una guitarra por primera vez. Las ganas de molar, como él asegura: “O sea, era como el rollo: Tengo mi canción. Esa es la canción de Coty y esa la canción de Dani Martín, y esta es mi canción. Y luego descubrí en la práctica que me lo pasaba muy bien”. Para él la música es eso; alejado de las respuestas pretenciosas, declara que la música es un juego, una manera de vaciar todos los pensamientos que le atraviesan durante el día. Una oportunidad de ser creativo, crear, mezclar, aprender… Y ha encontrado en esa diversión una adicción más grande que cualquier otra.

O sea, era como el rollo: Tengo mi canción. Esa es la canción de Coty y esa la canción de Dani Martín, y esta es mi canción”

Aunque mantenerse en esa actitud genuina no fue fácil. Paul Alone cuenta que, cuando entró en la industria, con apenas 21 años, vivió un proceso de desilusión del que apenas ha hablado alguna vez, que casi le llevó a dejar la música. A medida que se metía más en el mercado, sentía una desconexión cada vez más grande con lo que para él era componer, que le llevó a entender que debía hacer una separación entre música e industria. Era el mercado lo que le estaba ahogando con la constante demanda, las imposiciones, la apariencia… tan ajenas a él que le estaban llevando también a un estancamiento profesional. Ni siquiera estaba vendiendo, y la industria le hacía sentir una marioneta. Así que cortó las cuerdas que lo ataban a manos ajenas, y empezó a dirigirlas él mismo para producir este segundo álbum. Si querían disco, lo haría él entero: las canciones, los videos, las fotos… Y ya puestos a romper, rompería las reglas de las composiciones; unas canciones sin estribillo, otras de apenas un minuto, incluso una carta a la que añadió música. Un álbum “infantil”, simple, verdadero, con un título extraído de un libro de Servando Rocha sobre la música, el arte y la rebelión. Un álbum que plasma que Nada es verdad, todo está permitido.

Impacto de la música

Conviene tener cuidado con confundir esa simplicidad con banalidad. Para Paul Alone, la música no pierde el significado al hacerse simple, sino que lo recupera. Porque ese contacto con la autenticidad y con él mismo hace posible que produzca lo único que él quiere generar: ese sentimiento que Alone persigue escuchando canciones delicadas, sensibles, que rozan lo espiritual. Que quien le escuche conecte con la belleza del mundo y se sienta acompañado. Esa es su huella, no sus premios, no su éxito o sus canciones, sino algo que va mucho más allá, que consiste en hacer sentir a otros menos solos. Es cuidar a su alrededor, ser un elemento positivo en cada habitación a la que entre con algo que cree que se ha olvidado: la diversión. Piensa que ya no se repite lo suficiente que la alegría y la diversión son el motor de todo lo que funciona. Paul Alone intenta traerla de vuelta.

Inspiración

Es evidente que para crear algo verdadero es necesario intentar mantenerse lo más cerca posible de lo que uno es. Para Paul Alone, la manera de hacerlo es simple: a través de la naturaleza y las personas. Tras su reciente regreso a Pamplona, alejado del ruido y del sin parar de la capital, declara que su vida simplemente “se ha vuelto más verde”.

Y quizás también ha encontrado una clave en maravillarse. Considera que cada persona, cada momento, tiene una historia, y que esa historia merece ser escuchada. Mantiene el contacto con exparejas, —pues defiende que quien pasa por su vida viene a darle lecciones siempre—. Lee libros sobre montañeros, buscavidas que murieron escalando ochomiles. Produce desde sus propios vídeos musicales hasta publicidad de maquillaje. Viaja, hace deporte, escala y hace fotos… Paul Alone se declara fan de todo.

Filosofía

Siguiendo con esa ruptura de lo estructurado, Paul Alone ha encontrado su propia estrategia, que parece que aplica tanto para la música como para su propia vida. Adoptando una postura observadora más que planeadora, declara: “Digo que sí a todo, porque nunca sé dónde hay nada. Nunca sé lo que puede pasar cuando me meto en sitios, pero siempre que me meto en sitios pasan cosas”. Alone acepta que lo único que se puede esperar de la vida es que es inesperada. No sabe cómo quiere que le recuerden, no tiene pensado dónde estará, pero sabe que vivirá diciendo que sí a las oportunidades.

Paul Alone no tiene miedo a equivocarse, a pesar de declarar que se ha tropezado con mil piedras y que se ha metido en problemas más veces de las que puede contar. No se arrepiente, porque en el error es donde ha encontrado el camino. Por eso, al preguntarle si le daría algún consejo a su yo del pasado, niega, porque cree que, si le ahorrase a Pablito (su yo del pasado) el proceso de equivocarse, nunca habría llegado a ser quien hoy es Paul, ni a hacer todo lo que ha hecho.

“Digo que sí a todo, porque nunca sé dónde hay nada”

Por ahora, no sabe cuándo llenará un estadio entero, pero tampoco parece pensarlo mucho. No tiene tiempo, quizás, al reparar en lo increíble que es el ahora; al maravillarse con cada persona que conoce, con cada lugar que visita y, sobre todo, al pasar esas horas de balcón, cigarro y auriculares, donde encuentra que todo tiene sentido.  

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