“Quiero que la gente sea feliz, a pesar del dolor que estamos pasando”

Juan Luis Fernández Garrido, el inventor que ha donado al dominio público su generador de electricidad, ha fallecido a los 76 años. Hace un mes, concedió una entrevista a Mirada 21, en la que contó su trayectoria y por qué quiso hacer esa contribución a la sociedad

Juan Luis Fernández Garrido impartiendo una sesión en un instituto. Foto: Facebook juanluis.fernandezgarrido

Juan Luis Fernández Garrido, el inventor extremeño de un generador de electricidad, ha fallecido este 12 de enero, a los 76 años, en Zafra. Su dispositivo produce, de manera gratuita, electricidad, y decidió donarlo al dominio público, sin ningún tipo de interés, para que lo puedan utilizar los más humildes. A mediados del pasado diciembre, Fernández Garrido concedió una entrevista a Mirada 21, en la que habló de su invento y de sus motivos para donarlo.

¿Por qué decidió donar su invento?
Este invento es para los más humildes. Yo no quiero que una multinacional o un lobby compre ni un 0,001 de este proyecto para que lo ponga a su nombre y luego el precio que ellos quieran. A mí, me ofrecieron cifras altísimas por el invento, pero yo quería que lo aprovecharan los más humildes, los que no tienen saneada la economía, esa gente mayor a la que le quitan la luz… Para esa gente es.

A mí, me ofrecieron cifras altísimas por el invento, pero yo quería que lo aprovecharan los más humildes.

¿Cómo funciona su invento, el generador de electricidad?
Funciona con dos ruedas, una grande y otra que es dos tercios más pequeña de diámetro. La que produce energía es la pequeña y la grande es la conductora. He estado trabajando durante muchos años para equilibrarlo todo. Desarrollé una pieza de bloque regulable que cuando se mueve del centro de gravedad, se detecta. Cuando conseguía el equilibrado exacto, la sellaba y quedaba todo el paquete equilibrado. Por eso no se para. El generador no es un móvil perpetuo porque es imposible en el hábitat de la Tierra, por su fuerza centrípeta, pero sí es eficaz.

Su invento genera electricidad gratis, algo que parece inviable, ¿cómo es posible?
Parece que es como encontrar la piedra filosofal, pero no, es física. La energía ni se crea ni se destruye, se transforma, y yo hago eso, transformar una energía magnética. Lo que ideé es un áncora magnética. Es una rueda que gira a unas revoluciones y hace girar con una longitud de onda muy exacta a otra que hay en frente.

Ha patentado algunos de sus inventos, pero este ha decidido donarlo al dominio público, ¿cuál ha sido el proceso?
La ley de patente es muy clara en ese aspecto. Cuando un investigador presenta un proyecto a la opinión pública y a los medios más de dos veces ya es del dominio público, ya ninguna multinacional puede poner a su nombre esa idea. Así que este invento es tuyo igual que mío. Cualquiera lo puede fabricar, teniendo los componentes.

Cuando me casé, con 18 años, a los pocos meses fabriqué un despertador electrónico”.

Sobre las patentes, hay que criticar que en España solo pueden patentar los ricos. Los políticos están subiendo continuamente el mantenimiento de la patente, el seguro de la patente, el registro… Lo hacen todos los años un 10, 20, 30% para tener más dinero y solo está al alcance de los ricos.

¿Cuándo le surgió la idea de ser inventor?
He tenido esa idea siempre. Lo primero que inventé fueron unas gafas submarinas, cuando no tenía ni 12 años. Aquí, en Zafra, había un taller de neumáticos vulcanizados de un tío mío. Yo iba allí cuando salía del colegio, que estaba enfrente, y se me ocurrió hacer estas gafas. Las hice con mi fisionomía y se ajustaban perfectamente. Eran de caucho sintético vulcanizado y le puse tres válvulas arriba con tres tubos de plástico y una boya. Yo me metía debajo del agua con esas gafas y aguantaba más que nadie. Cuando me casé, con 18 años, a los pocos meses fabriqué un despertador electrónico que, dándole cuerda en el sentido contrario, sonaba el timbre y por narices me tenía que levantar a apagarlo. Luego he hecho muchos inventos más.

Ya, con 76 años, me estoy dando cuenta de que la vida es muy cortita y que es una maravilla todo lo que tenemos”.

¿De dónde salen esas ganas de ayudar a los demás sin ningún interés?
De mis padres, que me criaron con esa premisa. Ya, con 76 años, me estoy dando cuenta de que la vida es muy cortita y que es una maravilla todo lo que tenemos. Yo tengo una familia muy grande, tengo nueve hijos que están todos sanos, tengo nietos, bisnietos… no le puedo pedir más a Dios. Creo que hay que darle algo a la sociedad porque le debemos mucho, y hay personas en la más completa miseria. Quiero que la gente sea feliz, a pesar del dolor que estamos pasando. Es lo que siempre procuro. No quiero que alguien con una necesidad no tenga dónde pararse o calentarse. Únicamente, lo hago por mi familia y por el resto del mundo.