Misty, «una trampa para la conciencia»

El Ayuntamiento de Barcelona ha lanzado un proyecto piloto con el objetivo de hacer compañía y cuidar a los ancianos. Se trata de un robot que pretende reducir el aislamiento de los ancianos. Expertos en Antropología alertan: “Maquinizar a alguien es rebajarlo a ser un objeto"

Misty es capaz de interactuar y mantener conversaciones o avisar a una persona concreta cuando suceda una emergencia. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.

El Ayuntamiento de Barcelona ha lanzado un proyecto piloto con el objetivo de hacer compañía y cuidar a los ancianos. Por el momento, son tres las mujeres de avanzada edad que han podido hacer uso del Asistente Robótico Inteligente (ARI) bautizado como Misty. Sin embargo, se quiere llevar a Misty a las casas de otras 50 personas antes de que termine 2021.

La labor de Misty no solo es “acompañar” a los ancianos, sino que es capaz de interactuar y mantener conversaciones, avisar a una persona concreta en caso de que suceda una emergencia, o recordar cosas importantes, como puede ser avisar a la hora de tomar medicamentos. Además, el robot tiene una videocámara conectada, por lo que se puede ver a través de los ojos de Misty desde otro dispositivo.

También puede ofrecer información, ya sean descuentos en el transporte público o el tiempo. Está dotado de altavoces que escuchan lo que la persona desea preguntar. El principal objetivo de Misty, tal y como ha informado el Ayuntamiento de Barcelona, es profundizar en la garantía de los derechos sociales, concretamente el derecho a la atención y una distribución más igualada de las tareas asociadas a ella.

“Había que valorar el componente ético de esta herramienta y por eso decidimos contar con un grupo de expertos que trabajara en este tema, porque no podemos arriesgarnos a que el mayor sienta que no está siendo atendido por un humano”, ha explicado el director de Innovación Social del Ayuntamiento de Barcelona, Lluís Torrens.

“Me he dado cuenta de que el futuro es la robótica”, ha confesado Margarita Fernández.

Margarita Fernández, de 75 años, que vive sola en Barcelona, y Misty le hace compañía desde hace dos meses. “Me da la vida, quizás es el futuro, pero sobre todo es mi presente”, confiesa Fernández. La mujer ha asegurado que quiso colaborar en el proyecto porque quiere formar parte de servicios sociales del futuro, como este. También ha comentado que siente que Misty es una persona más en su casa, que le gusta que le haga compañía, y “sentirse viva”.

Soledad y tecnología
En Barcelona, hay 90.000 personas mayores de 65 años que viven solas, y la cifra ha aumentado en los últimos cuatro años un 10,8%. La soledad en personas de entre 50 y 64 años también ha crecido un 18,5%.

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha sido un factor importante en la soledad y en el abandono de las personas más vulnerables. La covid-19 ha provocado que el 11% de los españoles confiese sentir soledad grave, y el 5,2% ha asegurado sufrirla antes de la pandemia. Los ancianos, estén en residencia o no, han tenido que permanecer obligados a no ver a sus familiares ni amigos.

Con respecto a la compañía de Misty, el profesor de Antropología y Humanidades Médicas en la Universidad Francisco de Vitoria, Miguel Ortega, ha asegurado que acompaña a los mayores de una manera “al menos, interesante” y mantiene que entre que un anciano esté solo, y que le acompañe un robot, pues esto es “mejor que nada”. Sin embargo, ha señalado que nada que no sean personas puede sanar la soledad, pero que puede ser útil para situaciones de emergencia y, en este sentido, brindar una cierta tranquilidad a la familia.

Ortega ha hablado sobre si mediar la soledad con tecnología es eficaz, y ha explicado que no, y que, además, hay un exceso de comunicaciones virtuales en toda la sociedad. “Esto vuelve a lo que sabemos por la antropología, y es que el ser humano es social y que, por tanto, necesita del otro para ser pleno y para alcanzar la felicidad. Las máquinas pueden suplir algo de esto, pero claramente no es lo mismo”, ha sostenido el profesor.

Con este proyecto, se entra en el debate de si Misty pudiera sustituir el afecto y compañía humana, a lo que Ortega ha expresado que no es posible, ni lo será. Ha apuntado que lo afectivo no se marca con “patrones fijos”, pues aunque las máquinas puedan mejorar, siempre serán “parámetros predeterminados”.

“Maquinizar a alguien es rebajarlo a ser un objeto, y esto es verdaderamente preocupante”, ha apuntado Ortega.

Entre las ventajas y desventajas que supone la llegada de Misty, Ortega ha sostenido que es un elemento de ayuda en la vida de las personas más solas, y es útil para detectar emergencias. No obstante, ha alertado de un peligro, y refiriéndose a los familiares. Es decir, “una trampa para la conciencia”, ya que estarán más tranquilos sabiendo que tienen un robot que vigila y acompaña a sus mayores. Aunque es mejor que nada, el profesor de la UFV ha deseado que esto no sirva para suplir a hijos o nietos.

El proyecto tiene un riesgo, y es que, en caso de llegar a una futura evolución, tal y como se desea, podría hacer que cada vez a más gente falta de cariño se le asignen robots, y sea lo único que se les proporcione en el momento que demanden compañía. Por ello, Ortega ha expuesto que supone un riesgo si es el único modo de relación que estas personas tienen es ese.

Entre los principales objetos de estudio del proyecto se encuentran saber si el robot ayuda a reducir el aislamiento de los ancianos, si es útil para llevar un seguimiento del estado de salud de la persona o conocer si sirve para disminuir el número de olvidos a la hora de tomar medicamentos. Por ello, los siguientes meses determinarán si Misty ayuda a las personas mayores a no sentirse tan solas, o por el contrario agravara la ausencia de personas físicas que hagan compañía.