‘Lo Que De Verdad Importa’ vuelve “con otros ojos“

La 15ª edición de este evento se celebró, el 29 de octubre, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid y contó con la participación de Ousman Umar, Álvaro Trigo, Antonio Pampliega y Carlos Morett

Antonio Pampliega hablando sobre Afganistán en 'Historias de esperanza' | Fotografía: Fundación 'LQDVI'

La 15ª edición del congreso de la Fundación Lo Que De Verdad Importa se celebró, el viernes 29 de octubre, de 9:00 a 14:00 h, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Los ponentes fueron Ousman Umar, Álvaro Trigo, Carlos Morett y, en la sección Historias de esperanza, el periodista de guerra Antonio Pampliega, quien habló sobre Afganistán. Además, Aitana ganó el premio Algo más que una canción.

El tema de este año era ver la realidad #ConOtrosOjos. La presentadora, Pilar Cánovas, empezó el congreso con un discurso en el que agradeció la participación de todos los patrocinadores y de los asistentes, la gran mayoría de ellos eran de institutos. La sala estaba llena y la emoción se palpaba en el ambiente. “Yo creo que volvemos y vemos la realidad con otros ojos porque creo que algo nos ha enseñado esta pandemia”, dijo Cánovas. Así empezó el congreso Lo Que De Verdad Importa.

Ousman Umar
La primera de las historias fue la de Ousman Umar, un hombre que sobrevivió a dos naufragios de pateras llenas de inmigrantes. “Para mí, es un honor poder estar aquí y aún más importante, poder ser el blanco perfecto”, esta fue la carta de presentación de Umar. “El regalo más importante que me podéis dar hoy es vuestro tiempo”, continuó el ponente. Ousman Umar necesitaba contar “esta historia hasta que no haya más historias como esta que contar” y quiso contextualizarla dando datos sobre África. Se hablan más de 3.000 idiomas, hay 54 países y allí se encuentran 6 de las 10 mejores economías en la época de la pandemia de coronavirus. La esclavitud es uno de los golpes más fuertes del continente y eso explica bastante la situación actual de África. Lo interesante de los movimientos migratorios es que el 75% de estos son dentro del mismo continente, mientras que solo el 25% de los migrantes salen fuera.

Umar nació en Ghana, en África Occidental, y explicó que, en su país, “si muere la madre en un parto, se cree que la culpa es del recién nacido”, por lo cual, “también tiene que morir”. El primer milagro de la vida de Ousman Umar fue que gracias a que su padre era el chamán de la tribu pudo salvarse. El pequeño Ousman fue creciendo y, con él, también crecía su curiosidad y, aunque caminaba 14 kilómetros para ir a la escuela, no contaba con suficientes fuentes de información. La realidad de muchas infancias fue que los niños crecían trabajando, por ejemplo, con el coltán, el mineral con el que se hacen los smartphones. “No he conocido todavía ninguna mina de coltán, sin embargo, todo el mundo tiene smartphones”, manifestó el ponente. 

Cada vez que Ousman Umar hablaba, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid reinaba un silencio sepulcral. El ghanés explicó que cruzó el Sáhara, que, literalmente, “trabajaba como un negro” y que estuvo “en manos de traficantes”. Para salir del continente e ir al “país de los blancos”, tenían que fabricarse ellos mismos las pateras, lo que significaba que no fabricaban barcas, “eran ataúdes”. En ese viaje, una patera con más de 150 personas contigua a la suya se hundió. Un mes después, volvió a alta mar. Umar enseñó un vídeo en que se mostraban imágenes horribles del hundimiento de pateras, “esto es la información que nadie quiere ver”, recalcó.

Ousman Umar, contando su historia de superación | Fotografía: Fundación LQDVI

Umar consiguió llegar a España y, al ser menor de edad, tenía el derecho de decidir en qué lugar quería vivir. El ghanés solo sabía decir dos palabras en español, “España” y “barca”, por lo que las autoridades interpretaron “Barcelona”, así que allí acabó. Estuvo dos meses viviendo en las calles de Barcelona, comiendo de la basura. “La cuestión era que yo era totalmente analfabeto, no sabía ni catalán ni castellano”, explicó Umar, quien no perdió nunca la esperanza. Un día apareció una señora, que “en vez de asustarse, me cogió de la mano”. Esa señora era Montse, quien junto a su marido, Armando, acogieron a Umar y se convirtieron en sus padres adoptivos. “Por segunda vez, volví a nacer”, recalcó Umar. El público se emocionó.

Ousman Umar pasó de ser analfabeto y de estar en la calle a tener estudios universitarios en tan solo seis años. “Yo creo que la solución es la educación”, afirmó. Umar también fundó Nasco Feeding Minds, con el objetivo de “alimentar mentes”, ya que “si alimentas la mente, alimentas para siempre”. Él quería crear prosperidad, no caridad. La historia de Umar acabó y la presentadora, Pilar Cánovas, se acercó y le confesó: “Ya sabía que nos tocarías el corazón, Ousman”. La intervención del conferenciante se dio por terminada con una ronda de preguntas y la explicación de Umar para el racismo: “Yo creo que el racismo es la acumulación de tres cosas: el desconocimiento, el miedo al pobre y al otro y una profunda ignorancia”. Todos los asistentes se levantaron y ovacionaron al ghanés.

Álvaro Trigo
En la segunda ponencia, fue el turno de Álvaro Trigo, un madrileño de 27 años de edad. Trigo contó que, con 18 años, iba por las mañanas a la academia de bomberos y por las tardes asistía a la Universidad Autónoma de Madrid. Era un joven fuerte y deportista, que acabó corriendo una maratón, de 42 kilómetros, ese año. Se enamoró tanto de esa distancia que siguió entrenando e investigando hasta que encontró el llamado Ironman, una carrera que consiste en nadar 3,8 kilómetros, pedalear 180 kilómetros y correr una maratón. Quedó segundo en su categoría y, además, también competía en kickboxing. Aparte de todo eso, al ser tan joven, “salía todo lo que podía y más”, explicó, entre risas, el ponente.

La primera lección de realidad le vino dos años más tarde, en el verano de 2017. Su hermana mediana sufrió un accidente de coche y murió. “En ese momento, te das cuenta de lo frágiles que somos los seres humanos. La vida no espera a nadie”, recordó Trigo. Después del accidente, su familia se unió más. Cuando parecía que estaban saliendo de esta situación, seis meses después del accidente, Álvaro Trigo se encontraba en su casa de Andújar (Jaén) cuando encendió la chimenea y empezó a arder la casa; con tan mala suerte que cayó y se quemó el 63% del cuerpo. Trigo se quemó los dos brazos, la espalda y las piernas, hasta la altura de la rodilla. Salió corriendo hasta la casa de sus tíos, que vivían cerca. “No recuerdo nada de dolor. Vino la ambulancia, me pusieron una vía y yo no recuerdo nada”, explicó desde el punto de vista de lo que le habían contado sus familiares.

Álvaro Trigo entró en coma y tuvieron que trasladarle al Hospital Virgen del Rocío, de Sevilla. Los médicos informaron a sus parientes de que tenía entre un 10% y un 20% de posibilidades de sobrevivir. “Tenía 23 años y estaba en forma, 10 días después mejoré un poquito y me desperté del coma”, relató el joven. Trigo explicó que sentía que se moría, aunque sus padres estaban “sonrientes”. Su padre le dijo: “Cómo te vas a morir, si me han dicho los médicos que el año que viene vas a poder correr la maratón de Sevilla”. Cinco días después, los médicos subieron al paciente a planta y solo entraban los profesionales tapados porque al no tener piel, Trigo era susceptible de coger enfermedades. “Toqué fondo, quería morir, no quería luchar más”, expresó, quien dijo que le operaban una vez a la semana con piel de donantes. Trigo declaró que lo peor de todo era el olor, aunque “en ese infierno, también había ángeles”.

Álvaro Trigo, narrando su historia después de haberse quemado el 63% del cuerpo | Fotografía: Fundación LQDVI

Su familia se mudó a Sevilla. Álvaro Trigo la tuvo en todo momento a su lado: “Nadie me faltó a través del cristal, y esa gente fue la que me salvó”. Cuatro meses después del accidente, a finales de mayo, salió del hospital. Trigo pasó todo el verano con su familia y sin poder salir, por los efectos que tenía el sol sobre las quemaduras. Después del verano, decidió apuntarse al gimnasio. El joven empezó a entrenar y a recuperarse. Explicó que buscó referentes a quienes les hubiera pasado lo mismo, ejemplos de superación, pero “no encontraba a nadie”.

Tiempo después, Álvaro Trigo decidió hacer retos solidarios para ayudar a la Formación Senegal. El primero de todos fue cruzar nadando los 18 kilómetros que separan la isla de Formentera de Ibiza. Trigo quería recaudar fondos, quería “saber que servía para algo”. En 2020, también consiguió cruzar los 10 kilómetros entre las Islas Cíes, con los pies atados. En mayo de 2021, Álvaro Trigo le consiguió a un joven, Dani, las prótesis de 40.000 euros que necesitaba, con la aportación del Real Betis Balompié. La ponencia de Trigo acabó y él concluyó diciendo: “Nadie nos debe nada. Nada sustituye al esfuerzo. Seguir cuando has perdido la fe es lo que marca la diferencia”.

Historias de esperanza
Pilar Cánovas empezó la tercera ponencia contextualizando que “hace dos o tres meses llegaban imágenes tremendas de Afganistán”. El periodista de guerra Antonio Pampliega habló de una historia “físicamente imposible”. El domingo 15 de agosto de 2021, “estaba pegado a la televisión, en Málaga, con la BBC, sin parar” viendo el Afganistán de hoy, en blanco y negro y en azul añil, el azul del burka y el azul de la cárcel para las mujeres. Los talibanes habían entrado en Kabul. Pampliega explicó que “los talibanes son esas personas que prohíben el cine, las cometas, los deportes, la música. Prohíben la música de las mujeres, porque según ellos hacen que el hombre pierda el sentido”. También manifestó que prohíben a las mujeres estudiar y salir a la calle, que si se pintaban las uñas, les amputaban los dedos uno a uno.

El periodista viajó a Afganistán por primera vez en 2010 y, desde entonces, ha ido ocho veces. Pampliega dijo que los 20 años de democracia se han desmoronado y han llegado los talibanes. “¿Qué futuro les espera a las mujeres de Afganistán? Una cárcel, ser menos que nada, el infierno, tener que vivir escondidas”, dijo el periodista. El 15 agosto, dejó el teléfono y empezó a vibrar con los mensajes de sus amigos afganos, que le pedían que los sacara de ahí. La capitana nacional de la selección de baloncesto en silla de ruedas, Nilofar Bayat, le suplicó: “Sácame de aquí porque mi vida se acaba. Mi padre quiere que me vaya porque fuera puedo vivir y aquí estoy condenada a ser una esclava, o incluso mucho peor, es posible que los talibanes acaben con mi vida”.

Antonio Pampliega cuenta con 15.000 seguidores en Twitter y se le ocurrió que, si esta red social es la “herramienta del siglo XXI”, iba a “hacer ruido, a ver si alguien lo escucha”, y creó un hilo con su historia. Pampliega contó que, en los años 90, un proyectil mató al hermano mayor de Nilofar Bayat y a ella la hirió en la espalda, por lo que tuvo que pasar por 12 operaciones: “Es mujer y es un símbolo contra la opresión”. El periodista lanzó el hilo para que alguien le ayudase, ya que él no podía hacer nada. Estos tuits llegaron al presidente la Federación Española de Baloncesto, Jorge Garbajosa, quien le preguntó qué necesitaba y Pampliega le respondió: “Necesito meterla en uno de los aviones que llegan a España”. Solo podían acceder dos personas a ese avión. Las familias en Afganistán consisten en más de 30 miembros. Nilofar Bayat eligió que la persona que la acompañara a España fuera su marido, Ramesh. Ambos consiguieron un salvoconducto, un billete en ese avión “camino a la libertad”. Pampliega advirtió a Bayat de que tenían que ir al aeropuerto militar de Kabul porque las fronteras terrestres estaban cerradas. Al llegar al lugar indicado, los talibanes le pegaron, a lo cual el periodista le dio este consejo a la afgana: “Es tu vida, lucha por ella”. El 18 de agosto, Antonio Pampliega recibió una foto de Nilofar Bayat y de Ramesh: “Antonio, hemos conseguido pasar, me están chequeando los pasaportes, vamos a España”. El periodista de guerra, al acabar esta historia, se dirigió al público: “¿Os acordabais de que os decía al principio que es una historia imposible? Nilofar sube”. Entonces, el público rompió a aplaudir y la afgana subió al escenario.

Pampliega le explicó a Nilofar Bayat que el público consistía en, aproximadamente, 2.000 adolescentes que no sabían nada de Afganistán ni de los talibanes, por si les podía explicar en qué consistía la situación que estaba viviendo Afganistán. “Mi corazón está latiendo superrápido. Para mí, nunca es fácil hablar de Afganistán. Fueron muchos desafíos en tan solo dos días y todo es posible si tú quieres, y Antonio lo hizo por mí”, empezó a decir Nilofar Bayat. 

Antonio Pampliega, hablando sobre Afganistán en Historias de esperanza | Fotografía: Fundación LQDVI

Los talibanes se habían hecho con el control de la ciudad sin disparar un solo tiro. Bayat contó, emocionada, su historia: “Las personas que tenemos discapacidad, para los talibanes no somos nada. Empecé a estudiar Derecho porque quiero defender mis derechos como ser humano”. Además, quiere ayudar a la gente que tiene discapacidad, por eso trabajaba con la Cruz Roja. Pampliega añadió que Bayat “quería convertirse en una especie de modelo”. “Si quieres, si luchas, si te entrenas, puedes llegar a algo en una sociedad en donde las personas discapacitadas no contamos nada para la sociedad”, añadió. En 2013, Bayat empezó a jugar a baloncesto y ya entonces los hombres, no los talibanes, la insultaban. En 2017, se fundó la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas y Afganistán ganó el campeonato internacional en Indonesia. Cuando llegaron los talibanes, “cortaron todos los derechos de la mujer de la noche a la mañana”. En Afganistán, no hay mujeres, la mitad de la población no existe. “El único lenguaje que hablan los talibanes es el de las armas”, manifestó Bayat.

Antonio Pampliega siguió llamando a sus contactos para seguir ayudando a sus amigos afganos. La directora general de la Fundación Lo Que De Verdad Importa, María Franco, le consiguió el teléfono de un teniente general del Estado Mayor, del cual Pampliega recibió una respuesta positiva: “Vamos a intentarlo”. En el aeropuerto internacional de Kabul había más de 20.000 personas para salir por una sola puerta. El teniente general le dijo al periodista que sus amigos debían estar allí con trapos rojos y amarillos y gritando “España”. Un tiempo después, un soldado español le mandó una foto de uno de sus amigos y su familia. Ellos también se encontraban en el congreso. Su amigo, Jawad, tenía “sentimientos encontrados”, aunque reconoció que estar aquí es uno de los mejores momentos de su vida.

Antonio Pampliega hizo un documental hace años sobre mujeres que practicaban boxeo, tres veces por semana, en un gimnasio del Estadio Ghazi. Este documental se titulaba Boxing for freedom y reflejaba cómo mujeres afganas luchaban por su destino. En el año 2016, se hizo la presentación del documental y trajeron a España a las dos protagonistas, a Sadaf y a su hermana. Durante cinco años estuvieron en España trabajando, pero en cuanto los talibanes entraron en su país natal, pidieron ayuda a Pampliega para que salvara a su familia (padre, madre, hermana, hermano, cuñado y cuñada) y los trajera a España. Ambas asistieron también a este congreso, y, como muestra de agradecimiento, le regalaron una pluma al periodista.

Antonio Pampliega recibió un gran aplauso al final de su conferencia, todo el mundo estaba de pie. Además, en el auditorio se encontraban el teniente general Fernando García González-Valerio y el teniente coronel Rafael Pardo de Santayana, quienes fueron los que atendieron la llamada del periodista. Ambos recibieron una gran ovación y vítores de parte de los asistentes. Antonio Pampliega y los militares españoles consiguieron ayudar a 60 personas. La conclusión de Pampliega fue: “¿Sabéis lo que de verdad importa? Ellos”.

Carlos Morett
El último ponente de esta edición fue Carlos Morett, recién llegado de México. Morett es director, productor, emprendedor y speaker dedicado al cine. Como empezó diciendo él: “Me encanta hablar en público, aunque soy un poco malhablado”. Morett fue al congreso para contar cómo llegó a conseguir todo lo que es ahora. Para eso, necesitó tres cosas del público: tiempo, atención y poner los móviles en modo avión, y disfrutar que “esto es para vosotros”.

Carlos Morett creció en el barrio de Tepito, uno de los más peligrosos de México, en un entorno difícil. “Nadie aquí escogió dónde nacer”, afirmó el ponente. “Soy orgulloso hijo de madre soltera”, aseguró Morett, aunque explicó que su padrastro era violento, maltratador y alcohólico. Con 10 años, en el año 1984, Morett descubrió su pasión con la película Terminator: “Yo veo aquello y me vuelvo loco. Veo que hay algo más allá que mi barrio”. Se dedicó a mirar el cine de los 80, y se convirtió en fan de las películas de Rocky y James Bond. “Me encantaba estar en el cine” y “estar en mi casa no era bonito. La única herramienta que tenía para salir de ese entorno era la educación”, explicó el ponente, que cuando estaba en el instituto, a los 15 años, descubrió Terminator 2 y dijo: “No sé cómo ni cuándo, pero yo quiero hacer eso”. Morett recalcó que la palabra que más escuchaba era “imposible” y que no podría llegar a lo que aspiraba, por lo que siguió estudiando y se graduó con alto rendimiento.

Carlos Morett, en su conferencia que sirvió de inspiración | Fotografía: Fundación LQDVI

Al acabar el instituto, se fue a Estados Unidos con “una mochila, 100 dólares en el bolsillo y la bendición” de su madre. Morett limpió baños, trabajó de albañil y en una fábrica de galletas, entre otros. “Tenía que juntar dinero para irme a la mejor escuela de cine, que estaba en Canadá (Vancouver Film School)”. En un año, ahorró el dinero y se fue a Canadá. Pagó todo el año en la escuela y se quedó “sin un solo dólar”. El ponente contó: “Esa noche me quedé a dormir en un cajero automático y no fue la única noche. He llegado a comer de un contenedor de la basura. Cuando tú ya no sabes cuánto tiempo llevas ya sin comer, cuando tú ya sabes cómo es el frío del suelo, cuando tú no sabes qué va a pasar… por eso, la próxima vez que veáis a alguien en la calle, tú no sabes su historia”.

Morett consiguió un trabajo de albañil, el horario era de 4:00 a 14:00 h, y de 15:00 a 21:00 h iba a la escuela. Así terminó, en la víspera del año 2000. Entonces, descubrió la película El día de la bestia, del director español Álex de la Iglesia, y pensó: “Si esto se está haciendo en España, tengo que ir allí”. Llegó a la Universidad Complutense de Madrid e hizo el Máster en Tecnologías Digitales Interactivas para Posproducción de Cine. Allí presenció una masterclass, de mano de una persona de Canadá. El conferenciante relató que se acercó a esa persona y que sentía que estaba “en el momento justo, con la persona indicada y con la habilidad necesaria”. Mientras hablaba con este señor, se le acercó una persona que le observaba desde el fondo, que le preguntó si sabía de un tipo de software específico y le propuso trabajo. Así, Carlos Morett empezó a viajar por todo el mundo. Reconoció que tuvo ese trabajo no por sus calificaciones, sino por las habilidades que había desarrollado, “que es lo que te define”. “Empiezo a viajar y empiezo a crecer. Me había vuelto una persona indispensable y empecé a aprender. Lo estaba viviendo”, añadió. Cinco años después, se convirtió en el director comercial de la empresa y luego, en el jefe de ventas de otra empresa. “Y sigo y sigo y sigo”, enfatizó.

Llevaba 17 años en España cuando le ofrecieron ser el CEO de Telecom. “La vida no se graba, la vida se vive”, confirmó Morett. En ese momento, recibió una llamada de su madre en la que informaba de que le diagnosticaron cáncer. “Cambia toda mi escala de prioridades, renuncio a mi trabajo de CEO y me vuelvo a México”, afirmó. Su madre le dijo: “Sólo le pido a Dios que me dé vida para ver una de tus películas en cine”. Esa promesa se cumplió el 28 de febrero de 2020. “En esta vida, no hay nada imposible y lo imposible solo tarda un poco más”, aseguró Morett.

La conferencia estaba a punto de terminar. Morett fue un ejemplo de inspiración. “Tú no puedes estar siempre pensando en chingar o ser chingado. Puedes ser un chingón y lo que te convierte en chingón es que un chingón es chingón porque es feliz en lo que hace. Tiene algo que se llama Ikigai, en Japón”. El Ikigai significa “el propósito de la vida” y lo forman cuatro cosas, respondiendo a estas preguntas: ¿qué te apasiona?, ¿eres bueno haciéndolo?, ¿te puedes ganar la vida con ello? y ¿qué estás aportando el mundo o qué estás aportando a los demás?

Por último, Aitana, con su canción Ni una más, ganó el premio Algo más que una canción. La cantante no pudo asistir al acto, pero grabó un vídeo de agradecimiento: “Sinceramente, siento que es uno de los mejores premios que me han otorgado”, ya que la canción refleja la desigualdad. “Siento que ahora mismo tengo un altavoz y por eso sentía que tenía que hacer una canción como Ni una más, que se hablase de esa realidad. Al final, cuando visibilizas un problema es cuando más rápido puedes ir buscando esa solución”, concluyó la cantante. Así terminaron las cinco horas de la 15ª edición del congreso de la Fundación Lo Que De Verdad Importa. Fueron cinco horas de emoción y expectación, lágrimas y risas, que no dejaron impasibles a los asistentes.