El congreso ‘Lo Que De Verdad Importa’ emociona a los asistentes

Lola Fernández Ochoa, Alveiro Vargas y Davide Morana fueron los ponentes en la última edición de este evento de la fundación LQDVI, celebrado en Madrid

La decimocuarta edición del congreso de la fundación Lo Que De Verdad Importa se celebró el 27 de noviembre en el recinto ferial de Ifema (Madrid). Este año, debido a la pandemia de coronavirus, no pudo asistir tanta gente presencialmente, pero, aun así, el congreso se retransmitió también on line, donde se conectaron personas de distintas partes de España y de fuera del país. La presentadora, Pilar Cánovas, explicó que el hashtag de esta edición era #seguimosadelante y, para dar homenaje a todos los fallecidos durante estos meses, Lara Alcázar cantó el famoso tema Aleluya.

Después de un inmenso aplauso, Cánovas explicó que el escenario contaba con unos puntos donde se sentaron una pequeña representación de jóvenes, formada por miembros del Consejo de Jóvenes y miembros de la comunidad BYG (Give Your Best) de la fundación, junto con alumnos y residentes del Colegio Mayor Francisco de Vitoria, ya que, como dijo la presentadora: “Este año queremos sentirnos más arropados que nunca, y, ¿por quién nos vamos a sentir nosotras más arropadas? Por nuestros jóvenes. Todos los que siempre lleváis estando con nosotros”.

La primera ponente, Lola Fernández Ochoa, subió al escenario con una sonrisa en el rostro y con una mochila llena de piedras en la espalda. Se presentó: “Soy Lola, pero soy Lola siempre con una muletilla detrás. Soy Lola, la hermana de Paco Fernández Ochoa; Lola, la hermana pequeña del clan de los esquiadores; y, por supuestísimo, soy Lola, la hermana de Blanca Fernández Ochoa”.  

Después de poner en contexto al público, enseñando la gran hazaña de Paco y decir quiénes eran sus hermanos, explicó el porqué de esa mochila llena de piedras: “Creo que pesan, pero no todas pesan. Hay cosas que son, para mí, contrapesos, pero, es lo que ha forjado mi personalidad y mi vida”. La primera piedra representa el deporte, con todos los valores que conlleva este (sacrificio, perseverancia, disciplina y superación). La segunda, pintada de rojo, se la dedicó a su hermano Paco, significando la pasión. “Yo creo que por él todos los hermanos hemos querido esquiar, hemos querido viajar, hemos querido ser como él: risueño, divertido, alegre”. Paco Fernández Ochoa enfermó y murió en 2006, pero antes de fallecer le dejó a su hermana una gran lección de vida: “Tú tienes que ser especial, tienes que ser risueña, tienes que organizar cosas. Por favor, que cada día sea un poco especial y que nadie te gane en reír”.

“Para mí, esta tribu de amigos que tengo, os puedo asegurar que me han salvado de todo. Gracias a ellos, he podido con este año”, concluía Lola Fdez.Ochoa”

La siguiente piedra, pintada de rosa, representa la felicidad, por su hija pequeña Carol. Ella nació, en 2007, con una hernia diafragmática y la operaron nada más nacer. Estuvo ocho meses en la UCI y quedó con secuelas neurológicas. Durante años fueron a rehabilitación e hicieron todo tipo de terapias. Con ese esfuerzo, consiguieron que ahora Carol ande, aunque sea un poco. “La verdad es que he conseguido que lo que era un drama, ahora para mí es una felicidad”, dijo emocionada la ponente. Blanca, su otra hija, es la cuarta piedra: “La he querido pintar de verde porque dicen que es el color de la esperanza, y, para mí, Blanca es eso”. Esta última es un contrapeso para ella.

Las siguientes piedras fueron la naranja (Adrián, su marido) y la de su clan (“soy lo que soy por la gente que tengo detrás, mis hermanos”). Otra piedra fue una que sí pesaba, en representación del sacrificio, era su hermana Blanca, ya que cuando parecía que iba a ganar una medalla en los Juegos Olímpicos se cayó y perdió, pero, a los cuatro años de seguir entrenando, ganó en los Juegos celebrados en Francia. A Blanca le diagnosticaron bipolaridad unos años después. En 2019, desapareció en la Sierra de Guadarrama y sus hermanos se sorprendieron al ver a tanta gente volcándose en su búsqueda. Días más tarde, le dedicaron un homenaje en el lugar donde la encontraron. “Para mí, esta tribu de amigos que tengo, os puedo asegurar que me han salvado de todo. Gracias a ellos, he podido con este año”, concluía Lola, antes de dedicar la última piedra, pintada de azul, a la fundación. Acabó diciendo que “lo más importante que hay en esta vida es tener un clan, tener a esas personas que siempre están al lado. Con los tuyos, las penas se dividen y cuando hay alegrías, se multiplican”. Al terminar, le preguntaron a Lola sobre cómo ha sobrellevado el estar separada de sus hermanos en la pandemia, sobre cómo gestionar tanto peso “en una mochila”, qué ha aprendido de sus hijas y si le han enseñado a vivir más feliz.

Un “angelito” para los mayores
El siguiente ponente fue Alveiro Vargas, quien por la pandemia no pudo venir a España desde Colombia. La historia de Alveiro es que a los nueve años empezó un proyecto de solidaridad en su barrio, Bucaramanga, para ayudar a los ancianos. Entre los más mayores era conocido como el “angelito”. Él les daba de comer, los bañaba, les enseñaba a escribir, los fines de semana organizaba actividades para ellos, como bailes o partidos de fútbol, etc. Poco a poco, fue siendo más conocido y cada vez más personas le ayudaban en este proyecto, desde niños de su edad hasta comerciantes de la ciudad.

Toda la historia está reflejada en un documental de una hora de duración. “Estoy convencido de que para ser buenos no necesitamos cosas externas, somos buenos por naturaleza”, declaró el ponente con convicción y alegría. Él empezó ayudando a su abuelo y ahí surgió su pasión. Vargas recalcó que “el mundo necesita personas apasionadas, personas que quieran cada día hacer cosas diferentes”, y destacó: “Lo único que necesitamos son las ganas, la voluntad y el amor”. La Fundación Alveiro Vargas ahora, 36 años después, cuenta con tres casas en Bucaramanga donde atienden a más de 300 personas mayores.

La Fundación Alveiro Vargas cuenta con tres casas en Bucaramanga donde atienden a más de 300 personas mayores.

El tercer ponente fue Davide Morana, quien contó su historia de superación. Empezó su relato explicando que desde pequeñito tenía un gran sentido de la justicia innato, que hizo ganarle el papel de oveja negra de la familia. A los 14 años, un equipo de baloncesto del norte de Italia le fichó, por lo que tuvo que mudarse desde Sicilia. Tres años después llegó su primer bache físico, la diabetes. Por este motivo, tuvo que volver a casa, pero, él no se rindió, siguió entrenando y haciendo deporte, hasta conseguir entrar en otro equipo, pero, dos años después, se lesionó gravemente en la ingle, por lo que se acabó definitivamente su carrera. “Estaba un poco frustrado, aunque la esperanza siempre se quedaba conmigo”, relató. 

Morana tuvo una época rebelde, salía mucho de fiesta, volvía tarde a casa, discutía a menudo con sus padres por tonterías… “En ese momento ya no veía salida, hasta que conocí a Cecilia, mi actual pareja”. Ella estaba haciendo un Erasmus en Palermo. “En la multitud, noté una mirada distinta hacía mí, que se me clavó en lo más profundo de mi corazón, y me dije que, inexplicablemente, esa mujer me iba a sacar de esa situación”. Morana se mudó a España, concretamente a Murcia, y empezó a trabajar de camarero. “Al año, había ahorrado lo suficiente como para empezar una formación profesional de grado superior de técnico agrícola”, explicó el ponente, que dijo que su rutina era agotadora y muy estresante.

“Por fin, seguía adelante, sin rencor, sin remordimientos, simplemente con amor y ganas de superarme, de conseguir más y más objetivos a lo largo de mi vida. El segundo año, me faltaba muy poco para terminar la formación profesional, dos asignaturas más y las horas de prácticas, tenía mucha ilusión por terminarlo, pero, ese día, nunca llegó”, con estas palabras Morana dejó al público mudo. “El 13 de enero de 2018 llegó mi tercer y, espero, que último bache físico de mi vida. Además de que no puedo permitirme el lujo de perder más trozos, entendedme, es muy complicado”, dijo en tono jocoso. La audiencia estalló en una marea llena de aplausos agridulces, había captado la atención de todos los espectadores, la gente esperaba impaciente lo próximo que iba a contar.

“La enfermedad llegó de golpe y no me lo esperaba, para nada. Además, gozaba de salud”, empezó a decir Morana. Explicó que esa noche no fue a trabajar porque empezó a encontrase mal: “Los primeros síntomas de la meningitis bacteriana suelen ser parecidos a los de una gripe: leves dolores de cabeza, fiebre muy suave y malestar general”, por ello el médico le recetó ibuprofeno y paracetamol. “Empezaron por la noche los verdaderos síntomas de la meningitis, que son bien distintos: vómitos a escopetazos, fiebre muy alta, fuertes dolores de cabeza, insoportables y, finalmente, petequias de color rojizo en toda la superficie de mi cuerpo, signo de que la bacteria ya había pasado desde el lugar donde residía, que es la garganta, hasta el torrente sanguíneo. Mi cuerpo se estaba poco a poco envenenado, para dejar paso a lo que iba a ser una posible muerte”. El público estaba cada vez más conmocionado por esta historia. Davide Morana apuntó que esa mañana se encontraba perfectamente y justamente habló con Cecilia para hacer algo que consiguiera cambiar la actitud de los jóvenes ante la poca valoración que sienten hacia lo que tienen al lado.

Davide Morana estuvo tres meses en el hospital: “No se me olvidará en la vida esa temporada, y no hay que olvidar nunca lo malo, porque en lo malo está lo bueno”. En las primeras 48 horas los médicos no confiaban en que siguiera adelante porque tuvo un fallo multiorgánico. “Lo único que mantenía mi corazón latiendo y con vida eran las altas dosis de adrenalina que desesperadamente los médicos se aferraron a ella para esperar un milagro”, relató. Avisaron a su familia de que no había esperanza, pero, afortunadamente, después de esas 48 horas, su “corazón empezó a latir por su cuenta”. A los siete días de coma, salió definitivamente del peligro de muerte. “En los pocos momentos de lucidez, recuerdo las extremidades negras, que no podía mover y que me ocasionaban mucha angustia. Sin saberlo en ese momento, ya estaba aceptando la situación”, los médicos le amputaron los cuatro miembros. “En mis charlas, el personal sanitario siempre estará conmigo, porque si no hubiera sido por ellos, no estaría aquí. Sería de necios no darse cuenta, hay que valorar a este colectivo”, recalcó Morana con convicción.

Davide Morana salió el 10 de abril de 2018 del hospital, después de 86 días. Al no poder comer e ir al baño por su propia cuenta, dependía de sus padres y de su pareja para hacerlo. Cecilia le enseñó que había gente que seguía adelante con la ayuda de las prótesis, pero, “las prótesis de buena calidad no están financiadas por el Catálogo Protésico de la Seguridad Social Española”. El problema era que estas prótesis costaban más de 200.000 euros y, en ese momento, no contaban con tal cantidad de dinero. Lo que hicieron fue recurrir a las redes sociales y contar la historia, a través de una página web, para llegar a la gente y que se solidarizasen con ellos. “¿Sabéis qué pasó? Pensamos que tardaríamos años en recaudar tanto dinero, pero, en una semana y media, la gente se volcó por completo. Tenía el presupuesto más que alcanzado, incluso superado”, confesó emocionado, contagiando este sentimiento a todos quienes le estaban escuchando.

Empezó la rehabilitación, a los cinco días ya caminaba (“estaba agotado, pero feliz, llorando de alegría”) y quiso unos pies de deporte para poder correr, lo cual consiguió hacer al mes. “Pero claro, cuando pude ponerme las manos, el cansancio ya no era físico, era mental. Por las manos pasa la mayoría de nuestra actividad, nosotros nos gestionamos gracias al tacto. Con las prótesis es mucho más complicado, no tienes sensibilidad”, poco a poco volvió a aprender a cocinar y a usar las manos adecuadamente. Para concluir, el ponente quiso recalcar dos valores: la aceptación y la resiliencia. El público, después de escuchar un texto escrito por él, se levantó en un aplauso lleno de agradecimiento y comprensión. 

La pandemia, a debate
La jornada estaba llegando a su fin. Pilar Cánovas y Jota Abril presentaron un coloquio sobre la pandemia en el que se reflejaron los distintos puntos de vista (social, sanitario, empresarial y de los mayores) vividos en estos meses. En este coloquio hablaron Margarita Ortiz, directora del proyecto Family Meals, Belén Lafuente, enfermera oncológica, Laura Carrera, directora de una residencia de mayores, y Antonio Espinosa, gerente de Auara. Todos ellos contestaron lo que habían aprendido en esta situación. También respondieron a esta pregunta los patrocinadores del congreso: Juan Matji, presidente de Cantabria Labs, David Menéndez, director de Responsabilidad Social Corporativa de Bankia, Rafael Fernández, director de Marca, Patrocinio, Medios e Investigación de Telefónica, Juan Llovet, director de Comunicación y Sostenibilidad de Gonvarri, María José Ballestero, responsable de Patrocinios y Relaciones Institucionales de la Fundación AXA, y Vicente Montes, director de la Fundación Rafael del Pino.

Esta edición terminó con la entrega del premio Algo más que una canción. La directora de la fundación Lo Que De Verdad Importa, María Franco, dio el galardón al hermano de Pau Donés, Bernat. Al son de la canción premiada Eso que tú me das, acabó una jornada llena de sensaciones encontradas, que no dejó impasible a nadie.