48 horas regalando sonrisas

Alumnos de segundo curso del Colegio Mayor Francisco de Vitoria realizan las prácticas sociales con la Fundación Altius

Alumnos de segundo curso del Colegio Mayor Francisco de Vitoria realizan las prácticas sociales con la Fundación Altius

La Universidad Francisco de Vitoria promueve los valores del bien y la verdad entre sus alumnos. Por esta razón, los estudiantes de segundo curso de la mayoría de las carreras tienen Responsabilidad Social como asignatura obligatoria. Con esta materia, se intenta que los jóvenes se acerquen más a la experiencia del voluntariado, a ayudar a las personas más necesitadas.

Los alumnos que están en el Colegio Mayor Francisco de Vitoria colaboran con la Fundación Altius para hacer estas prácticas sociales. Esta fundación se formó el 9 de abril de 2002 y, desde el principio, su misión, complementando también la misión de la Universidad Francisco de Vitoria, es transformar la sociedad, según los valores cristianos, a través de la acción social y el voluntariado. Por ello, lo que intentan hacer los voluntarios es transformar la vida de personas en riesgo de exclusión, normalmente las que tienen falta de empleo. Los valores que caracterizan a esta fundación son el compromiso, la cercanía, el humanismo cristiano, la justicia social, la entrega, el crecimiento, la integridad, la transparencia y, por supuesto, la solidaridad.

La nueva jornada de voluntariado de los colegiales empezó el viernes por la tarde, con una recogida de alimentos en el Mercadona de Monteclaro y en otro de Majadahonda. Divididos en grupos reducidos, los estudiantes explicaron a la gente que se acercaba al supermercado a comprar que estaban haciendo una recogida de alimentos para las personas en riesgo de exclusión. Hubo personas que estaban con el móvil y no les hicieron caso, incluso hay algunas a las que ni les interesó escucharles.

Respuesta solidaria
Sin embargo, la gran mayoría de los consumidores del Mercadona se acercaron a escuchar y, al acabar su compra, hicieron sus donativos. Pasta, legumbres, galletas, aceite, comida y cosas para bebés, higiene personal femenina… fueron los productos que más llenaron los carritos de los voluntarios. Una anciana donó bolsas y más bolsas de comida, otra mujer dio dinero, una pareja de jóvenes llenó su carrito con más productos para donar que su compra inicial, profesores de la misma universidad ayudaron a la recolecta, etc. Y así, con casi seis carritos y los coches a reventar, los colegiales y sus formadoras, Yaye Moreno, Paulina Núñez y María Rodríguez, llegaron al Colegio Mayor para dejar las bolsas que al día siguiente repartirían entre las personas más necesitadas.

A las 20:00 h, el grupo de voluntarios se reunió en una sala común para atender a la charla sobre Nuevas pobrezas, de la mano de Menene Oluy. En esta tertulia apareció el tema de que las pobrezas han estado durante el principio de la historia de la humanidad y que pobreza en sí es «falta de». «Tempestades y dificultades ha habido durante toda la historia, pero debemos saber jugar», decía Oluy. Este explicó a los jóvenes que se necesitan elementos que den esperanza, como la bondad y la entrega de la gente, que instantes antes habían podido apreciar en el Mercadona.

Oluy explicó que todas las pobrezas tienen algo en común: «Es la persona entera la que es pobre, porque el ser del hombre está entre la vida y la muerte”. Declaró también que «hay que encontrar algo que te dé sentido en tu ser del pasado, del hoy y del mañana», es decir, encontrar la verdad, el bien y la libertad. Pero esta última no va sola. La libertad siempre tiene que estar al servicio del bien y de la verdad. «Necesito cosas buenas», destacó Oluy.

Esperanza y libertad
En la charla se planteó la pregunta del qué busca el ser humano, y la respuesta fue la felicidad. «Buscar la felicidad es buscar conocer, es lo mismo que decir buscar el bien y la verdad. Es la manera de decir soy libre. Todavía hay esperanza porque nosotros somos libres. Siempre la felicidad auténtica está de la mano del bien», con esta frase Oluy animó a estos jóvenes a ir a Altius con una gran sonrisa, ya que «las personas que más necesitan sonrisas son las que no las regalan».

A las 9:00 h del sábado, los colegiales ya estaban de camino a la Fundación Altius para tener una jornada que no les dejaría impasibles. Al llegar descargaron del autobús todos los productos que recolectaron el día anterior y lo colocaron en cajas. Ya había gente esperando fuera para recoger su proporción semanal. Los chicos se pusieron en marcha y en parejas empezaron a recibir a la gente y a hacer las bolsas con los productos más demandados. A lo largo de esa mañana, pasaron cerca de 300 familias a recoger alimentos. «Vienen por derivaciones a través de la Seguridad Social. La trabajadora social justifica los trabajos, los horarios, los nombres… para poder recibir una ayuda de alimentos», explicó uno de los voluntarios.

Las familias dejaron de ir a la fundación a las 13:00 h, que es cuando cierran. Los voluntarios tuvieron un descanso para comer, y después, Paulina Núñez, formadora del colegio mayor y consagrada, reunió a los chicos para preguntar y compartir la experiencia.

«Al principio, tenía vergüenza para pedir comida a la gente», dijo Natalia Gálvez, quien también recalcó que, con la charla de Menene Oluy, aprendió a reconocer que hasta ella es pobre de alguna manera. Cristina Marín dijo: «Lo que ponga en la cesta es de lo que va a depender esa familia», y que es «una manera muy dura de vivir». A Laura González le llamó la atención que a una familia de cuatro miembros solo se les pueda dar cuatro litros de leche para una semana: «De un producto hay una marca y ya, cuando nosotros podemos elegir tanto el producto como la marca de este». Sandra Calzado explicó que se dio cuenta de la realidad cuando desde tan temprano ya había gente en la puerta esperando para que le dieran comida, «a pesar de los nervios, lo hacía». A Elena Sánchez también le impactó que «para una persona, prácticamente, las unidades eran las mismas unidades para cuatro». «Siempre sentía que faltaba más», añadió.

«Lo que ponga en la cesta es de lo que va a depender esa familia», asegura una de las personas que dona alimentos.

Patricia Valverde, a pesar de estar contenta y agradecer el detalle de darle las gracias después del esfuerzo que hacen los voluntarios al acercarse a ellos, explicó: «Tengo que darles yo de comer y depende de mí lo que van a comer durante esa semana, recae en mi conciencia». Elena Serrano declaró: «Es una experiencia que te hace ver todo desde un punto de vista diferente. Es algo que sabemos que esta ahí, que lo ves en el telediario, pero es algo que no llegas a interiorizar». «A esa persona le he dado a una alegría para toda la semana», añadió. Luis Lorite quiso recalcar el hecho de las personas que se paran a escuchar a los voluntarios en las recogidas de alimentos, «independientemente de que puedas ayudar o no, que te pares y te escuchen», y que «cuanto más borde sea, tú le sonríes más». César Quiaro también se sorprendió «al ver la bondad de la gente ayer y de lo agradecidos que estaban hoy».

El problema es que cuando una familia no puede venir un sábado, ya no pueden recoger comida hasta el siguiente sábado. Esto es una situación que puede ser humillante para ellos. Por todo esto, la Fundación Altius está sumamente agradecida con todos los voluntarios y, para los que quieran ayudar, tienen más de una campaña en marcha.

Paulina Núñez concluyó la jornada de las prácticas sociales afirmando: «No es tan imposible, complicarnos un poquito todos no es tan difícil». Además, se dirigió a los colegiales y les recalcó: «Que todo esto quede en vuestro corazón y conciencia».

Se pueden hacer aportaciones voluntarias a la Fundación a través de esta página. Para ser voluntario de Altius o realizar donaciones en especie, se puede contactar con el correo electrónico info@fundacionaltius.org o llamar al teléfono: 681 285 107