El Síndrome de La Habana, un misterio para la Inteligencia estadounidense

Se han publicado nuevos informes sobre el origen de esta patología que apareció entre los diplomáticos de EE. UU., en 2016, y de la que todavía se desconoce la causa

Los últimos informes publicados por la Inteligencia estadounidense revelan la falta de consenso sobre los posibles orígenes del Síndrome de La Habana.

El síndrome de La Habana fue identificado por primera vez en 2016, cuando varios diplomáticos estadounidenses destinados en Cuba, cuya capital da nombre al síndrome, sufrieron una serie de síntomas de origen desconocido. Los afectados relatan episodios de vértigos, náuseas, pérdida de equilibrio y problemas con las capacidades cognitivas como la pérdida de memoria o la dificultad para la concentración. Un problema que comenzaba con un fuerte pitido en los oídos y que, en algunos casos, ha producido lesiones cerebrales que han perdurado durante meses, lo que ha obligado a algunos miembros del cuerpo diplomático a dejar su cargo.

“Yo he estado en situaciones muy difíciles en mi vida, pero aquello fue terrorífico, había perdido el control, la habitación daba vueltas sin parar, sabía que algo malo estaba pasando. Cuando regresé a Estados Unidos apenas podía trabajar dos horas al día, no podía conducir y olvidaba cosas todo el tiempo. Aún hoy sigo sufriendo jaquecas continuas”, declaró Mark Polymeropoulos, principal funcionario de la CIA para operaciones secretas en Europa. Polymeropoulos sufrió el síndrome en diciembre de 2017, durante su estancia en Moscú, y todavía no se ha recuperado.

Hasta la fecha, se han reportado más de 200 casos entre diplomáticos, funcionarios y altos cargos del Ejército estadounidense. Los primeros casos, a los que el Gobierno denominó en su primer momento como “incidentes sanitarios anómalos”, se han ido repitiendo en China, Austria, Alemania, Colombia, Washington y los dos últimos han sido en París y Ginebra.

Es un síndrome que, a pesar de no ser tan conocido, ha alterado varias veces el funcionamiento del Gobierno estadounidense. El último imprevisto afectó a Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, quien tuvo que retrasar su viaje a Vietnam por dos casos registrados.

“Una cosa está clara: son ataques. Eso tiene que entenderse, aunque no sepamos exactamente en qué consisten, son sin duda intencionados.”, defendió Thomas Shannon, exsubsecretario de Estado de Estados Unidos.

Son numerosas las causas que se le han atribuido a esta serie de síntomas, desde el efecto de productos químicos para mosquitos hasta el sonido de los grillos. Teorías que se han ido descartando y que dejan a día de hoy tres posibles hipótesis.

A pesar de que en último informe publicado por la CIA se daba como causa más plausible de la aparición de estos síntomas, para la mayoría de los casos reportados, la situación de estrés y cansancio bajo la que trabajaban estos diplomáticos, son numerosas las voces que rechazan esta teoría, tanto desde el Gobierno de Canadá, cuyos diplomáticos también han sido víctimas en otras ocasiones, como desde dentro del Gobierno estadounidense. Thomas Shannon, quien trabajó como subsecretario de Estado para los gobiernos de Obama y Trump, declaró públicamente su disconformidad: “Una cosa está clara: son ataques. Eso tiene que entenderse, aunque no sepamos exactamente en qué consisten, son sin duda intencionados”.

El FBI defiende que la mayor parte de los casos podrían haberse producido por una enfermedad psicógena masiva, es decir que, al haber alarmado a los trabajadores con los primeros casos, hayan desarrollado los síntomas por sugestión.

Sin embargo, el comité de expertos creado por Joe Biden y coordinado por la oficina de la directora de Inteligencia Nacional y la CIA baraja otras teorías. El comité, dirigido por uno de los agentes que descubrió el paradero de Bin Laden, defiende que una fuente de energía electromagnética emisora de ondas de ultrasonido sería la teoría más viable: Una serie de pulsos de energía emitidos por un objeto todavía sin identificar y conducidas por el aire que alterarían la salud de quienes los reciben.

A pesar de que no se ha podido relacionar la emisión de estas ondas con el ataque de ningún país enemigo, esa posibilidad no se ha descartado. En un principio, se tomó como posible atacante a Rusia, que ya en la década de los 70 fue acusada de haber bombardeado el personal americano por medio de radiaciones de microondas. Sin embargo, la CIA ya lo ha considerado como “poco probable”.