El sistema electoral de Estados Unidos, explicado

'Mirada21.es' detalla las peculiaridades de las elecciones estadounidenses y algunas curiosidades

Redactado por Paula Burgos, Cristina Camacho, Nuria Usero y Yago Vázquez

Medio mundo ha estado pendiente del ganador de las elecciones estadounidenses, pero no todos terminan de entender cómo funciona el sistema electoral en Estados Unidos. Mirada21.es da a conocer algunas de las particularidades del voto en este país para comprender mejor cómo funciona el escrutinio. 

El sistema electoral estadounidense es el consolidado desde la aprobación de la Constitución de 1787, y una de sus peculiaridades es que establecieron el día de voto oficial en el primer martes después del primer lunes de noviembre. En la mayoría de los estados, en los centros electorales, hay un periodo de voto anticipado que permite votar antes del día fijado. En estas elecciones, debido a la pandemia de la Covid-19, el voto por correo se ha disparado.

Para ser presidente en EE.UU., es necesario haber nacido en el país, haber residido al menos 14 años en la nación y tener más de 35 años, por lo que cualquier ciudadano que cumpla esos requisitos obligatorios puede aspirar a la Presidencia.

El proceso de primarias también es diferente al que se hace en España. En Estados Unidos, el candidato a ser presidente debe ser antes votado por su partido y por los afiliados a este, durante el primer semestre del año. A pesar de ello, en estados como Iowa o Nevada existen las asambleas populares o caucus, donde los votantes que estén registrados en el partido se reúnen y debaten para elegir al aspirante a presidente.

El voto en Estados Unidos es de forma indirecta, es decir, los ciudadanos no escogen directamente al presidente en las urnas cuando se celebren las elecciones, sino que votan a los miembros del colegio electoral, y son estos quienes emitirán votos electorales en su nombre.

El colegio electoral está formado por 538 miembros (435 diputados, 100 senadores y tres delegados de Washington D.C.) y se reparten entre los 50 estados por población. El número de votos electorales que otorga cada Estado es el mismo al número total de senadores y representantes que tiene en el Congreso. Por ejemplo, California es el Estado más poblado, y le pertenecen 55 electores, sin embargo, Nuevo Hampshire tan solo tiene cuatro. A menos que haya alguna excepción, el candidato que haya conseguido más votos en un determinado Estado es el que se adjudica todos los electores.

En Estados Unidos, hacerse con el voto popular no significa conseguir la victoria, de esta forma, quien salga ganador en un Estado, independientemente del número de papeletas, se hace con todos los votos electorales. Por ello, un candidato puede perder las elecciones, aunque haya sido más votado que su contrincante. Fue el caso de Hillary Clinton, en 2016. Clinton obtuvo más votos de los estadounidenses, pero Trump ganó por arrebatar a los demócratas Pensilvania, Míchigan y Wisconsin, tres estados que fueron clave y que también lo serán en las de este año. 

Elecciones de 2016 disputadas entre Trump y Clinton con el resultado final. Foto: Wikipedia

Con respecto al derecho al voto en Estados Unidos, hasta mediados del siglo XIX solo se permitía votar a la gente propietaria, requisito que solo cumplían los hombres blancos, así que solo el 6% de la población podía votar. En 1924, se concedió el permiso a los nativos americanos para votar, pero algunos estados continuaron prohibiéndolo hasta el año 1940. El voto femenino se consiguió en el año 1920, gracias a la aprobación de la 19 Enmienda.

El voto por correo
Al igual que ocurre en otros muchos casos, como las armas o la pena de muerte, el voto por correo está regulado de forma diferente según el Estado. Esto ha llegado a causar polémica, ya que ha sido acusado de desigualdad. En algunos estados, por ejemplo, todas las papeletas tienen que estar selladas con una determinada fecha; en otros, la firma y datos deben ser idénticos en todos los papeles -incluso en el de registro-. 

Otro hecho desigual es que este año, con motivo de la pandemia, algunos estados han flexibilizado las condiciones para votar por correo, mientras que New Hampshire, Misisipi, Misuri, Alabama, Oregón y Delaware han decidido mantener los requisitos. Estos serían la entrega de un justificante que acredite la imposibilidad de desplazamiento al colegio electoral en el día de las elecciones, ya sea por enfermedad, incapacidad, avanzada edad o motivos de fuerza mayor inaplazables. En los estados no citados, el voto por correo ha sido concedido sin justificación, de manera que las personas puedan evitar aglomeraciones debido a la situación de la Covid-19. 

La forma de enviar el voto también ha sufrido alteraciones: los votantes pueden enviar las papeletas bien por correo ordinario o bien depositándolas en los buzones especiales colocados a lo largo de todo el país. Este año, y a pesar de la previsión de aumento del voto por correo, un juzgado ha permitido al gobernador republicano de Texas reducir el número de buzones, dejando a un condado con millones de habitantes un solo punto donde depositar su voto. En Pensilvania, sin embargo, esta petición no salió adelante. 

Históricamente, el voto por correo ha beneficiado a los demócratas, y este es uno de los motivos por los que periodistas y analistas políticos creen que Trump ha insistido tanto en que dejaran de contar los votos: este año, casi 64 millones de personas han recurrido al voto por correo y, a día de hoy, se cumple la tradición de que este voto es mayoritariamente azul (demócrata). 

Casos excepcionales
Empate. Un candidato debe reunir 270 votos electorales para ganar las elecciones. Si ninguno de ellos consiguiera la mayoría de votos electorales, el Congreso decidiría el siguiente presidente del país. Esta situación lo recoge el artículo 12 de su Constitución, en el que la Cámara de Representantes elige al presidente entre los tres aspirantes más votados y el Senado selecciona al vicepresidente entre los dos más votados. 

Esta situación ha sucedido dos veces en la historia de Estados Unidos. Una fue en 1801, cuando los candidatos Thomas Jefferson y Aaron Burr obtuvieron el mismo número de votos electorales y, tras celebrarse varias votaciones, Jefferson se convirtió en presidente. La siguiente tuvo lugar en 1825, entre John Quincy Adams y Andrew Jackson. Al no alcanzar la mayoría absoluta, el Congreso otorgó la presidencia a Quincy Adams.

Comisarios desleales. En el momento de la votación del candidato de un partido, si un comisario no votase a favor del resultado de la elección popular y el reparto del voto electoral su Estado, no cumpliría su compromiso. A pesar de que la Constitución estadounidense no impone ningún expediente, en 29 estados y en el Distrito de Columbia pueden sancionarlos por no cumplir con su lealtad al ciudadano.

Uno de los casos más recordados fue en 2000 cuando un comisario no votó a Albert Arnold Gore, candidato demócrata, en protesta por la no representación del distrito de Washington D.C. en el órgano bicameral.