Como una raíz enterrada a la fuerza bajo tierra húmeda y oscura, a veces, uno olvida su presencia. Sin embargo, como ocurre con cualquier árbol frondoso, tarde o temprano la tierra se levanta; las raíces, al volverse gruesas, terminan por romper la superficie. Entonces ya no hay duda: estaban mucho más cerca de lo que parecía.
El narcotráfico es aquel árbol que crece y crece, que poco a poco ha conseguido sitiar cada servicio, negocio, ley o poder en México. Noticias que a cualquiera le parecerían imposibles aparecen cada vez con mayor frecuencia: un campo de exterminio localizado a solo una hora de Guadalajara, Jalisco, con tres hornos subterráneos para quemar cuerpos; más de 60.053 desaparecidos a causa de la guerra al narcotráfico desde 2006, o la incautación de 14 millones de dosis de fentanilo en Colima. Aunque quizás, peor que todas estas noticias, es aquello de lo que no se habla, o porque no interesa, o porque se ha vuelto tan rutinario, que parece algo común.
Las habitaciones vacías de aquellos que nunca llegaron a casa.
Las balas cruzadas que acabaron con alguien que no debía haber estado ahí.
Los paraísos destruidos, los negocios en quiebra, las familias en sumisión absoluta y en pobreza consecuente.
Y el miedo, cada día, a ver, oír, o presenciar algo por accidente.
La mayoría de los días transcurren con una normalidad silenciosa en el país norteamericano. Son pocas las ocasiones en que un ciudadano común se ve directamente envuelto en una situación comprometida, y, por ello, se suele vivir con un sentimiento de tranquilidad, fruto de la costumbre, aun siendo consciente del escollo oculto en las calles más oscuras. Uno va en autobús, camina por la calle, abre su negocio, y a veces, olvida por un rato que camina en la cuerda floja sin saberlo.
Hasta que el peligro deja su escondite en los ranchos, las bodegas y las casas de seguridad a las afueras, e invade las calles principales. Entonces, esa calma falsa, esa costumbre, se rompe. Y el miedo cierra, literalmente, la ciudad.
Aquel domingo, 22 de febrero de 2026, la voz empezó a correr como lo hace siempre, fervorosamente. Miles de mensajes, llamadas y de imágenes en Internet asegurando que el Ejército había acabado con El Mencho –Nemesio Oseguera Cervantes–, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), en una pequeña población llamada Tapalpa, conocida por ser un destino de fin de semana para aquellos que pueden permitírselo, donde muchos tapatíos tienen su segunda vivienda. Al principio, nadie sabía si creerlo, pues en Guadalajara los Narcorrumores no son algo extraño.
Esa calma falsa se disipó cuando se escucharon los primeros disparos. Lejanos, sí, pero no lo suficiente. El fuego abierto en Tapalpa había llegado a las calles de Jalisco.
Era verdad. Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, había muerto tras un enfrentamiento con fuerzas del Estado. Y el caos se había disparado.
La noticia
El Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es uno de los grupos del narcotráfico más poderosos y armados del momento. Surgió como brazo del Cártel de Sinaloa tras su separación en 2010, y se distingue, según la BBC, por su conocimiento en finanzas y químicos (usados para la producción de nuevas drogas), por su violencia desmesurada y su poder corruptor para las autoridades locales. Cuentan con una disciplina cuasi militar; tácticas de guerra, armamento de alto calibre y propaganda digital, lo que les ha permitido expandirse por todo México, teniendo presencia en casi todos los estados e incluso en otros países.
En los últimos meses, las insistencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la lucha contra el narcotráfico han llevado a una escalada en las persecuciones de cárteles como el de Sinaloa o el CJNG, trayendo también consigo mayor presión y coordinación en materia de seguridad con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum.
El 23 de febrero de 2026, tras meses de búsqueda, el líder del CJNG, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, fue localizado en un operativo en una zona de cabañas ubicadas en el Pueblo Mágico de Tapalpa, Jalisco.
Los cuerpos del Ejército mexicano, junto con el apoyo de la inteligencia estadounidense, llevaron a cabo el operativo, que en un primer momento tenía como objetivo capturar al líder con vida. Sin embargo, el círculo de seguridad de El Mencho, repartido en las cabañas cercanas, abrió fuego, y dio paso a un combate intenso y violento, en el que ocho miembros del CJNG resultaron abatidos de forma inmediata, y se abrió una pequeña guerra contra el ejército. Nemesio Oseguera Cervantes trató de huir hacia el bosque, pero fue localizado y gravemente herido por el Ejército. Tras el ataque, El Mencho fue trasladado en helicóptero a Guadalajara, pero falleció en el trayecto junto a dos de sus escoltas.
Sobre el funeral, han circulado diversas versiones, pero no existen confirmaciones oficiales al respecto. Los medios aseguran que se celebró en el Estado de Jalisco, el 2 de marzo de 2026. Miembros de la Guardia Nacional estuvieron presentes durante el entierro para evitar el estallido de nuevas oleadas de violencia. Se describe la entrega de numerosas ofrendas, una banda que tocaba música y la presencia de muchos dolientes utilizando mascarillas para ocultar su identidad. Sin embargo, la duda tiene un papel protagonista en las declaraciones, pues no ha habido confirmaciones oficiales, lo que solo aumenta la incertidumbre de los mexicanos. Una mujer, residente en Guadalajara, comenta a Mirada 21: “Qué te puedo decir, en este país es difícil saber qué es verdad. Todo es incierto, parece que no hay fuentes fidedignas”.
“Qué te puedo decir, en este país es difícil saber qué es verdad. Todo es incierto, parece que no hay fuentes fidedignas”, nos comparte una mujer residente de Guadalajara.
Situación actual
Lejos de desconfiar por la falta de certezas, la incertidumbre devuelve a una misma verdad a los ciudadanos sobre la situación actual del país: viven forzados a estar ciegos ante aquello que no interesa que se vea. Pero llega un momento en el que hasta lo más oculto acaba por salir a la luz.
Durante el día siguiente a la operación, la ciudad se llenó de coches quemados, autobuses ardientes cerrando el paso en las salidas, tiendas de conveniencia asaltadas y quemadas. “Las calles se vaciaron por completo”, señala una ciudadana tapatía. “Se sentía un miedo parecido al que había durante el covid, no había nadie en la calle” añade. En la empresa del hijo de dicha ciudadana, dedicada a la importación de productos agrícolas, dos de sus camiones fueron quemados, aun sin estar relacionados en lo absoluto con el mundo del narcotráfico.
“Se sentía un miedo parecido al que había durante el covid, no había nadie en la calle”, comenta una ciudadana tapatía.
Hoy en día, el país es como una nube de humo en la que todos ven, pero nadie hace nada. Los ciudadanos se llenan de sospecha; sobre el conocimiento previo, desde hace tiempo, de dónde operaba el CJNG; las mordidas cada vez más comunes y efectivas, la falta de confianza en los cuerpos de seguridad, el descontrol que ha desencadenado la muerte de El Mencho por las luchas de poder dentro del cártel… La inseguridad es cada día mayor, y con ella, el miedo. A pesar de que hay sectores seguros, las desapariciones son cada vez mayores, igual que las tomas de carreteras, y la posibilidad de realizar traslados en coche es cada vez menos realista.
Pero de todo ello, quizás lo más triste es el pensamiento de que el narcotráfico es un fenómeno estrictamente mexicano. Porque dicho pensamiento solo denota desconocimiento.
Operativo del narcotráfico
Lo cierto es que, en el caso concreto del CJNG, que ha crecido mayoritariamente por el tráfico del fentanilo, la red de involucrados en dicha sustancia tiene tantas ramas ocultas y entrelazadas que serían imposibles de separar. Los químicos provienen principalmente de Asia y se trasladan por el Pacífico hasta Michoacán, y después se llevan a estados como Jalisco, donde se han identificado laboratorios clandestinos en los que se tratan. La droga sintetizada se introduce entonces en redes de tráfico que la reparten por todo el mundo.
Prueba de la colaboración de otros países es que el armamento del CJNG es principalmente americano y europeo.
Por ello, se puede afirmar que el narcotráfico no es una enfermedad aislada de México; es una plaga escondida por todo el mundo, que funciona gracias a las sombras y la corrupción. Los ciudadanos, las principales víctimas de esta actividad, declaran que no hay fuentes fidedignas y que todo es incierto. Y aunque poco a poco van recuperando la confianza, la amenaza invisible pesa cada día más.
Porque el hogar suele ser el refugio cuando todo se tambalea, cuando se siente miedo. ¿Pero a dónde va uno cuando sabe que es en ese mismo hogar donde habita el mayor peligro, y que no puede confiar en nadie que le proteja?
