La ilusión de lo perfecto: belleza, verdad y apariencia en tiempos digitales

- PENSAMIENTO - 24 de marzo de 2026
El debate sobre el documental "Fuera del Canon" tuvo lugar el 18 de Marzo.
El debate sobre el documental "Fuera del Canon" tuvo lugar el 18 de Marzo.

Internet podría considerarse la guía definitiva para casi todo. Si uno tiene acceso a él, es difícil justificar no alcanzar aquello que, en teoría, es perfecto.

Existen miles de fórmulas para bajar o subir de peso. Decenas, si no cientos, de procedimientos estéticos para modificar hasta el último rasgo del propio cuerpo, tan avanzados y perfeccionados que permiten frisar la simetría ideal hasta el extremo. Las posibilidades de perfeccionar la imagen de uno mismo crecen a una velocidad vertiginosa, apoyadas por un mercado que nunca se detiene, capaz de renovar tendencias, colores y estilos de forma inmediata.

No hay excusa para quedarse atrás.

Y sin embargo, con tantos consejos, tantos métodos, con tantas promesas del secreto de la perfección al alcance de una sola búsqueda… ¿Cómo es posible que el mundo nunca haya estado tan lejos de la belleza?

Fuera del Canon

Recientemente, la televisión de Mirada 21 Media Lab ha estrenado un documental titulado Fuera del Canon, como primer episodio de su colección Lección Aprendida. Protagonizado y guionizado por Sandra Cora, y producido por Laura Ying Muñoz, el corto, que funciona como una mezcla de sketch y documental, introduce el tema de la belleza. Lo hace desde un enfoque filosófico y conceptual, comentado por expertos en la disciplina de humanidades: los doctores en Filosofía Miguel Ortega y Ángel Sánchez-Palencia, y el catedrático de Arte Contemporáneo Pablo López Raso. Tras la proyección del filme, se celebró un debate el día 18 de marzo para discutir sobre los dos tipos de belleza (exterior e interior), su relación y situación en el mundo actual, contando de nuevo con la participación de los expertos y un grupo de jóvenes.

Quizás una de las ideas más importantes que se extrajeron de la producción, y que sirvió como clave para el posterior debate fue la diferencia entre la belleza y el esteticismo. No son conceptos contrarios, es decir, no se oponen, sino que van de la mano y se complementan. La belleza exterior es la relativa al físico, y la interior, aquella que es intrínseca a lo profundo de la persona, de sus emociones y su espiritualidad; la dimensión más divina y verdadera del ser humano.

Pero, de nuevo, son inseparables. La belleza interior es la base de la exterior, y si esta no existiera, todo se reduciría a la apariencia.

La belleza más allá de lo físico

El debate se abrió con una pregunta sobre la trascendencia de la belleza: ¿Qué parte de esa belleza es la que se transmite alrededor? ¿Qué es lo que hace a uno bello? Las respuestas giraban en torno a una misma línea, pero eran imposibles de acotar: la simpatía, la cercanía, la calidez humana… eran los principales transmisores de belleza.

Y es de esta reflexión de la que surgió uno de los puntos clave de la conversación: la belleza es fruto de la verdad que uno vive internamente. La clave, enunciada por Miguel Ortega, es que “El mundo interior que tienes se muestra en la belleza que llevas hacia afuera”.

“El mundo interior que tienes se muestra en la belleza que llevas hacia afuera”.

Nada es más bello que la verdad y estar en contacto con la verdad interior es la única clave infalible para ser bellos. Ya no solo como concepto abstracto, sino como un estado tangible: la paz que brinda la certeza de estar siguiendo el camino vital, de hacer las acciones con un sentido trascendente; de usar el propio don, de darse y recibir al otro… Y no solo eso: el estar en un ambiente “sano” para el alma, que permita crecimiento: enamorarse, entrar en contacto con la vivencia más bella del hombre —el amor–; la amistad profunda; la salud; la felicidad o la reconciliación… Dichas situaciones sacan a la luz la propia verdad y, exteriormente, uno se vuelve más radiante, más armonioso. Más bello, incluso a ojos ajenos.

De esta idea, surgía la segunda pregunta clave: ¿Es la belleza un concepto que cobra sentido en los demás o en la percepción propia?

El proceso de descubrir la propia verdad y, por tanto, la propia belleza, se da principalmente en el interior de uno mismo. El camino de introspección que conduce a establecer metas y sueños, a definir los propios ideales y creencias, y, en resumen, a la construcción de la propia identidad, solo puede recorrerse de forma individual, aunque se esté acompañado. Nadie puede hacerlo por otro. Pero sí se puede caminar acompañado, pues a veces, es gracias a aquellas personas que están al lado, que uno conoce aspectos de uno mismo a los que antes estaba cegado.

La relación de la belleza y el éxito

La humanidad se enfrenta a un mundo en el que se vive hacia fuera; lo más importante es cómo se es percibido. Inevitablemente, eso conduce a un intento de forzar la imagen propia. Producto de ello, los filtros, las modificaciones virtuales, los perfiles falsos, y a niveles más extremos, las cirugías estéticas o cambios físicos radicales. La obsesión de construir algo más bello —o mejor dicho, más estético— solo lleva a una fragmentación de la propia verdad.

No es algo nuevo, pues, como comenta Pablo López Raso: “Desde la antigua Grecia se buscaba la construcción de obras con base en cánones imposibles y perfectos, siempre buscando algo más bello”. Aunque corrían con una ventaja, dicha idea no era más que eso: una idea. Imposible, intangible, abstracta. Hoy en día, gracias a Internet y a las redes sociales, dicho ideal se ha convertido en un estándar.

“Desde la antigua Grecia se buscaba la construcción de obras con base en cánones imposibles y perfectos, siempre buscando algo más bello”.

Sigue siendo imposible de alcanzar, salvo que hoy en día se exige conseguirla. Y si bien, no tiene nada de malo la preocupación por la estética, como también señaló repetidas veces Miguel Ortega, el problema es que se vuelva una obsesión y que venga acompañada de un vacío vital y ceguera interior. Porque la belleza física es pasajera, y si todo el valor de uno mismo recae en ella, cuando se vaya (porque lo hará) parecerá que ha ido también el propio ser.

El riesgo del narcisismo 

El riesgo de la excesiva preocupación por la belleza es que se transforme en narcisismo, gracias a la constante necesidad de aprobación o validación.

Lo peor es que muchas veces no se busca el consejo de aquellos con quienes se recorre la vida; aquellos que conocen a uno realmente, o que, al menos, aprecian su belleza porque la han vivido. Se acude, literalmente, a cualquiera que quiera opinar, sin brindarle un contexto de lo que uno es, lo que ha vivido, lo que anhela… Y se pide que solo se tome en cuenta lo visible, pensando que no hay dependencia ni relación entre lo visible y lo invisible.

Y aun así, después de todo, uno se frustra porque no es apreciado, sin darse cuenta de que usa como jueces a ojos ciegos… resulta disparatado: ¿cómo podría alguien que no ve un cuadro completo juzgar su belleza?

Y va más allá; un artista que dedica su vida entera a una sola obra, en la que cada trazo denota una motivación, un sueño, un anhelo, un reflejo de su propio mundo… ¿Pensaría que es fea o algo menos que perfecta porque, a ojos ajenos, los colores no siguen la estética “ideal”?

Hay miles de lugares para comprar colores bonitos, pero la pintura sin forma solo es una mancha. De la misma manera, la belleza, sin verdad, es tan solo apariencia.

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