Marina Abramovic, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2021

La artista serbia tiene 74 años y es considerada como una de las grandes precursoras de la 'performance'

Marina Abramovic
Marina Abramovic, con la medalla de la Condecoración de las Ciencias y las Artes de Austria, que recibió en 2008. Foto: Wikimedia, Manfred Werner

Marina Abramovic consiguió traspasar los círculos más especializados y llevar a la cultura popular la performance, es ese híbrido entre improvisación y contacto directo con el espectador en el que el artista actúa y trabaja con su propio cuerpo para convertirlo en parte de la obra. Por ello, y por “la valentía de Abramovic en la entrega al arte absoluto y su adhesión a la vanguardia”, el jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes ha decidido concederle este galardón en 2021.

“La obra de Abramovic es parte de la genealogía de la performance, con una componente sensorial y espiritual anteriormente no conocida. Cargado de una voluntad de permanente cambio, su trabajo ha dotado a la experimentación y a la búsqueda de lenguajes originales de una esencia profundamente humana. La valentía de Abramovic en la entrega al arte absoluto y su adhesión a la vanguardia ofrecen experiencias conmovedoras, que reclaman una intensa vinculación del espectador y la convierten en una de las artistas más emocionantes de nuestro tiempo”, ha asegurado el jurado.

La artista ha enviado unas palabras de agradecimiento a la organización, tras conocer que había recibido el premio: “La vida de un artista no es tarea fácil. Requiere sacrificio personal, plena dedicación y compromiso con su trabajo. El Premio Princesa de Asturias es un gran honor y reconocimiento en este momento de mi vida y carrera. Me siento conmovida, honrada y orgullosa de haber recibido este prestigioso premio”.

Abramovic nació en Belgrado (Serbia), en 1946, y formaba parte de la clase social que ella denominaba como “burguesía roja”. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Belgrado, entre 1965 y 1969, y formó parte de las revueltas estudiantiles de 1968, en las que se manifestaban en contra de la burocratización del régimen yugoslavo y durante las que ocuparon la escuela.

De esas protestas surgió el Grupo 70, un sexteto de artistas que analizaban el trabajo de conceptualistas estadounidenses como Lawrence Weiner o Joseph Kosuth; Abramovic era la única mujer del grupo. En una ocasión aseguró que “la función del artista en una sociedad perturbada es dar a conocer el universo, hacer las preguntas correctas y elevar la mente”.

“La función del artista en una sociedad perturbada es dar a conocer el universo, hacer las preguntas correctas y elevar la mente”, ha afirmado Abramovic. 

La Academia de Bellas Artes de Zagreb, en Croacia, fue la elegida para completar sus estudios de posgrado, en 1972. Entre 1973 y 1975, enseñó en la Academia de Bellas Artes de Novi Sad (Serbia), y, en 1976, dejó Yugoslavia y se instaló en Ámsterdam. Allí se encontró con Uwe Laysiepen, más conocido como Ulay, quien se convirtió en su pareja artística y sentimental, entre 1976 y 1988.

Abramovic, la “soldado del arte” 

Marina Abramovic y Ulay, durante su ‘performance’ ‘Relation in time’, en Serbia, 1977. Los artistas, atados del pelo, miraron en direcciones contrarias durante 16 horas. Foto: Twitter Rodrigo Campos Alvo
@rocampal

La artista se define a sí misma como una “soldado del arte”, y plasma eso en cada una de sus obras. Una de las más famosas es Ritmo 0, de 1974, en la que buscaba probar los límites de la relación entre el artista y el público. Para ello, colocó 74 objetos que las personas asistentes podían usar de la forma que quisieran ―algunos de estos era posible utilizarlos de forma placentera, mientras que otros podrían causar algo de dolor o incluso hacerle daño―.

Entre ellos, había tijeras, un cuchillo, una bala, una pistola y un látigo. Abramovic permitió a los miembros de la audiencia manipular su cuerpo y sus acciones a su antojo durante seis horas. Al principio, los espectadores fueron pacíficos, pero con el paso de las horas y de forma gradual, empezaron a ser más violentos.

Durante los años de su relación con Ulay, ambos formaron uno de los dúos más reconocidos del mundo de la performance. En 1988, llevaron a cabo The Great Wall Walk, con el que pusieron fin a su relación: ambos caminaron por la Gran Muralla China, empezando cada uno por un extremo y encontrándose en el medio para darse un abrazo final antes de su separación.

El MoMA de Nueva York organizó, en 2010, una retrospectiva de su obra. Esta incluyó registros en vídeo desde la década de los 70, fotografías y documentos, así como una instalación cronológica con la recreación por actores de acciones realizadas previamente por la artista. Aquí tuvo lugar la representación más extensa llevada nunca a cabo por Abramovic: permaneció 736 horas y 30 minutos sentada inmóvil frente a una mesa en el atrio del museo, mientras los espectadores eran invitados por turnos a sentarse enfrente y compartir la presencia de la artista. Uno de los momentos más emotivos fue la aparición por sorpresa de Ulay, el día de la inauguración, con quien se reencontró 23 años después de haberse separado.

Matthew Akers dirigió el documental La artista está presente, que se estrenó en 2013 y se basa en esta retrospectiva. La cinta fue nominada a Mejor Documental en el Independent Spirit Awards, en 2013, y ganó el Premio del Público al mejor documental en el festival de Cine de Berlín, en 2012.