En medio de un mundo en el que la inmediatez, la gratificación y la hiperconectividad están a la orden del día, aparece la Fundación Contemplare, una iniciativa que busca dar a conocer la riqueza de la vida contemplativa, para así ayudar a su sostenimiento. Se trata de un equipo formado por laicos, abierto a todos aquellos que quieran formar parte de su misión, que consiste en ayudar a la Iglesia con su trabajo y ser “vínculo de unión con los monasterios”.
El número 8 de la calle de Anita Vindel (Aravaca, Madrid) lo ocupa una cabaña de madera, sede de la fundación. En su interior, Contemplare recopila el trabajo de monasterios de toda España, que ofrecen un pedacito de amor y servicio a Dios a todo el que lo busque. Puede que en forma de queso, de vasijas de cerámica, tabletas de chocolate o de figuras para el belén. Conservas, jabones, velas, pequeñas esculturas, medallas, pulseras, o rosarios… sea lo que sea, cada artículo de la tienda busca colaborar con las necesidades de los más de 120 monasterios con los que colabora la fundación. Todos son de una calidad extraordinaria, fruto del trabajo realizado con mimo, sin prisa y manual. Hechos bajo el lema Made in prayer, cada uno de ellos manifiesta el sabor, el color o el olor de una vida de oración por la humanidad.
Desde su origen, la vida monástica ha consistido en contemplar el rostro de Dios, de ahí su nombre. Para ello, el día a día de los monjes y monjas gira en torno a la oración, el estudio y el trabajo. Además de las labores diarias de limpieza, lavandería o cocina, muchos conventos se dedican también al trabajo manual. Interceden por el mundo ofreciendo sus tareas a Dios por los hombres: artesanías, dulces, cosméticos naturales, mermeladas, charcutería, ropa de bebé… Productos cotidianos, elaborados en el silencio del convento, sencillos y poco pretenciosos. Productos hechos para que quien los consume se sienta amado, y que en sí mismos son un testimonio. Productos que la Fundación Contemplare lleva desde los apartados conventos hasta una pequeña tienda de Aravaca.
Ayuda a los monasterios
Los conventos, desde la Edad Media, están llamados a funcionar de manera autónoma, a ser autosuficientes. Más allá de donaciones puntuales, viven de los ingresos que puedan generar con sus elaboraciones, por lo que, en ocasiones, atraviesan situaciones precarias a nivel económico. Para ayudarles, la fundación cuenta con tres medios principales, además de la distribución de sus productos: voluntariado; recaudaciones destinadas a cubrir necesidades concretas; y la custodia de un monasterio, un proyecto de Contemplare que busca acercar más a seglares y monasterios, y crear “una comunidad de oración, de gratitud y de servicio” que ayude a acercarse más a Dios, según explican en su página web.
El papa Juan Pablo II destacaba que esta forma de vida, “escondida con Cristo en Dios”, ocupa un “puesto de honor en la Iglesia”, y su sucesor, Benedicto XVI consideraba que es “el pulmón espiritual de la sociedad”. Un rayo de luz en medio del ruido y el frenesí que caracterizan a la sociedad. Por ello, la Fundación Contemplare también ofrece un canal, posible gracias a su cercanía con los conventos, que permite enviar fácilmente a los monasterios peticiones de oraciones. Ellos rezan constantemente por todos los hombres, pero también piden por las intenciones específicas que reciben a diario de toda la Iglesia, en su búsqueda constante de responder a las demandas de la sociedad.






