Maradona fallece a los 60 años

La leyenda del fútbol ha muerto debido a una parada cardiorrespiratoria

Maradona, en el Mundial de fútbol de Sudáfrica en 2010, cuando fue seleccionador de Argentina. Foto: Alexandr Mysyakin

Diego Armando Maradona, leyenda argentina, ídolo mundial y, además, exjugador de fútbol, ha muerto a los 60 años en la localidad de Tigre, en su país natal. El Pelusa fallecía en su cama, al no poder ser reanimado tras un paro cardiaco. En la actualidad, se encontraba en su domicilio, recuperándose de un coágulo que le mantenía fuera de los banquillos.

La carrera de Maradona es un cúmulo de goles, jugadas de escándalo e historias legendarias que se han exagerado, magnificado, inventado y que nunca tendrán una conclusión que pueda confirmarse; porque los personajes como “el 10” están rodeados de un aura mística en la que cada anécdota tiene 16 finales distintos que nadie puede clasificar como verdaderos o falsos. Alguien tan grande, cuya herencia es algo vasto en la historia del fútbol, tiene, necesariamente, una sombra peligrosamente alargada. En esa oscuridad, Diego encontró las drogas, el alcohol, los medicamentos y los excesos que le lastraron desde su juventud hasta su edad adulta. Alguien que aparecía y reaparecía para volver a caer, el personaje con más resurrecciones que los protagonistas de los westerns clásicos.

En España, el recuerdo de Maradona se asocia al Barcelona y al Sevilla, equipos en los que militó y dejó su particular huella. Andrés Calamaro cantaba que no era una persona cualquiera, y no se equivocaba. La zurda del argentino, esa que creció en el barro y que se coronó en Nápoles, es ahora parte de la leyenda del fútbol y del deporte.

“Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”.

Maradona vivía cobijado en una espiral destructiva que le alejó de los terrenos de juego en más de una ocasión. Hablar de este personaje, aquel que tuvo más sombras que luces pero que siempre encontró la forma de brillar en esa oscuridad, es hablar de un ídolo en Argentina, su país natal. El partido contra Inglaterra en cuartos del Mundial de México 86 sentó los pilares de El Pelusa, El Barrilete Cósmico, de Diego Armando Maradona como leyenda mundial. Los dos goles son historia del deporte y un perfecto resumen de lo que Maradona era como persona y como jugador. El primero, la mano de Dios, es el mejor gol marcado con la mano que nunca nadie ha logrado, la mejor trampa de la historia de los mundiales; el segundo, “el gol del siglo”, es el mejor gol de la historia. Queda para el recuerdo la narración de Víctor Hugo Morales: “Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”.

Con su muerte, se certifica un día gris en el calendario del fútbol mundial. Argentina se viste de luto para despedir a uno de sus héroes nacionales, una de las figuras más importantes de su historia reciente, a quien levantaba del sofá a un país entero con sus carreras por banda, los regates mágicos, los goles para la historia y las salidas de tono en los micrófonos del pospartido. Quién iba a decirle a Sabina que acertaría, sin quererlo, en 1999, con su canción Dieguitos y Mafaldas, cuando entona “20 años de mitos mal curados, dibujando Dieguitos y Mafaldas”. En 2020, 21 años después, han fallecido Quino y Maradona.

Rememorar a Nietzsche y gritar “¡Dios ha muerto!” es engañar a la memoria, porque Dios es perfecto y Maradona nunca lo fue. Ahí reside parte de su magia, en que nadie tan imperfecto tocó nunca el balón con la perfección con la que lo hacía él: Maradona era un Dios de barro. A pesar de las polémicas, de sus errores, de sus salidas de tono y de todo lo malo que tuvo la vida de Maradona, solo queda acordarse del ex secretario General del Partido Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien decía que “en España enterramos muy bien”, y hoy enterramos a Maradona, de quien solo queda preguntarse, una vez más, “¿De qué planeta viniste?”.