El Bono Cultural Joven cumple seis meses

Jóvenes nacidos en 2004 analizan las ventajas del uso de la tarjeta cultural con 400 euros repartida por el Gobierno y su posible repercusión política

Libros, CDs y videojuegos, entre los productos incluidos en el Bono Cultural Joven. Foto: Flickr

“Algunos compran algo que no quieren con el Bono Cultural Joven y luego lo venden, para así tener dinero para lo que ellos quieran”. Esta es la reflexión de Lucía, una joven de 18 años que tiene el bono de 400 euros y que asume que uno de los grandes problemas de esta iniciativa es el mal uso que se le da a la tarjeta repartida por el Gobierno.

El Bono Cultural Joven es una realidad dentro de la rutina de las personas nacidas en 2004, que pueden acceder, gracias a los 400 euros destinados por el Gobierno de España, al consumo de productos y eventos culturales. No obstante, hay jóvenes que dudan de las actividades incluidas en la tarjeta y que se preguntan si verdaderamente este bono tiene como objetivo una finalidad estrictamente cultural. A partir de este año, los nacidos en 2005 también podrán optar a recibir el bono.

El Ministerio de Cultura y Deporte, el pasado 25 de julio, anunció que toda persona que cumpliera 18 años en 2022 podría solicitar el Bono Cultural Joven de 400 euros, “destinado al consumo de productos y servicios culturales”. El ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta señaló que esta iniciativa sería la más “transversal” del Gobierno hasta la fecha, debido a que la tarjeta se podría utilizar en “cine, teatro, ópera, libros, prensa, museos, danza, música, festivales, videojuegos, películas y series en línea”.

Numerosos jóvenes nacidos en 2004 han señalado que una de las mayores dificultades ha sido el lento proceso de solicitud, que cerraba el 31 de octubre, tras una ampliación de plazo. El usuario debía acceder de manera digital en primera instancia y, más tarde, rellenar sus datos en una biblioteca pública para recibir el código con el que descargar el certificado electrónico. “Lo hice en octubre y no me lo aceptaron hasta mediados de diciembre”, apunta Carmen, una joven de 18 años que lo solicitó. Los consumidores deben, además, subir a la aplicación del bono una fotografía del tique en el que se hayan gastado el dinero.

La tarjeta del Gobierno divide los 400 euros en tres partes: 200 para artes en vivo, patrimonio cultural y artes audiovisuales; 100 euros para productos culturales en soporte físico; y otros 100 para el consumo digital o en línea. Se incluyen festivales de música y suscripciones a plataformas como Spotify, Netflix… “Me parece bien, pero faltan sitios donde gastarlos”, comenta Beltrán, estudiante de 18 años, que añade que no entiende por qué el bono abarca los videojuegos y “no los eventos deportivos, como el fútbol”.

El Gobierno pretende ayudar a más de 500.000 españoles, así como al sector cultural, golpeado por los efectos de la pandemia. “También se trata de consolidar ciudadanas y ciudadanos que incorporen el disfrute de la cultura como un hábito más en su vida adulta”, afirma la nota de prensa emitida por Moncloa. Iceta insistió en que este proyecto es un nuevo paso “en la igualdad de oportunidades, en la cohesión territorial, en combatir la desigualdad social y económica”. Hay más de 525 entidades y establecimientos adheridos a la iniciativa, en la que los jóvenes pueden gastar los 210 millones de euros invertidos a esta causa.

El problema nace, según analizan algunos usuarios, en la posibilidad de negociar con el uso del bono para obtener un beneficio mayor. “Hay mucha gente que blanquea dinero, que compra el FIFA y lo vende por Wallapop”, destaca Lucía. Esta práctica ha aumentado, y en páginas de compra on line de segunda mano se pueden ver decenas de videojuegos, libros o discos que están a la venta sin apenas haberse utilizado, con la única motivación de conseguir una ventaja económica.

“Es posible que esta medida haya sido lanzada para captar el voto de los más jóvenes, pero no sé hasta qué punto alguien de nuestra edad puede verse influido”, concluye Carmen. Algunos la describen como una “buena iniciativa, mal gestionada”, pero aseveran que una medida más adecuada habría sido la reducción de los precios de todos los eventos culturales a los nacidos en 2004 y 2005, en lugar de la utilización del Bono Cultural.