El tabú de la violencia hacia los menores en tiempos de coronavirus

El coronavirus ha traído consecuencias a la sociedad, y una de ellas ha sido el aumento de la violencia infantil. La Fundación ANAR reconoce que en España se dan 24 casos al día de maltrato entre los menores.

La pandemia de la COVID-19 ha afectado al plano económico y laboral, pero también ha creado condiciones para un aumento de violencia infantil. Solo del 23 al 30 de marzo, el chat confidencial de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) recogió más de 270 peticiones de ayuda y 174 correspondían a casos de violencia grave. Es decir, 24 casos al día en España. Además, en abril dio a conocer su informe Más me duele a mí. El maltrato que se ejerce en casa, donde señala que más del 25% de los niños en España han sido víctimas de maltrato por parte de sus padres, madres o cuidadores principales y apunta que, cuando el maltrato ocurre, menos del 10% de los casos se denuncian. También, la fundación ha comunicado que en el mes de abril el teléfono ‘Infancia Respòn’ recibió 950 llamadas. “Sin duda, el confinamiento ha empeorado situaciones que ya de por sí eran malas y también ha generado situaciones de nuevas violencias”, explican.

La psicóloga Ana Aizpún confirma que la violencia infantil es un tema que “no se saca porque da mucho miedo”. La situación de abuso ha agravado su alcance por el confinamiento, especialmente por la falta de datos específicos, “lo cual sucede en otros muchos tipos de violencia”. Sin embargo, focaliza esta escasez en la falta de recursos y atención para no solo evitar sostenerla, sino también para solucionarla. Según Aizpún, el principal problema radica en la importancia que se ha dado a frenar la COVID-19, “dejando de lado este asunto”.

Además, reitera la importancia de “hablar para que se pille muy pronto”. Dentro de esta comunicación, es fundamental la aparición de dos mensajes claves: “Tú no tienes derecho a maltratar a nadie y nadie tiene derecho a maltratarte a ti”. Asimismo, estar pendiente de actitudes abusivas o abusonas es primordial para evitar estos sucesos.

La violencia infantil no es un tema que aparezca usualmente en los medios de comunicación, salvo casos excepcionales. Otros de los datos más llamativos ha sido el que ha recordado Save the Children que, según una encuesta del mes de mayo, el 31% de los progenitores catalanes habían experimentado situaciones de tensión con los hijos durante el confinamiento. Esto ha provocado que algunas instituciones alcen la voz. A través de un comunicado de prensa, Save the Children advierte de un “posible aumento de la violencia en la población infantil durante el periodo de confinamiento” y la Fundación ANAR señala que “dos de cada cinco casos atendidos en el chat de ANAR desde el 23 de marzo, fecha en la que reforzaron su servicio por el decreto del estado de alarma, fueron por violencia hacia un menor de edad”.

En Estados Unidos, Nina Agrawal, una pediatra especializada en abusos sexuales durante la infancia y profesora de Columbia University Medical Center, ha sido de los primeros profesionales que le han dado eco en los medios de comunicación. Hace dos meses, publicó un análisis en The New York Times en el que advirtió de “una posible epidemia de abusos a menores”. Agrawal señalaba, además, la ausencia durante el confinamiento de profesionales en la vida de los niños que pudieran detectar situaciones de violencia: “Los niños no ven a los maestros y terapeutas que normalmente se preocuparían por su bienestar”, ha explicado.

En el siguiente vídeo, elaborado por Corresponsales de Paz, se explican las propuestas que se han aplicado en algunos países para frenar los casos de violencia hacia los menores.

La pandemia ha compuesto las condiciones para un aumento en el abuso infantil, “que podría pasar desapercibido”. Agrawal también apuntaba, en referencia a cifras estadounidenses, que “los menores podrían estar en riesgo de sufrir violencia sexual”. “Se estima que una de cada cuatro niñas son abusadas sexualmente antes de los 18, un abuso que suele ser perpetrado por un miembro de la familia que convive en el hogar de la menor”, destaca.

“Es importante recordar los datos oficiales que recoge el Observatorio de la Infancia a septiembre de 2018. En España existen 5.388 niños y niñas menores de 18 años que fueron víctimas de delitos contra la libertad e indemnidad sexual. 4.310 niñas y 1.066 niños, más de 2.500 tenían entre 0 y 13 años, y el resto, de 14 a 17 años. Estas cifras son importantes tenerlas en cuenta para demostrar la magnitud de este problema del maltrato infantil”, relata Ignacio González, portavoz de la Fundación Jueces y Juezas para la Democracia (JJPD). Son datos que se han agravado al comenzar el confinamiento.

La Constitución revela la prioridad que existe en España de proteger al menor. Aun así, González afirma que se trata de un país con gran número de casos de violencia infantil y muchos no son sentenciados. Esa distancia entre la ley y su puesta en práctica yace del desconocimiento por parte de las autoridades policiales y judiciales y de la falta de medios de prueba para poder vencerlos y, en su caso, castigarlos. Ante este nuevo reto, González confirma que “ya está más regulado”, a pesar de que su lentitud ha destacado, y espera que se solucione ante posibles rebrotes en los próximos meses.

La distancia entre la ley y su puesta en práctica yace del desconocimiento por parte de las autoridades policiales y judiciales y de la falta de medios de prueba para poder vencerlos.

Ana Aizpún reconoce que la novedad de la situación de confinamiento ha provocado escenas de este tipo. “Es una situación de estrés sin precedentes, independientemente del tipo de vida y del nivel socioeconómico”, explica. Además, afirma que un cambio radical como es el estado de alarma cuesta “muchísimo” de gestionar emocionalmente. “Cuando uno está muy asustado y muy agobiado, puede reaccionar de muchas maneras, y una de ellas es a través de estar irritable o intolerante a la frustración, y eso se puede traducir en violencia”, explica la psicóloga. También, manifiesta que la capacidad de gestión emocional de la persona es distinta en cada persona y que, en ocasiones, se puede traducir en una situación de maltrato. “En situaciones en las que ya había un ambiente de violencia y de agresión en casa, hay niños que han dejado de estar protegidos y en un entorno de seguridad y de cuidado como es el colegio. Esos niños han perdido eso y han pasado a estar en un ambiente en el que las personas que deberían cuidarlos no tienen los recursos y acaban ejerciendo un abuso sobre ellos”, destaca la psicóloga.

El confinamiento, además de intensificar la vida familiar, también lo ha hecho en la vida digital. La exposición infantil en las redes sociales es cada vez más frecuente. Según un estudio elaborado por la firma de seguridad informática AVG, el 81% de los bebés tienen presencia en las redes sociales y más de un 5% de los niños menores de dos años dispone de una cuenta de correo electrónico o un perfil propio en alguna red social. Durante el estado de alarma, el consumo se ha incrementado. Según el último estudio de Comscore, la actividad de la Red en España ha aumentado en un 74% durante el confinamiento. Además, el uso de las redes sociales creció un 55%, en tres semanas, desde el estado de alarma. “En esta situación de aislamiento es más importante que nunca promover las buenas prácticas de un uso saludable y responsable de Internet y no olvidar que el riesgo digital no desaparece, sino todo lo contrario”, señala Catalina Perazzo, directora de Políticas de Infancia de Save the Children.

Corresponsales de Paz explica en este vídeo cómo los menores han estado más expuestos a la violencia digital durante las semanas de confinamiento.

Esta institución es una de las que más se ha pronunciado acerca de la nueva violencia que ha surgido en estos últimos meses. A través de un comunicado de prensa, recalcó los riesgos que conlleva el sharenting, es decir, el hábito de familiares y cuidadores de compartir fotos o vídeos de los niños de manera continuada en las redes o por WhatsApp. Según la organización, es una costumbre, a priori, inofensiva que crea una huella digital e impide a los menores controlar su propia presencia en Internet. Además, esta práctica expone a los niños ante ciberdelincuentes que pueden tomar el material para usos indeseados. Save the Children afirma que es importante ser comprensivos, especialmente con los adolescentes, que utilizarán más Internet para mantener el contacto. Además, les aconseja aprovechar alternativas para el ocio en familia y evitar la sobreinformación a través de Internet y, con ello, la ansiedad, miedo y preocupación que puede generar en los menores.

La identificación de este hecho resulta a la vez decisivo y difícil. La realidad es que, según Aizpún, “los niños han sido olvidados durante esta crisis” y se ha dificultado el trabajo a los psicólogos, que identifican un caso de violencia familiar al comprobar comportamientos inusuales en los niños, como pueden ser la falta de descanso o de alimentación, así como gestos como echarse para atrás al acercarse alguien.

“Los niños han sido olvidados durante esta crisis”, afirma Aizpún.

El perfil del maltratador varía según la situación. El hecho de que alguien haya vivido en primera persona la violencia, dificulta el crecimiento personal y la capacidad de desligar problema con explosión violenta. No obstante, aquellas que hayan sufrido problemas económicos serios o espacios habitacionales poco confortantes incrementan en sí la capacidad de solucionar los conflictos con violencia. Según la psicóloga, el confinamiento ha agravado este segundo caso, pues los humanos necesitan mecanismos para calmar su ira, como salir a pasear. Sin embargo, cuando se elimina esa posibilidad de liberar al cuerpo del espacio del conflicto, la capacidad de gestión emocional se ve dificultada.

Desde el 23 de marzo, la Fundación ANAR ha atendido 475 peticiones de ayuda procedentes de todo el territorio nacional. Los malos tratos psicológicos han supuesto un 10,2%, y los casos de abuso sexual, un 3,7%. En España, los datos más recientes son los de 2018, que se publicaron a finales de 2019 en el Anuario Estadístico del Ministerio del Interior. El documento afirma que en 2018 se denunciaron 5.382 casos de violencia sexual hacia niños, cifra que conforma el 49,2% del total de denuncias contra la libertad sexual. También, las denuncias de malos tratos a menores en el entorno familiar crecieron, y pasaron de 4.875 casos en 2017 a 5.105 en el año siguiente, un aumento del 4,5%.

Según los expertos, es imprescindible estar atentos para detectar actitudes abusivas alrededor, ya que el confinamiento está siendo la principal causa de la incapacidad para poner denuncias. A pesar de ello, fundaciones como ANAR y otros organismos reciben estas peticiones diariamente, ya que el número de casos es exponencial. Según la psicóloga Ana Aizpún, es muy importante concienciar a los niños y educarlos en la inteligencia emocional. “No solo debe tener claro que no se puede dejar maltratar ni insultar por nadie, sino que debe reconocer que no se consiguen las cosas a base de amenazas o castigos”, explica. Además, la psicóloga afirma que, cuando se produce un caso de violencia, la gente que lo detecta no denuncia porque hay un miedo grupal y, por ello, es muy necesario hablar y concienciar sobre este asunto. También, aconseja hablar con los servicios sociales y alertar a las personas que puedan proteger a un niño, en el caso de detectar alguna actitud extraña. “Cuando hablamos de niños, tenemos la obligación absoluta de protegerle y hacer lo que haya que hacer porque los niños no pueden protegerse a sí mismos y no saben actuar”, añade la psicóloga.

“No solo debe tener claro que no se puede dejar maltratar ni insultar por nadie, sino que debe reconocer que no se consiguen las cosas a base de amenazas o castigos”, afirma Aizpún.

Aizpún reconoce que existe ayuda para aquellas familias que viven al límite. “El Colegio Oficial de Psicólogos ha ofrecido ayuda gratuita, en el centro de salud, en Atención Primaria, en los servicios sociales, o incluso a familiares”, explica. Además, afirma que es una situación “sin precedentes” y nadie sabe cómo reaccionar en estos casos. “Hay mucha gente que se siente muy culpable por no estar manejando bien esta situación, se sienten malos padres o malos hermanos, porque están irritables, al borde de la pérdida de control constantemente”, explica la psicóloga. Por ello, aconseja normalizar esa sensación. “Lo primero es pedir ayuda, porque eso ya va a cambiar completamente la energía en casa, uno toma conciencia de que necesita ayuda y automáticamente se baja de esa situación”, añade Aizpún. También, reconoce que es imprescindible no poner el foco en aquellas cosas que uno no puede controlar, como es la economía o la situación laboral, así como el hallazgo de una vacuna. “Es más importante centrarnos en cómo comemos, ya que comer comida basura y beber excesivo alcohol es un alivio a corto plazo que después nos merma la capacidad de pensar”, explica la psicóloga.

“Es necesario proteger a los niños, pero los padres somos como los pilotos del avión, y si el piloto del avión está aterrado y suelta el volante, el avión se va a la porra”, reconoce Aizpún. Además, recalca que es más importante cómo los padres responden a lo que hace un hijo que en sí su actitud. “El niño no tiene la capacidad cognitiva, no sabe, y nosotros tampoco podemos esperar de nosotros ser una perfecta balsa de aceite que sabe lo que decir en cada momento, no, nosotros también estamos gestionando y pasando esto”, explica la psicóloga. Por ello, reconoce que lo único a lo que uno puede aspirar es a intentar mantener el mayor equilibrio posible y pedir ayuda, si es necesario.

La presencia de la Justicia española
En comparación con otros países, como Francia, los niños españoles han sufrido “dejadez por parte de las autoridades” y, simplemente se les ha ignorado. Esta realidad ha desembocado en familias desprotegidas, ya que en ningún momento se ha mencionado la posibilidad de que esto suceda y no se les ha ofrecido ninguna vía para esos momentos de fragilidad o nerviosismo que ha provocado la situación límite del confinamiento. “A lo mejor, la situación simplemente era visibilizar los recursos que ya había, no es lo mismo cuando una persona está en una situación límite y con constantes estímulos que cuando no lo está”, explica Aizpún.

 “Los niños españoles han sufrido dejadez por parte de las autoridades”, afirma Ignacio González.

Los niños son “de las víctimas más vulnerables, y, por ello, requieren una mayor protección”, narra Ignacio González. Los niños, según explica, no poseen recursos legales porque no tienen la capacidad de comparecer a juicio ni para presentar denuncias, ya que están a cargo de sus representantes legales.

El decreto del estado de alarma ha reducido la actividad judicial, pero en ningún caso ha dejado de funcionar en actuaciones urgentes o irreemplazables. La pandemia, según narra González, “ha puesto en evidencia algunas carencias” que sufre el sistema judicial.

La importancia del Principio de Interés Superior del Niño, según explica González, es “un criterio que debe guiar al legislador e incluso al juez a la hora de establecer determinadas decisiones”. Es decir, en un proceso familiar, sin perjuicio de que haya un conflicto entre la pareja, el interés del menor prevalece y cualquier decisión que se tome debe atender siempre a esa necesidad del infante.

Consecuencias irreparables
El Colegio Oficial de Psicólogos reconoce que la violencia que pueden sufrir algunos niños suponen escenas traumáticas, pero los efectos pueden ser aún más impactantes y marcar su vida. Según Ana Aizpún, las personas que han sido maltratadas de forma sostenida son personas que luego tienen la peor imagen de sí mismas y encuentran muchas dificultades para gestionar conflictos. “La persona que ha sido maltratada tiene una dificultad muy grande para entender dónde están los límites de la violencia”, explica la psicóloga.

“Desgraciadamente, hay niños que hasta que no son mayores no entienden que eso no les debería de haber pasado”, explica Aizpún.

También, reconoce que puede convertirse en una persona muy sumisa, porque en sus recuerdos emocionales está que las personas tienen el derecho a abusar y a maltratarla. “En estos casos, el sistema de defensa se anula, y va a ir encadenando relaciones abusivas a lo largo de su vida, como si eligiera el rol de maltratado”, explica Aizpún. Sin embargo, pueden presentar posteriormente otro perfil, como es el caso de las personas que, por el miedo a ser agredidos, se identifican con el rol de ser maltratadores. “No saben relacionarse con la violencia, o bien porque la ejercen como manera de defenderse del mundo o bien porque no saben ponerle límites y asumen que ese es su papel”, concluye la psicóloga en este aspecto.

Los efectos de la violencia puede tener daños irreparables en los niños si estos no son tratados adecuadamente. Los especialistas afirman que existe un “gran abismo” entre aquellas personas que, tras haber sufrido violencia durante su infancia, han tratado correctamente esos traumas y quienes no. “No necesariamente la ayuda puede ser psicológica, si esa persona ha estado en contacto con suficientes figuras adultas, figuras seguras, como un tío, un primo, sus tutores o personas de su entorno que vean lo que está ocurriendo y lo acompañen”, afirma Aizpún. Además, reconoce que hay una gran diferencia en aquellos niños que son conscientes de la situación y en aquellos que la normalizan. “Desgraciadamente, hay niños que hasta que no son mayores no entienden que eso no les debería de haber pasado. Van pasando los años y entienden que eso es lo normal porque se reconocen culpables”, explica la psicóloga.

Sin embargo, Aizpún encuentra esperanza, a pesar de la situación. “Creo que muchos casos de los que han aparecido durante el confinamiento desaparecerán cuando volvamos a la normalidad, ya que la violencia ha sido fruto de una época de ansiedad muy alta”, afirma. También, reconoce el papel de personas externas a la familia que mejoran la situación. “Cuando esto acabe, aparecen otros recursos de estabilización emocional, como los profesores, los abuelos, y así los padres tienen otros espacios donde descansar la mente”. Además, afirma que el ser humano se adapta a multitud de circunstancias. “No minimizo ni lo justifico, pero creo que a esos padres, que están muy agobiados porque han perdido los nervios durante el confinamiento, creo que sí ha habido afecto a la vez, solo es una época de turbulencias que puede luego cambiar”, concluye la psicóloga.

Este reportaje ha sido elaborado por los redactores de Mirada21.es, Mirada 21 TV y Corresponsales de Paz.