‘El juego del calamar’, catarsis con resquicios de humanidad

Isidro Catela y Juan Pablo Serra analizan el éxito de la serie surcoreana

Isidro Catela y Juan Pablo Serra durante la conferencia. Foto: G. V.

“Esta serie nos recuerda a los juegos de nuestra infancia y es curioso que nos estén planteando que tenemos que mantenernos como niños para conservar, literalmente, nuestra vida”, así comenzó la ponencia Isidro Catela. En el encuentro, tanto Catela como Juan Pablo Serra, ambos profesores del Grado en Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), analizaron diversos temas que la serie aborda como la violencia explícita e implícita o las conexiones que el proyecto tiene con la humanidad.

La violencia fue uno de los ejes principales de la conferencia que se celebró el pasado jueves 25 de noviembre. Ambos docentes coincidieron en que hay una diferenciación clara: la violencia externa y la interna. A la pregunta de por qué preocupa la violencia externa, Catela respondió que es porque se trata de una violencia cuantitativa e intensa.

“La serie para algunos supera el umbral de lo tolerable, para a los que no nos lo parece, nos preocupa que la normalicemos, que, como diría Hannah Arrendt, banalicemos el mal”, destacó el profesor. Asimismo, la preocupación aumenta cuando cabe la posibilidad de mímesis con dicho mal. De esta forma, Catela llega a la conclusión de que la serie es una especie de catarsis, en palabras de Aristóteles : “La violencia tiene la capacidad de redimir nuestras bajas pasiones”.

Un grupo de estudiantes, vestidos como en la serie, inviotaron a los alumnos a asistir a la charla. Foto: M. S.

La violencia implícita juega un rol importante en la serie. Juan Pablo Serra destacó que hay una serie de ideas que forman parte del ecosistema de la serie, aunque no se muestren tan constantes como el homicidio. De esta manera, hay ciertas secuencias (como las del crematorio) que muestran que la obra se compone por un conjunto de actos violentos algo escondidos como la prostitución o el tráfico de órganos.

A partir de esta reflexión, el Juan Pablo Serra compartió su preocupación sobre si realmente esta es la idea del mundo que el creador tiene. En este debate, Serra comparó al autor de El juego del calamar con el director de cine Quentin Tarantino, cuya filmografía tiende a mostrar la violencia de una forma explícita. Llegados a este punto, defendió que «no son pocos lo que dicen que Tarantino le tiene rencor a la vida porque no se parece a lo que le gustaría que fuese» y que en el cine se muestra «una violencia infinita» porque se piensa que «la vida es así de horrible».

Sin embargo, a pesar de esta violencia extrema que se escenifica, la serie cuenta con píldoras de humanidad. Una de ellas: la idea de la paternidad y maternidad relacionada con la salvación. La idea de filiación permanente. Ante esto, los ponentes reflexionaron sobre que puede que no todos los seres humanos sean padres o madres, pero todos, sin excepción, son hijos y, por ende, son seres vinculados. Dicha vinculación afecta a todas las decisiones, “¿Estarían orgullosos nuestros padres de lo que estamos haciendo?” es la pregunta que retumba en la conciencia de todo humano.

“Yo no quiero cosas que me impacten, quiero cosas que me marquen en el tiempo. Me parece estupenda la provocación, pero, ¿qué queda después de esta provocación?”, comentó Juan Pablo Serra.

Otro de los puntos que desarrollaron fue el debate de lo efímero. “¿Qué quedará del éxito de la serie después de Navidad?”, preguntó Juan Pablo Serra. En la ronda de preguntas, uno de los asistentes defendió que el éxito de la serie es que engancha y provoca algo en el espectador muy rápido. En la respuesta, el profesor justificó que la misma rapidez que demandas para que te enganche es la misma rapidez con la que lo olvidas. A este argumento añadió su opinión personal acerca de la fugacidad: “Yo no quiero cosas que me impacten, quiero cosas que me marquen en el tiempo. Me parece estupenda la provocación, pero, ¿qué queda después de esta provocación?”.

La propuesta estética causó de nuevo un debate entre los docentes y el público durante la ronda de preguntas. La serie presenta un escenario violento y cruel. Isidro Catela afirmó que se trataba de una propuesta feísta. Razonó que “no es lo mismo coger una libélula, arrancarle las alas y decir que has hecho un palo que coger un palo, dibujarle unas alas y decir: he hecho una libélula”. Sin embargo, defendieron que nada es por casualidad en la serie y que, como decía Jean Luc Godard: “Cada posición de la cámara es una posición moral”.