Reino Unido exige a la UE cambiar el Protocolo de Irlanda

El primer ministro para el 'Brexit', David Frost, acusa a la Unión Europea (UE) de aplicar “mano dura” y de no tener flexibilidad suficiente

Una de las "líneas de paz", muros que dividen ciudades en Irlanda del Norte

Irlanda del Norte es el único punto terrestre en el que Reino Unido y la Unión Europea (UE) se juntan. Cuando Reino Unido salió de la Unión Europea, mediante el proceso que se conoce como el Brexit, ambas partes acordaron el Protocolo de Irlanda para evitar una frontera dura entre ambos.

Este acuerdo no satisface las pretensiones del Gobierno británico, y su ministro para el Brexit, David Frost, amenazó a la UE con renunciar al Protocolo de Irlanda si no se cumplían sus exigencias. De esta forma, Reino Unido recurriría al “freno de mano” existente en el artículo 16 del texto legal.

«El Protocolo ha sido la mayor fuente de desconfianza entre nosotros y tenemos todas las razones para intentar arreglar esto», declaró Frost, el pasado martes 12 de octubre, desde Lisboa. Además, afirmó que el acuerdo fue negociado “desde una posición de debilidad” por parte de Reino Unido.

David Frost acusó a la UE de utilizar el Protocolo de Irlanda para «animar a las fuerzas políticas a dar la vuelta al resultado del referéndum o, al menos, para mantenerlos alineados». Según Frost, la UE se “extralimitó” durante la negociación y alegó que Reino Unido conocía de antemano que “algunas partes del Protocolo iban a resultar problemáticas”.

La respuesta de la UE
Bruselas no se plantea renegociar el pacto desde cero. Sin embargo, el pasado miércoles, la Comisión Europea planteó un nuevo acuerdo en el que se reducirían en un 80% los controles de algunos productos. Principalmente, de aquellos que cruzan la frontera de camino a los supermercados del norte. Además, se simplificaría el papeleo aduanero, con el objetivo de facilitar el flujo comercial.

El vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic, aseguró, el miércoles pasado, ser consciente de los problemas que plantea el Protocolo de Irlanda. Sefcovic reconoció que el comercio en la zona debía agilizarse y la necesidad de simplificar algunas medidas fitosanitarias. Los británicos exigen cambiar totalmente el Protocolo y la mediación del Tribunal de Justicia de la UE, pero es un escenario que Bruselas no contempla.

Heridas recientes del Ulster
En 1998, se firmó, en Belfast (capital de Irlanda del Norte), el Acuerdo de Viernes Santo. Los gobiernos británico e irlandés concibieron ese texto para poner fin al conflicto de Irlanda del Norte. Este período conflictivo, conocido como “The troubles”, comenzó en 1969 y se cobró más de 3.500 víctimas mortales.

La sociedad norirlandesa lleva décadas dividida en dos grupos: Los nacionalistas y republicanos irlandeses, identificados con la fe católica y partidarios de la unificación de la isla de Irlanda; y los unionistas y lealistas, de fe protestante, que defienden el vínculo político y cultural entre Irlanda del Norte y Reino Unido.

Irlanda del Norte fue el escenario del enfrentamiento violento entre paramilitares de ambos bandos, el grupo terrorista irlandés IRA y el Ejército británico, que asolaron el territorio durante tres décadas. Este hecho provocó una fragmentación entre sus habitantes, que sigue patente.

En Irlanda del Norte existen las llamadas “peace lines” o líneas de paz, muros que separan las zonas protestantes de las zonas católicas. De esta forma, cada comunidad crece en un ambiente aislado. Los integrantes se crían entre personas con las mismas creencias y tendencias políticas.

El malestar en Irlanda del Norte se ha hecho notar desde enero de 2021, cuando entró en vigor el Brexit, con las consiguientes medidas aduaneras. Desde entonces, especialmente, el pasado mes de abril, las líneas de paz y las calles de Irlanda del Norte han sufrido protestas y enfrentamientos entre republicanos y unionistas.

La guerra de las salchichas

La UE ha pedido a Reino Unido un «alineamiento con las reglas de la UE», declaró Maros Sefcovic el pasado mes de junio. Ambas partes establecieron una tregua de tres meses en los que Reino Unido ha continuado exportando alimentos sin adherirse a las medidas fitosanitarias que reclama la UE.

Irlanda del Norte debe cumplir las leyes del Mercado Común europeo para que sus productos puedan venderse en el resto de los Veintisiete sin tener que ser sometidos a una inspección aduanera previa entre las dos irlandas.