“Putin infringe los derechos humanos desde hace mucho tiempo”

Carmen Isolina Egea, profesora de Unión Europea y Políticas Comparadas en la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), ha analizado el conflicto entre Rusia y Ucrania

Carmen Isolina Egea es profesora de la Universidad Francisco de Vitoria e imparte la asignatura de Unión Europea y Políticas comparadas. Desde el año 2003 trabajó como asistente legislativa en varios organismos internacionales, el Consejo de Europa y el Parlamento Europeo. Asimismo, es consultora de asuntos públicos y políticas sanitarias. Isolina Egea ha concedido una entrevista para el programa de radio de Mirada21.

Supuestamente, el Ejército ruso estaba muy bien formado y no se pensaba que iba a tardar tanto en invadir el territorio ucraniano. ¿Qué ha fallado para que las previsiones no se cumplieran?

Yo creo que nos encontramos ante un Estado fallido, en gran parte. Tiene un ejército muy potente, pero tiene una economía débil y lo que nos están diciendo las fuentes, que también habría que contrastar (tendríamos que ver que la fiabilidad de la información que nos llega y todos los datos), es que están teniendo problemas de aprovisionamiento. Esto, teniendo en cuenta que Rusia es una gran productora de únicas fuentes de energía, parece casi irónico, pero parece ser que efectivamente los problemas que están teniendo son de aprovisionamiento para los tanques y para los diferentes modelos.

Y luego, probablemente, no esperaban que los ucranianos actuaran de esta manera. Tampoco sabemos exactamente qué estaba en la cabeza de Putin. Y tomar un país no es tan simple. Nos pueden parecer pocos días, pero en una guerra sostenida ya no son tan pocos días. En principio, la idea es el problema de aprovisionamiento, pero también hay que tener en cuenta la capacidad de resistir que tenga Ucrania. 

Se sabe que ha habido reuniones entre Rusia y Ucrania para abordar un alto el fuego, ¿no cree que es ilógico que se reúnan mientras Rusia sigue intentando invadir el territorio?

En este sentido, Zelenski (presidente de Ucrania) ha expresado, en su momento, cuando esta semana empezaron las conversaciones, que no confiaba en ellas y que dadas las circunstancias dudaba que hubiera algún avance, pero no podía no participar. Al final, la acción militar y la defensa tienen que hacerse. Ahí está la UE intentando poner recursos para que Ucrania esté mejor armada frente a la acción rusa, pero también, en paralelo, siempre suele haber conversaciones, ya sean reconocidas formales e informales, para intentar solventar la paz. Puede parecer un contrasentido, pero tienes que mantener canales de comunicación abiertos, o intentarlo, a través de terceros países o incluso directamente, para intentar ver la posibilidad de negociar. Los negociadores también dan información sobre la situación real de Rusia. Si Rusia ves que está negociando de una manera muy fuerte y muy dura, pues te está dando una idea de la percepción que las élites rusas están teniendo de esa negociación. Si tú tienes un negociador muy duro, significa que Rusia se considera muy fuerte, y conforme tú vas viendo cómo van reaccionando a lo largo de la negociación, ves cuál es la realidad política del Gobierno de Putin en esa guerra. Si está manteniendo la misma posición o se debilita, y lo mismo se aplica a los ucranianos.

¿Qué papel tiene la OTAN en todas estas negociaciones?

La OTAN y los estados miembros de la OTAN están intentando apoyar teniendo en cuenta que ninguno de los países que forma parte de la Alianza ha sido directamente atacado. Esto limita mucho su capacidad de acción, cuestión distinta es que los países en particular lo estén haciendo, y están intentando colaborar con el diseño y la implementación con los distintos tipos de capacidades militares, a las fuerzas ucranianas y, sobre todo, a los países limítrofes, como Polonia. Veíamos que el primer ministro (de Reino Unido) Boris Johnson había ido a Polonia, que es un país de la OTAN y, en ese sentido, se está intentando ayudar a los países limítrofes para que Rusia sienta la presión, sobre todo en aquellos casos que son miembros o que no son miembros pero que les ha interesado formar parte, como es el caso de Suecia y Finlandia, países afectados directamente por la invasión de Ucrania, en el sentido de decir “ojo que hay nuevos países que se están involucrando, que quieren formar parte de la OTAN y que vas a estar rodeado”. Cualquier tipo de injerencia en estos países ya sería distinto.

Están intentando ayudar con capacidad militar y también con estrategia, que no es ninguna tontería en este momento. 

En cuanto a España se refiere, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que va a dotar de material ofensivo al país ucraniano para su defensa. ¿Ha sido tomada esta medida porque otros países están ayudando o porque se siente como algo necesario?

Yo creo que el Gobierno tiene un problema interno y tiene una división ideológica en este tema, lo que es absolutamente incomprensible para cualquier ciudadano normal. La invasión de Ucrania no tiene colores. Es un país que su soberanía está siendo vulnerada y que están matando a su gente. Luego, está la actividad de la OTAN y de las instituciones europeas que lo gestionan. El Gobierno tiene un problema porque está dividido en su posición y, a partir de ahí, le está costando, y está arrastrando los pies en las decisiones que toma. Entonces, han sido los últimos en aceptar la participación cediendo tropas a través de la OTAN, porque era su obligación, porque era su deber y porque se ha comprometido jurídicamente, lo que faltaba es que no lo hiciera, pero lo ha hecho en el último momento. El antiguo ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell en el pleno del Parlamento Europeo hablaba de la contribución de la UE a la guerra contra Rusia. Que España no estuviera colaborando era una cuestión rara y fea, para eso estamos dentro de determinadas instituciones. El propio exministro del Gobierno de Sánchez declarando esto hizo que Sánchez pensara que ya era tiempo, pero tarde. Esto refleja mucho los problemas que tiene el Gobierno y, que en estos momentos, son más duros de asimilar. Quiero decir, cuando estamos hablando de vidas humanas esa tibieza es más dura de asimilar.

En Rusia, este martes ya había más de 6.400 rusos detenidos por protestar contra la guerra. ¿No cree que esto es un atentado directo contra los derechos de los ciudadanos rusos?

En 2009 se le dio el premio Sajarov, que es un premio que da la UE para la defensa de los Derechos Humanos, a una asociación que se llama Memorial, que lucha para recordar toda la acción de Stalin. Una de las cosas que hizo Stalin en su momento fueron las grandes hambrunas, llevándose toda la producción ucraniana al resto de Rusia. Esto es lo que recordaba la asociación Memorial.

En 2009, se le dio el premio porque había medidas que ya estaba tomando el Gobierno de Putin contra la asociación, que únicamente había recordado el pasado y los hechos que habían ocurrido durante la época comunista. En 2018, se dio el premio Sajarov a Oleh Sentsov, un ucraniano de lengua materna rusa cineasta, que había hecho una película acerca de la situación en Ucrania y en Rusia. Llevaba años en la cárcel y se le pudo dar el premio tiempo después, cuando salió. Este año se le dio a Navalni, un líder que ha intentado crear un partido político y un movimiento contra Putin.

Putin lleva realizando infracciones contra los derechos humanos y yendo en contra del derecho de asociación, el de manifestación y el de libertad de prensa desde hace mucho tiempo. Esta es una más de esas prácticas que ha tenido. Ha sido muy criticado y hay personas que constantemente le han dicho algo al respecto, quiero decir, esta es una más. Nos demuestra que hay muchas más Rusias. Rusia no es solamente Putin o el sistema corrupto que le rodea, sino mucha gente que esta intentando luchar porque sea de otra manera, gente que ha sido reprimida muchos años, a los que en algunas ocasiones se les escuchaba de manera casi folclórica. Debemos intentar ayudar a esas personas, que las acciones que se están imponiendo también les va a afectar a ellos, y tenerlo en cuenta. 

Yo tengo amigos y compañeros que están en territorio ruso y son de familia ucraniana, gente que tiene un pasado común. Hay una resiliencia en este tema y hay que pensar también en ellos.