Madeleine Albright, la vida de la primera secretaria de Estado

Exiliada desde niña, trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional e incluso representó a Estados Unidos en la ONU. Albright falleció, el 23 de marzo

Madeleine Albright, primera secretaria de Estado

Madeleine Albright, quien fue la primera secretaria de Estado de Estados Unidos, falleció el 23 de marzo, víctima del cáncer. Conocida por su activismo y patriotismo, Albright estuvo al mando de las relaciones exteriores estadounidenses, desde 1997 hasta 2001, nombrada por el presidente demócrata Bill Clinton.

Madeleine Albright nació en Praga, en 1937, donde fue bautizada como Marie-Jana Körbelova. Hija de un diplomático checoslovaco tuvo que exiliarse en Londres con solo un año huyendo de la invasión nazi. Aunque su familia era judía, Albright fue bautizada como católica y no descubrió sus orígenes judíos hasta décadas después.

Regresaron a Checoslovaquia al terminar la Segunda Guerra Mundial, pero un golpe de estado, apoyado por la URSS, en Yugoslavia, donde su padre era embajador, les obligó a volver a huir, esta vez a EE.UU. Ya desde su época en la escuela le empezó a interesar la política internacional. Asistió a una escuela en Denver donde fundó y dirigió el club de relaciones internacionales.

Se especializó en Ciencias Políticas en la Wellesley College, una universidad femenina a la que más tarde asistió Hillary Clinton. Se casó nada más licenciarse y se dedicó a su familia, pero nunca dejó de formarse. De hecho, fue durante su doctorado cuando uno de sus profesores se fijó en su gran capacidad y la invitó a entrar en el Gobierno estadounidense.

Comenzó como ayudante del senador del Estado de Maine, Edmund Muskie, trabajó para el Consejo de Seguridad Nacional durante la Presidencia de Jimmy Carter, y, cuando Bill Clinton llegó al poder la nombró representante permanente de Estados Unidos en la ONU.

Durante esta época, a Madeleine Albright se la reconoció por su carácter, directo y apasionado. Sus discusiones con el secretario general de Naciones Unidas se daban a diario. Este exigía la intervención de EE.UU. en conflictos en países del tercer mundo. Albright, a pesar de las negativas al secretario de la ONU, también presionaba a su Gobierno para que solventara los abusos en Bosnia o la guerra en Ruanda.

Clinton, que había salido horrorizado del resultado de la intervención en Somalia, con el derribo de sus helicópteros emitido en las televisiones internacionales y la tortura que sufrieron sus militares, se negó a una nueva intervención en Ruanda, donde fallecieron más de 800.000 personas. Albright se arrepintió de no haber podido impedirlo. Declaró a The New York Times: «fue el más profundo remordimiento que tengo de mis años de servicio público”.

“Desde mi cargo, pude ayudar a los nuevos países democráticos de Europa Central y del Este, incluyendo mi tierra natal de Checoslovaquia, a convertirse en miembros de pleno derecho del mundo libre”, declaró Albright sobre el proceso de integración de las potencias exsoviéticas en la OTAN.

En 1996, Bill Clinton fue reelegido y nombró a Madeleine Albright como su secretaria de Estado. Durante esta época tuvo numerosos éxitos. Convenció a Clinton de la necesidad de intervenir en la guerra de Kosovo, logrando así el final del conflicto.  Logró desbloquear el proceso de paz en Oriente Próximo tras convocar al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y al presidente de la Autoridad Nacional Palestina Yasir Arafat en una cumbre en Estados Unidos.

Aun así, su logro más relevante en la política actual fue el de la ampliación de la OTAN a los países de la antigua URSS. “Desde mi cargo pude ayudar a los nuevos países democráticos de Europa Central y del Este, incluyendo mi tierra natal de Checoslovaquia, a convertirse en miembros de pleno derecho del mundo libre”, declaró en el año 2000. Y es que fue un hecho tan determinante que el presidente checo llegó a proponerla como su sucesora.

De Madeleine Albright se ha destacado sobre todo su gran capacidad comunicativa. Y no solo por palabras. Ella hizo del broche un instrumento para su política. Dependiendo de la figura colocada en el alfiler de su chaqueta se podían adivinar sus intenciones en cada momento. Si lucía mariposas, globos o mariquitas, estaba de buen humor; si portaba moscas, arañas o serpientes, había que tener cuidado; si llevaba la tortuga estaba pidiendo tratar las cosas con calma, y, si se ponía el búho, era para mostrar su sabiduría en algún tema.

Una de las anécdotas que protagonizaron sus broches ocurrió en una visita al ministro de Relaciones Internacionales ruso, Igor Ivanov. Este le preguntó si el broche que llevaba era un misil interceptor ruso. A lo que Madeleine respondió: «Sí, y como puedes ver, sabemos cómo hacerlos muy pequeños. Lo mejor será que te prepares para negociar».

Madeleine Albright, durante sus último años, escribió varios artículos en The New York Times. El último, titulado Putin está cometiendo un error histórico, fue publicado justo antes de la guerra en Ucrania, de la que escribió: “No será como la anexión de Crimea en 2014, sino como la desgraciada ocupación soviética de Afganistán en los 80”. A lo largo del artículo describió cómo sería esta guerra, con una gran resistencia ucraniana, sanciones por parte de la OTAN… Una predicción muy acertada.