El conflicto perdura desde hace años en Israel, y sus habitantes ya han hecho de la guerra una rutina cotidiana en su vida. El pasado 28 de febrero, Irán, tras recibir la ofensiva conjunta estadounidense-israelí, respondió atacando con drones y misiles a Israel, que reactivó de nuevo el sistema de alerta de sus residentes. Silvia Holgado, consagrada en Regnum Christi, vive en Jerusalén desde hace seis años y habla de la visión del día a día que ella percibe y experimenta en la ciudad.
El día a día de los ciudadanos en Jerusalén
“El sábado por la mañana empezábamos a desayunar sobre las 8:00 y sonó la alarma en nuestros móviles, un sonido ya muy conocido. Al inicio no das crédito en el sentido de que no quieres creer que de nuevo son misiles”, cuenta Silvia Holgado sobre el día que comenzaron los ataques de Irán. Estaba con su comunidad en Magdala, donde tenían un retiro de oración mensual cuando sucedió. Ya conocían las tensiones que había entre Israel e Irán las semanas previas a la primera ofensiva, por lo que podía esperarse que algo así sucediera. “En ese momento, te vienen al corazón tantos esfuerzos, ilusiones que están puestas en la apertura y seguridad en Tierra Santa, y que de nuevo tendrán que esperar unos meses”, explica.
“Ese es otro de los contrastes de esta ciudad: estamos en guerra, pero vivimos sin miedo. Quizás porque estamos ya hartos de violencia y necesitamos vida”, dice Silvia Holgado
“Procuro llevar una rutina parecida a la de siempre, pero no es del todo posible porque sigo las medidas de seguridad: estar siempre cerca de un refugio y acudir allí cuando suenan las sirenas de alerta”, cuenta Holgado. La consagrada asegura que existe una sensación de alta seguridad en Jerusalén, aunque sí que perciben el ruido de los misiles y las intercepciones del sistema de la Cúpula de Hierro.
Las actividades de los ciudadanos se han ido reduciendo hasta llegar a realizar principalmente las esenciales, que se limitan a salir a la calle únicamente cuando se necesite. Sin embargo, Holgado comenta lo concurrida que sigue estando la calle: “Ese es otro de los contrastes de esta ciudad: estamos en guerra, pero vivimos sin miedo. Quizás porque estamos ya hartos de violencia y necesitamos vida”.
Holgado también cuenta una experiencia personal que le marcó con diferencia. El nuncio apostólico en Israel, que se está jubilando, fue a Notre Dame Center (Jerusalén), el pasado 1 de marzo, a celebrar la misa. Antes de la bendición final, dijo unas palabras que se le quedaron grabadas: “Ahora todos estamos pidiendo por la paz, y es necesario que sigamos orando y pidiendo por ella. Pero yo les invito, sobre todo, a pedir a Dios que nos dé la luz necesaria para ver al otro, al que es diferente, como un hijo de Dios, que reconozcamos que todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y de ahí empezará a fluir la paz”.
El hábito de una vida dentro de un país en guerra constante
Jerusalén no vive la situación con una tensión constante, pues Holgado deja claro que si no, no sería posible sobrellevar los acontecimientos violentos que llevan viviendo desde hace años. La guerra ha creado cierta costumbre entre los habitantes a experimentar escenas de emergencia y, con ello, a construir de forma natural una vida en alerta.
“Veo mucha gente, de distintas religiones e idiomas, que solo quieren vivir en paz, trabajar, disfrutar de su familia y que el día a día traiga una prosperidad sencilla”, expresa Silvia Holgado
Asimismo, Holgado también hace referencia a la importancia de conocer exactamente lo que se debe hacer ante el ruido de una alarma, tanto para mantener la calma como para ayudar a aquellas personas que no lo tienen tan incorporado en sus vidas. Una vez en el refugio, el tiempo no suele alargarse más de 15 minutos, y la gente actúa con normalidad y tranquilidad. “En los refugios tampoco hay tensión: bajamos, conversamos y esperamos a que llegue a nuestros móviles la señal de que ya podemos salir”, explica la consagrada.
Silvia Holgado habla de un cansancio generalizado debido a la violencia presente en la región desde hace años. “Hay una gran necesidad de encuentro, de paz a nivel personal”, explica. Sin embargo, la capacidad de resiliencia y de ayuda entre los habitantes permanece en estas situaciones difíciles: “Veo mucha gente, de distintas religiones e idiomas, que solo quieren vivir en paz, trabajar, disfrutar de su familia y que el día a día traiga una prosperidad sencilla”.
Holgado afirma la complejidad de las circunstancias presentes en Israel desde hace siglos. Según la consagrada, Occidente ha ideologizado demasiado lo que ocurre en el país y no es capaz de comprender lo que verdaderamente sucede. Ella se ha dado cuenta de que el conflicto no va a terminar pronto porque requiere de un reequilibrio de fuerzas en Medio Oriente que es imposible de lograr en una semana. “Los slogans son absurdos e inútiles, y una solución simple e inmediata no está al alcance de nadie”, concluye Silvia Holgado.
