Un sentido para vivir (mejor)

- Desmarcar - 14 de febrero de 2023
Tener un propósito en la vida mejora la salud física, según expertos científicos y filósofos. Foto: Flickr José Antonio Gil Martínez
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Escrito por Abril Requero, Javier López-Cuervo y Pablo Parreño

“Gracias a ti seguí remando contra la marea”, cantaba Pau Donés en Eso que tú me das. El vocalista de Jarabe de Palo publicó esta canción solo unas semanas antes de su muerte, el 9 de junio de 2020, a los 53 años. Pau Donés le dedicó este tema a su hija Sara (quien aparece en el videoclip) para agradecerle su “amistad”, su “compañía” y por ayudarle a afrontar su enfermedad con una sonrisa. En sus nudillos tenía tatuadas “Sara” y “amor”, dos palabras que bien pueden resumir los motivos por los que seguía adelante. Tener propósitos en la vida sirve para continuar y sobrellevar las dificultades. “Me ayudaste a remontar, a superarme día a día”, continúa la canción.

Un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston (BUSPH) refuerza esta teoría. En concreto, afirma que tener un propósito u objetivo en la vida está relacionado con disponer de una mejor salud. El documento, publicado en la revista Preventive Medicine y coordinado por el doctor Koichiro Shiba, profesor asistente de epidemiología en BUSPH, explica que cuanto mayor es el propósito en la vida, menor es el riesgo de mortalidad por enfermedades de deterioro cognitivo o cardiovasculares. 

Para llegar a esta conclusión, los científicos hicieron uso de datos del Estudio de Salud y Jubilación, un informe representativo de adultos estadounidenses de más de 50 años. Entrevistaron a más de 13.000 personas para hablar sus objetivos en la vida y examinaron el riesgo de mortalidad durante un periodo de ocho años, que inició entre 2006 y 2008. Los resultados obtenidos muestran que aquellas personas con un mayor sentido de propósito tienen menor riesgo de mortalidad, en concreto, un 21,3% menos que aquellos sin propósitos.

Enfrentarse con positivismo a la enfermedad
Mercedes Franco, profesora de Fisioterapia en la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), lleva tiempo estudiando la actitud de los pacientes al enfrentarse a una enfermedad. La predisposición y el estado de ánimo, según analiza, tienen un valor fundamental que pueden llegar a determinar el desarrollo de un mal. Franco ha reparado en la existencia de una serie de mecanismos que permitirían que afrontar una dolencia fuera un proceso más sencillo. Entre ellos, “enfrentarse con positivismo” al problema puede, en algunos casos, conseguir que se evolucione mejor. “La mente es muy potente”, afirma la profesora, que, a su vez, señala que hay una gran diferencia entre aquellos enfermos que muestran una conducta optimista y los que no.

A nivel biológico, Mercedes Franco apunta que la preocupación excesiva puede derivar en la segregación de sustancias proinflamatorias que empeoran el estado de salud del paciente. Las endorfinas, en cambio, originadas por una mayor alegría, resultan claramente beneficiosas para calmar las afecciones físicas. Los pacientes con una meta concreta y una mentalidad fuerte son capaces de resistir los achaques y tienen más posibilidades de salvarse. Franco asegura que el motor que mueve todos los propósitos es el amor, que está “presente en todo”. Y concluye que es en las relaciones humanas donde se encuentra esa verdadera expresión de afectividad.

“La calma del espíritu genera paz en el cuerpo”, alega Miguel Ortega, doctor en Filosofía y profesor en la UFV

Miguel Ortega, doctor en Filosofía y profesor de Antropología en la UFV, destaca el estudio de Boston e incide en que el sentido se halla realmente en las acciones que otorgan plenitud: “La calma del espíritu genera paz en el cuerpo”. En la dualidad humana, sería imposible no distinguir entre dos dimensiones que habitan aferradas entre sí para procurar una existencia plena. “Si usted solo ve en el hombre biología, es inexplicable que una paciente con metástasis, a la que le quedaban días de vida, pudiera llegar a sobrevivir varios meses más después de haberse reconciliado con el hermano con el que se peleó”.

“Somos seres biológicos y metabiológicos a la vez”, manifiesta. En las situaciones en las que se tiende a categorizar, reside, no obstante, una carga emocional inevitable, cualidad inherente al ser humano, símbolo de su naturaleza. Ante la universalidad de una búsqueda de sentido, Ortega asevera que lo trascendente es igual para todos, pero que la adaptación y la forma de caminar el sendero son muy distintas: “La felicidad, el sentido, la plenitud que buscamos es la misma. Otra cosa es la experiencia que tenemos cada uno”.

Un proyecto divulgativo de la Universidad de Navarra confirma las teorías elaboradas por el estudio de Boston y alude a la risoterapia como fuente de salud. La risa, de esta manera, queda descrita como uno de los poderes que potencian con mayor intensidad la estabilidad mental y física. Se ha llegado a ver, durante numerosos procesos de investigación, que las personas que habían mantenido un cierto sentido del humor durante sus vidas habían sido cinco o seis años más longevos. Mens sana in corpore sano, destaca la frase en latín.

Ama y haz lo que quieras
Todas las personas tienen propósitos en su vida, aunque sean pequeñeces o insignificancias, pero estos no llenan al ser humano. Surge entonces una pregunta, ¿cuáles sí lo hacen?, ¿qué puede dar sentido a la vida de todo hombre?

El padre Xavier Gutiérrez L.C., sacerdote en la UFV, explica que “el ser humano tiene una sed infinita”, por lo que tiene dos posibilidades. La primera es conseguir un número infinito de cosas, algo matemáticamente imposible. La otra opción, más lógica, es conseguir algo que sea infinito y capaz de saciar esa sed. A lo largo de la historia, se han presentado algunos candidatos a llenar ese vacío, como el poder o el placer. Sin embargo, estos “pequeños candidatos” terminan llegando a su fin: “Todo esto pasa. Ese es el drama de nuestra existencia, todo es efímero y todo caduca”.

Ahí es cuando se impone la idea del Amor, que, según el padre Xavier Gutiérrez L.C., para que haya amor debe haber libertad. Por ello, para que el amor cumpla como ese infinito nunca debe depositarse en algo efímero. “El amor es entre personas, tiene que ser entre dos infinitos”. También puede servir el amor a un ideal, siempre noble, y con una “dimensión personal”. “Debe estar dirigido a mejorar la vida de las personas”, añade.

Foto: Flickr

“Cualquier persona que ame encontrará un sentido para vivir”, asume el padre Xavier Gutiérrez, L.C.

Otro “infinito” que surge, como explica el padre Gutiérrez L.C., es Dios. Cuando san Juan escribió “Dios es amor”, no reducía sus palabras a una simple frase bonita, sino que estas encerraban una profunda verdad teológica. La esencia de Dios es el amor, afirma el padre Xavier Gutiérrez L.C.: “Todo lo relacionado con el amor es una experiencia divina, un fragmento de Dios”. Sin embargo, también admite que una persona sin fe puede ser feliz: “Cualquier persona que ame encontrará un sentido para vivir”.

Un porqué para soportar cualquier cómo
Hay un dicho que afirma que “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Cuando llegan las dificultades, vivir ese amor que llena los corazones supone un reto mucho mayor. No obstante, es también en esos momentos de dificultad cuando el amor da más sentido a la vida. “El amor lo puede todo y es la gran verdad”, explica Pablo Delgado, profesor del Grado en Fisioterapia en la UFV.

Pablo Delgado nació con un problema renal por el que le dieron apenas 12 meses de vida. Ahora, tiene 45 años y, a causa de su enfermedad, desde los 16 años debe tratarse diariamente durante seis horas porque su cuerpo no es viable autónomamente: “O estoy en diálisis o estoy trasplantado; si no, me muero”. Como explica Delgado, la enfermedad “quita sueños e ilusiones” y “obliga a vivir el día a día”. “Cuando te van muy mal las cosas, no tienes tiempo de pensar en tonterías”, asume Delgado, quien se ha enfrentado a 31 cirugías, tres trasplantes de riñón, ocho años de diálisis y una amputación.

Sin embargo, Pablo Delgado piensa que toda vida tiene un sentido, y el suyo es mostrar esa idea a todo el mundo: “El mejor regalo que nos puede dar Dios es la vida. Aunque a mí me han dado un envoltorio muy feo, lo importante es lo de dentro”. Todo ello lo consigue apoyándose en su mujer y en su hija, una familia que siempre tuvo el sueño de formar: “Vivir una vida con gente que te acompaña y te quiere te da más felicidad que cualquier otra cosa”.

Hacer del sufrimiento un grito de amor a Dios
El otro pilar en la vida de Pablo Delgado es Dios, aunque no siempre entendió su sufrimiento de forma tan clara. Para él, la fe es un don, pero también una tarea. Un camino de formación sin el cual no habría comprendido que “los problemas bien utilizados son una fuente de crecimiento”, ni que Dios “da gracia y fuerzas acorde a los problemas”. “Doy muchas gracias a Dios por mi enfermedad, por todo lo que me ha enseñado, nos ha ayudado a construir a los tres”, afirma.

“Doy muchas gracias a Dios por mi enfermedad, por todo lo que me ha enseñado, nos ha ayudado a construir a los tres”, afirma Pablo Delgado, quien se ha enfrentado a 31 cirugías, tres trasplantes de riñón, ocho años de diálisis y una amputación.

Delgado explica que todo el mundo tiene una mochila cargada de dificultades, y que para superarlas es importante tener sueños: “Tener esperanza, tener objetivos es lo que te salva”. Además, destaca que estas dificultades “forjan” a la persona, y que siempre hay “mucho más por lo que agradecer” que por lo que quejarse: “La vida no es cómo viene, es cómo la afrontamos”.

Como seres sociales, las personas están llamadas a una constante búsqueda de relaciones afectivas que proporcionen sentido a la vida. “Soy más feliz cuanto más me entrego”, añade Miguel Ortega, quien reivindica que en lo innato se encuentra la génesis del proceso de indagación. Sin embargo, expone que el camino es una forma de irse descubriendo a uno mismo, que el hombre es un ser indeterminado, capaz de abrirse al devenir de circunstancias. “Las llamadas a la plenitud son siempre imperfectas, y eso hay que saber asumirlo”, declara. 

El amor, como origen y final de la vida. Como esencia y circunstancia de un recorrido que empuja al ser humano a una permanente búsqueda de la plenitud, una luz que ilumine en la oscuridad, un motivo por el que despertar cada mañana, un destinatario al que enviar una fugaz sonrisa. Miguel Ortega destaca que “las personas, siendo efímeras, están llamadas a lo eterno”, porque el hombre, al fin y al cabo, es un ser en busca de sentido. Y ese sentido es el Amor.

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