“Para mí, una película buena es un milagro”

- Desmarcar - 8 de octubre de 2021
Arturo Encinas, durante la entrevista
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Entrevista realizada por María Soler y Alberto Barrios

Arturo Encinas, profesor y organizador de la II edición del Seminario Historia del Cine, ha profundizado sobre varios asuntos relacionados con el séptimo arte. “El cine es una conversación”, asegura Encinas, quien también ha analizado la mirada que tienen los directores sobre sus obras y el fenómeno de Netflix y su impacto en la industria. El II Seminario Historia del Cine, organizado por la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), comenzó el 4 de octubre y consta de ocho sesiones, hasta su finalización el 24 de noviembre.

¿Por qué es importante este seminario para los alumnos?
Porque para aportar algo en el ámbito de la comunicación audiovisual, uno tiene que conocer su historia. Si no tienes estos conocimientos previos, probablemente harás una película o un vídeo sin saber si lo que estás haciendo está más visto que la leche o realmente estás aportando algo.

No sabes si estás cayendo en clichés. Necesitas una perspectiva histórica para saber con quién estás dialogando. El cine es una conversación. Las películas de los años 80 dialogan con las de los 90 y luego con las de los 2000. Tienes que conocer de qué va la conversación para poder participar en ella, si no llegas y haces el ridículo.

¿Con qué criterio se han seleccionado las películas que se van a visionar?
Tenían que ser películas fundamentales, que no se te ocurrieran verlas a ti por lo general, pero que tampoco fueran muy evidentes. Por ejemplo, cuando se estudia el neorrealismo italiano se suele hablar de El ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica. Lo que hemos hecho es poner otra película, como Roma, ciudad abierta, que es muy poderosa y muy importante, pero no es la película habitual. Es el criterio que hemos utilizado. Hay algunas más evidentes como El Padrino, y otras no tanto, como La infancia de Iván. Un chaval habitualmente no se mete en su casa para ver Ciudadano Kane, pero hay que verla y ya está, no hay más de que hablar.   

¿Qué mirada concreta tienen los cineastas sobre la realidad del séptimo arte?
Muy variada, hay algunos que lo conciben como mero entretenimiento. Digo, claro, de cara al público, luego lo que ellos piensen no podemos saberlo. El cineasta también miente mucho y dice cosas como “no, mis películas son para entretenerse”, pero todos en el fondo quieren defender una serie de ideas sin que se vean directamente. Hay gente como Tarkovski que piensa que el cine es como una consagración a Dios a través del arte cinematográfico. Otros, como Woody Allen, que es el modo de expresar la hipocresía y el cinismo del hombre del siglo XX… cada uno piensa cosas diferentes.

«El cine influye en cómo te imaginas tu vida y la proyectas para convertirte en ese ideal de ti mismo», afirma Arturo Encinas.

¿Cómo cree que afecta el cine a la vida de las personas? ¿Y en su experiencia? 
A cada uno le afecta de una manera. Hay una norma general, y es que en el cine hay una representación del mundo, de cómo es el mundo. Esas representaciones van modelando lo que nosotros pensamos que es la realidad y van cambiando nuestra posición ante las cosas en la vida. Además, modifican nuestra forma de proyectarnos e imaginarnos la vida. Tú para decidir lo que quieres ser necesitas algo que alimente tu imaginación, que te proyecte hacia el futuro.

Muchas veces, eso lo encontramos en las películas porque vemos que ciertos cursos de acción llevan a un tipo de acciones que te destruyen o otras que te construyen. Si te convencen de que una acción representa lo destructivo y otra lo constructivo, tu imaginación se alimenta de esta asociación. De esta manera, el cine influye en cómo te imaginas tu vida y la proyectas para convertirte en ese ideal de ti mismo. En general, el cine funciona así.

Luego, lo que a mí me pasa con el cine es algo que no puedo explicar con palabras. Hay veces que estás delante de una película de John Ford y dices “esto es la verdad”, “y en qué consiste la verdad?”, en esto, en John Wayne hablando con la tumba de su mujer. Entonces, o lo entiendes, o no lo entiendes. 

Tras la llegada de Netflix, la forma de ver cine está cambiando. Se ha cambiado la gran pantalla por la tele del salón. ¿Qué opina sobre este fenómeno? 
Me da un poco igual. Que cada uno haga lo que quiera. Me parece que va a sepultar más todavía el ya maltrecho negocio de la exhibición cinematográfica, que ya lo lleva pasando mal un tiempo y que lo va a pasar peor todavía. Lo que es una sala de exhibición, sobre todo si es un poco independiente, va a desaparecer. Eso es una oportunidad menos que vamos a tener, eso es lo que me puede escamar del tema.

Desde el punto de vista del ocio audiovisual, vamos a perder oportunidades. Va a ser una pena, porque ahora ir al cine va a costar más por la falta de cines y se convertirá en una actividad de nicho. Lo gracioso del cine es que por un níquel podías estar toda la tarde en el cine. Hay un ritual y algo místico en ir al cine. Yo iba mucho al cine solo cuando estudiaba, a veces me abrían la sala para mí solo. Era como una recompensa. Hay algo monumental en el cine, es como un templo.

¿Qué hace especial a un guion cinematográfico? ¿Qué elementos son imprescindibles para que sea una buena historia? ¿Alguna vez ha escrito alguno?
No soy capaz de responder porque cada guion es especial por cosas diferentes. Un guion que me parece horrible pero que me fascina: Dos tontos muy tontos. Yo tengo una teoría, que quizá mucha gente no comparte, pero, para mí, una película buena es un milagro. Es una gracia que ha aparecido ahí porque se han dado una serie de coincidencias y han generado una película que dices: “No sé por qué, pero esto me hace llorar, no sé explicarlo”.

Hay algo divino, que trasciende a aquello que uno puede conseguir por sus propios medios, como milagroso. Si nos fijamos en el guion, hay muchos teóricos que hablan sobre las reglas para hacer guiones, las partes imprescindibles, pero no quiero caer en eso. O sucede el milagro o no sucede. Igual tienes una película técnicamente perfecta, pero no funciona. Si no, yo mismo estaría escribiendo películas muy buenas. Hay orientaciones, obviamente, pero tiene que ocurrir el milagro. 

¿Pero un milagro que se deja al azar? 
Depende de la suerte que te toque. A ver, es más fácil que surja un milagro con profesionales buenos. Ocurre algo que es inexplicable, por eso tú no puedes enseñar a hacer taquillazos.

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