“El fútbol no se puede explicar solo como un negocio”

- Desmarcar - 14 de febrero de 2023
Alejandro Requeijo, durante su entrevista con Corresponsales de Paz
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Escrito por Corresponsales de Paz

Alejandro Requeijo (El Confidencial) lleva en el oficio del periodismo desde hace más de 15 años. Es conocido por sus investigaciones sobre la banda terrorista ETA, por los casos de Luis Rubiales y Florentino Pérez, por su reportaje —también llevado a formato pódcast— Muerte en el salvaje Ourense y por una de sus grandes pasiones: el fútbol y la defensa de los colores de su equipo, el Atlético de Madrid. Hace unos meses le propusieron escribir un libro, y ahora se publica su primera obra: Invasión de campo.

El libro, como define Requeijo, es un «manifiesto de grada» y un tributo al aficionado, para todo aquel hincha que acude al campo en forma de seguidor. A su vez, el periodista explica las consecuencias del modelo de negocio de los clubes. Sus páginas son una reivindicación a la cultura del fútbol y también una denuncia contra quienes pretenden homogeneizar los estadios, los símbolos y, en definitiva, todas las tradiciones que dan esencia a este deporte.

Corresponsales de Paz entrevista a Alejandro Requeijo, antiguo alumno de la Universidad  Francisco de Vitoria (UFV), para conocer su libro y cuál es su percepción sobre la situación del fútbol actual y el futuro de este.

¿Por qué un libro de fútbol cuando habitualmente escribe sobre política y sucesos?
Mi ocupación habitual en el periodismo, que tiene que ver con ámbitos policiales de seguridad y tribunales, fue la puerta de acceso. Nosotros habíamos publicado, dentro de la investigación que hacemos a diario en El Confidencial, los audios de Florentino y el caso de los Supercopa Files, que tenían que ver con la gestión de Luis Rubiales al frente de la Federación Española de Fútbol. La propuesta inicial de la editorial era centrarse en la corrupción, no solamente en el fútbol. Al editor le dije que a mí lo que de verdad me gustaría hacer era escribir un manifiesto de grada y empecé a contarle la manera en que la gente que vamos a los estadios tenemos que entender el fútbol. La reacción del editor fue: “Hay que hacerlo”.

¿Invasión de campo es el resultado de muchas horas en el estadio?
Sí, absolutamente. Invasión de campo no ha sido un libro especialmente complicado de escribir, porque es trasladar todo lo que soy y todo lo que yo he vivido a lo largo de prácticamente toda mi vida, visitando estadios tanto de Europa como de Sudamérica, y siguiendo a mi equipo en la mayoría de ellos. Los estadios son, o deberían ser, lugares de expresión popular. El libro es una reivindicación y también una denuncia contra quienes pretenden homogeneizar el fútbol.

«Los estadios son, o deberían ser, lugares de expresión popular»

Otro aspecto de la homogeneización de este deporte es la imposición de las televisiones y el mercado en el fútbol, ¿en qué consiste?, ¿cuáles son sus fines?
La homogeneización se mide en múltiples factores. Antes, un aficionado al fútbol echaba un vistazo a un estadio y ya sabía identificar de qué equipo era, aunque solo sea por la arquitectura. Ahora, todos los estadios los hacen iguales, y la motivación es principalmente económica.

Los clubes han entendido que los estadios son un nuevo foco de explotación económica y, por lo tanto, cada vez se hacen más estadios pensando en eventos que no tienen nada que ver con el fútbol. El principal damnificado es el aficionado que acude al campo. En los últimos años, hemos visto a equipos cambiar de estadio, hemos visto cómo sus dirigentes les venden las bondades del nuevo emplazamiento con anuncios de nuevos palcos VIP para poder explotar económicamente todos los recursos. Nadie se preocupa por la acústica de los estadios. Es decir, ese hilo conductor que hay entre la grada y los jugadores, que es el que hay que proteger. De hecho, ese vínculo también se ve entorpecido por unas megafonías que están cada vez más presentes, incluso durante los partidos, cuando los equipos marcan gol.

Lleva tiempo investigando la gestión de ciertas figuras que, bajo su juicio, contaminan el fútbol, como Florentino Pérez o Luis Rubiales, ¿de qué manera lo ensucian?
Son dos personajes y dos perfiles distintos, cada uno en su ámbito. El libro aborda la gestión de Luis Rubiales, sobre todo centrado en los Supercopa Files, que fue esa negociación poco transparente que hizo de la mano de Gerard Piqué para venderle una parte del fútbol español a los árabes. Aunque en lo que me centro es en la deslocalización de nuestro fútbol, en una forma de expolio. El fútbol es un patrimonio que nace con la vocación de los fundadores de los clubes para crear algo en lo que sentirse representados, arropados, identificados, formar parte de ello, y los nuevos dirigentes del fútbol moderno no tienen el derecho de arrebatarle eso al hincha.

Lo que tiene que ver con Florentino se centra más en la cuestión del relato. En la investigación que nos permitió dar con esos audios, que muestran cómo encara su relación con los medios de comunicación, y ahí se pudo poner de relieve que el presidente del Real Madrid es un hombre que en sus conversaciones se jacta de controlar lo mediático.

«Es una denuncia contra quienes pretenden homogeneizar el fútbol»

Algunos clubes, como el Atlético de Madrid, cambiaron sus símbolos (escudo, estadio, etc.) sin consultar a su masa social. ¿Cómo se ha llegado a una división entre directiva y afición?, ¿es posible una reconciliación?
Sí, sin duda. Eso tiene muchas explicaciones, y yo creo que también muchos diagnósticos negativos. Lo primero es el precio de las entradas. Alguien sentía como suyo su equipo, y como suyo el estadio, se le explicaba una serie de códigos que la televisión no transmite y que se pierden. Si pones las entradas a 90 euros la más barata, es prácticamente imposible que eso se pueda seguir haciendo, porque has convertido el fútbol en un producto de lujo cuando los estadios eran lugares de empoderamiento popular.

Respecto a lo que está pasando en los últimos días, en cuanto a la venta de entradas y el tratamiento a las aficiones visitantes, yo entiendo que cada uno tiene su manera de entender el fútbol. La que yo defiendo en el libro es un respeto a las aficiones visitantes. Desgraciadamente, en España las aficiones visitantes son sistemáticamente maltratadas por las instituciones y por los clubes anfitriones. Se les cede casi siempre el peor lugar del estadio, los precios de las entradas son abusivos y el tratamiento de las autoridades es indigno.

¿Qué opina de la subida progresiva en el precio de las entradas y el reparto de estas?
Una persona de 20 años, en España, no se puede plantear si tiene que pagar 90 euros para ver un partido normal de Primera División. Es absolutamente inaceptable. Estamos cortando el vínculo, estamos desarraigando el fútbol de los entornos que lo explican, de sus barrios, de sus ciudades, incluso de su país. Creo que la experiencia de sentir, de vivir la pasión por tu equipo en un estadio es algo incomparable con nada. Y si no lo vives no sabes lo que es eso.

«Han convertido el fútbol en un producto de lujo»

¿Qué papel tiene el aficionado en la actualidad?, ¿qué está en su mano para frenar los intereses del fútbol como negocio?
El tipo de aficionado que se reivindica en el libro es una persona que no acude al estadio en calidad de cliente, sino que acude en calidad de seguidor. Yo siempre voy al estadio pensando en qué es lo que puedo hacer yo por esos 11 jugadores que están sobre el césped, y no al revés, porque considero que yo formo parte de ese espectáculo. Es decir, yo no soy un espectador, soy un hincha, soy parte de lo que está sucediendo.

En su libro, afirma que el fútbol es un patrimonio cultural y que se debe proteger, ¿cómo puede salvaguardarse?
El fútbol es un patrimonio cultural, estético, identitario, familiar, de las ciudades que los explican y de las rivalidades que se forjaron a lo largo de muchísimos años de experiencia. El fútbol tiene que ver más con conceptos como comunidad que como negocio. Y este libro parte con la vocación de poner encima de la mesa ese otro relato que merece la pena que gane espacio en los medios de comunicación.

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