Muere Almudena Grandes

La escritora madrileña, considerada insignia de la literatura española, ha fallecido a los 61 años, a causa de un cáncer

La autora de "Las edades de Lulú" ha fallecido a los 61 años, por culpa de un cáncer.

Ha muerto. Se ha ido. Almudena Grandes, autora de numerosas novelas, entre las que se destaca Las edades de Lulú por ser su bautismo dentro del mundo de los libros, ha fallecido a los 61 años, debido al cáncer que padecía desde hace unos meses. La escritora madrileña fue despedida por centenares de personas, el 3 de diciembre, junto al cementerio de La Almudena, acompañada de cánticos y ofrendas de los entristecidos lectores que quisieron darle un último adiós.

Conocida por ser un símbolo de la ideología izquierdista en España, Almudena Grandes ha sido durante más de tres décadas la representación de que la literatura es capaz de oponerse a las tendencias políticas. Con su primera novela y su despliegue de alas, consiguió, no obstante, demostrar que las palabras no son más que las ideas que las personas hacen con ellas. El periodista José Antonio Zarzalejos ha destacado la honradez de Grandes y la admiración que mostraba hacia distintos estilos que contrastaban rotundamente con el suyo. Además, ha pedido que “no se le reduzca a un estereotipo del que ella fue incapaz de desprenderse”.

Y es que su prosa, pese a variar con el tiempo, deslizándose entre el erotismo, la fragilidad personal y la historia de España, pasando también por los cuentos infantiles y por las novelas de los artículos que asiduamente escribía para El País, estaba encadenada a la imagen que la sociedad había construido sobre ella. Una imagen de fuerza.

A pesar de que en su entierro público predominasen las banderas republicanas y las del Atlético de Madrid, sus allegados aseguran que los lectores de Almudena Grandes no eran radicales socialistas, sino gente de todas las ideologías. En el acto sobresalieron las figuras de Pedro Sánchez y miembros del Gobierno que, junto con otros como Pedro Almodóvar o Joaquín Sabina, se congregaron con el objetivo de hacer ver que el legado de Grandes sería eterno. Almodóvar afirmó que le hubiera gustado hacer un proyecto con ella hablando de la Guerra Civil, terreno donde la autora “era la más cualificada de las letras españolas”.

Al son de algún tema de Sabina, que era el que más le gustaba, y alzando sus ejemplares al viento, los admiradores pudieron desearle un buen viaje a la autora y llorar las lágrimas que posiblemente, leyendo sus obras, ya habían derramado.

Después de expresar sus condolencias, varios compañeros de profesión y políticos le dedicaron una pequeña elegía -por su pérdida-, pero también una oda -por su maestría-. Se produjo así una síntesis del dolor y gloria de la novelista. Una apoteosis.

Póstumamente, comenzó el debate de los derechos que correspondían a la autora. Tras una votación para que Grandes fuera nombrada hija predilecta de Madrid, la oposición de PP, Vox y Ciudadanos fue suficiente para impedirlo. Sin embargo, sí hubo mayoría para que una calle recibiera su nombre.

Escribió Almudena Grandes, en boca del protagonista para su padre, en El corazón helado: “No existe consuelo frente a la muerte, pero a él le hubiera gustado que le enterraran en una mañana como esta, tan parecida a aquellas que escogía para montarnos a todos en el coche y llevarnos a Torrelodones a comer”. En Madrid, hacía frío, soplaba una brisa pasajera, pero el cielo estaba teñido de un profundo azul celeste. Es posible que a Almudena le hubiera gustado que la enterraran en una mañana como esa. Cerca de los suyos, siendo recordada.