Manuel Vilas: “Cuanto más rica es una sociedad, más lectores hay”

Manuel Vilas, escritor y ganador de la última edición del Premio Nadal, cuenta en una entrevista con Mirada 21 cómo ha sido su carrera profesional como novelista y dónde se esconde el poder de la literatura

Manuel Vilas, finalista del Premio Planeta 2019 y ganador del Nadal en 2023, analiza sus recientes éxitos y la situación literaria en España. Foto: Twitter @granvilas

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) fue finalista del Premio Planeta 2019 con su novela Alegría. En enero de 2023, ha sido galardonado con el Premio Nadal por su obra Nosotros. El autor de Ordesa, Los besos y Una sola vida relata cómo ha combinado su trayectoria en la literatura con la docencia, así como el valor y progreso de los libros en España, la dificultad para ser escritor en la actualidad y el talento que hace falta para llegar al corazón de los lectores.

Estudió Filología Hispánica en Zaragoza, la mayor parte de su vida se ha dedicado a la enseñanza de Filología y Literatura, la docencia en colegios e institutos… ¿cómo valora esa etapa de su vida?

La época en que me dediqué a la enseñanza casi me resulta muy lejana en el tiempo. Tuve la ocasión de ver cómo eran las generaciones jóvenes españolas. Guardo un buen recuerdo, aunque algo distante. Fueron muchos años, y eso me dejó ver cómo iba a ser el futuro. Los chicos y chicas a quienes yo daba clase iban a ser los futuros ciudadanos españoles. Sin embargo, yo debería haberme dedicado antes a la literatura porque esa no era mi verdadera vocación.

Luego, escribe Ordesa, y al año siguiente queda finalista del Premio Planeta, ¿es ahí cuando verdaderamente se alza como escritor?

No. Antes, mucho antes. Desde los 40, 35 años, ya consideraba que mi vida era la literatura. Desde el punto de vista económico, sin embargo, sí es cierto que me dediqué a la literatura un poco más tarde.

Hoy en día, en un momento en el que tantos libros se publican y muy pocos llegan a ser conocidos, ¿qué opina de que sea tan difícil ser escritor?

Bueno, era peor antes. Las sociedades que tienen un mejor crecimiento económico y mayor prosperidad son las que tienen más posibilidad de que los escritores se dediquen a la literatura. Cuanto más rica es una sociedad, más lectores hay, y, por tanto, más literatura se va a publicar. España, a partir de los años 80 y 90 del siglo pasado, ya era un buen mercado editorial. Por eso, creo que es más fácil dedicarse a la literatura ahora que hace 50 o 60 años. A mí me parece que un escritor debe intentar vivir de su trabajo. A veces, esto es dificultoso, pero cada día hay más escritores profesionales.

Se le ha asociado a ser un símbolo por representar sentimientos o situaciones que otros no eran capaces de explicar. En un libro cuenta la anécdota de cómo su padre era el primero en llegar por la mañana a la playa, con el objetivo de aparcar en un sitio con sombra. Esto lo hacían muchas personas, pero usted fue el primero que lo reflejó en su texto. Tiene la habilidad de acordarse y tocar con delicadeza el corazón de sus lectores, ¿cómo lo hace?

Ese es un fragmento de Ordesa, que es mi novela más leída. Esa novela contaba los entresijos familiares de la clase media española de los años 60 y 70 del siglo pasado. Al contar esa historia, de un padre y una madre, miles de lectores se sintieron identificados con la narración. Cuando un escritor cuenta algo y los lectores se sienten representados y se sienten parte de ese mundo, es cuando se produce el fenómeno de la literatura, que es fundamentalmente un fenómeno de comunicación. Tú lees una novela y te identificas como ser humano y, automáticamente, se produce una complicidad con el escritor; se produce una comunicación importante y es en ese momento cuando escritor y lector se encuentran menos solos. Yo no soy un símbolo de la literatura, muchos escritores hacen esto también. En la literatura, se llega a que las emociones compartidas se encuentren. Compartir la vida, compartir los pensamientos y, por tanto, sentirse más acompañados en el hecho de vivir.

Escribió en Ordesa que, una noche en un bar, se encontró con Perico Fernández, el que fue campeón del mundo de boxeo en su época. Y, con cierta chispa, expresó que usted también era una suerte de campeón del mundo.

No, ja, ja, ja. Para nada soy un campeón del mundo. Mis libros son muchas veces irónicos. Me encontré con Perico Fernández en Zaragoza. Él fue campeón mundial de boxeo en 1974. Ese es un pasaje de mezcla entre tragedia y comedia. Siempre hay cierta ironía en mis libros. Siempre hay ironía.

¿Cómo consigue combinar esa tragedia y comedia, ironía y sensibilidad?

Es como una mirada sobre la vida, una mirada compasiva, una mirada con mucho amor, con deseo de comprender a los demás, que eso está muy presente en Ordesa. A través de ese deseo, nace la mirada y la forma de unir lo trágico y lo cómico.

¿Cómo llega al punto de transmitir lo que transmite, mezclando literatura, psicología y filosofía?

Pues eso es un poco el taller del escritor. Son muchos años de escritura, que te llevan a mezclar filosofía, pensamiento, literatura… Ese es el misterio de la literatura. No sabría describirlo, no creo que encuentres ningún escritor que te sepa explicar muy bien cómo definir eso. Tiene que ver mucho con la intuición, con aquello que se llamó la inspiración, con los duendes, la fantasía… Es un terreno muy difícil de entender.